Animales

El amor entre gatos y hombres viene de lejos

Por Redacción National Geographic

Parece que los gatos domésticos son descendientes de los gatos monteses, aunque lo que nunca se ha sabido con certeza es precisamente cuándo se convirtieron en «domésticos». La prueba más antigua de relación entre gatos y hombres fue el hallazgo de un gato montés enterrado con un humano en Chipre hace unos 9.500 años. Además, como ya sabemos, los egipcios los tenían en buena consideración, los domesticaban e incluso les administraban tratamiento médico hace unos 4.000 años.

Para la elaboración de su nuevo estudio, un equipo de investigadores ha estudiado los huesos de gatos de 5.300 años encontrados en la aldea de Quanhucun, en China, y han determinado que coinciden con los de los gatos domésticos modernos, afirmando incluso que es posible que hubieran sido alimentados por el hombre. 

Durante el periodo Yangshao en China, los granjeros de esta aldea cultivaban mijo y domesticaban cerdos y perros. Esta actividad agrícola atraía a muchos roedores, que se alimentaban del grano almacenado.

De hecho, los científicos encontraron en la zona madrigueras que conducían a los puestos de almacenaje, y el hallazgo de unos recipientes de cerámica que muestra el esfuerzo de los humanos para excluir a los roedores de las reservas de granos. Todo esto pone de manifiesto que los gatos tenían mucho trabajo que hacer y que a los granjeros les interesaba enormemente su ayuda.

La dieta de los felinos también ha ofrecido pistas sobre su relación con los hombres. El análisis químico de los huesos mostró que uno se había alimentado básicamente de mijo, lo que sugiere que buscaba comida entre los humanos o que éstos lo alimentaban, y que otro había vivido hasta una edad avanzada, por lo que probablemente estuvo bien cuidado y alimentado.

Según el estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, «los resultados indican que los gatos desempeñaron distintos roles en el asentamiento, fueron desde cazadores hasta mascotas». 

En cualquier caso, el beneficio parece que fue mutuo: los granjeros contaban con un exterminador de roedores para proteger sus cosechas y los gatos conseguían alimento gratis (y probablemente alguna caricia entre ratón y ratón).

 

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