Animales

El cambio climático amenaza la supervivencia de los pingüinos en la Antártida

Por Redacción National Geographic

4 de julio de 2016

Los pingüinos adelaida (Pygoscelis adeliae) han sobrevivido en la Antártida durante casi 45.000 años, adaptándose a las expansiones glaciares y a las fluctuaciones del hielo en el mar, provocadas por milenios de alteraciones en el clima. Los pingüinos han resistido todos estos cambios, pero un estudio realizado por científicos de la Universidad de Delaware sugiere que los climas únicos del siglo XXI pueden suponer una amenaza para la existencia de muchas de las colonias en este continente.

El estudio, publicado en la revista Scientific Reports y dirigido por la oceanógrafa Megan Cimino, ha demostrado que hasta el 60% del hábitat actual de los pingüinos adelaida en la Antártida podría no ser habitable para las colonias de esta especie a finales de siglo.

El pingüino Adelaida es una de las dos especies de auténticos pingüinos de la Antártida –la otra es el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri)– y vive en prácticamente la totalidad del continente. Los pingüinos anidan en tierra durante el verano austral (es decir, del hemisferio sur), y migran durante el invierno hasta las orillas heladas, donde pueden alimentarse en el mar

Usando una combinación de datos procedentes de estudios de campo e imágenes de alta resolución tomadas por satélite, los investigadores pudieron reconstruir 30 años de historia de las colonias de pingüinos, desde 1981 a 2010, en los emplazamientos que rodean la Antártida. Cuando observaron los datos anuales, los científicos identificaron tendencias poblacionales en cada colonia para el periodo completo de 30 años.

Los científicos advirtieron tendencias divergentes en los diferentes asentamientos. Algunas colonias, como la de Palmer Station –un centro de investigación estadounidense en el norte de la Antártida– habían experimentado una disminución en la población de hasta el 80%. Otras colonias eran más estables, y algunas se encontraban en crecimiento. 

De hecho, las colonias que habían experimentado un decrecimiento de la población durante el periodo de estudio se encontraban normalmente en lugares que experimentaban climas nuevos o condiciones climáticas que se encontraban fuera del registro histórico de observaciones.

Los investigadores utilizaron modelos estadísticos para derivar una relación entre las tendencias poblacionales de las colonias y el clima, representado por la temperatura de la superficie del mar y la concentración de hielo marino. Esta relación se incorporó en proyecciones climáticas futuras para estimar la calidad del hábitat de los pingüinos a final de siglo.

El impacto climático específico

Muchos investigadores de la Antártida creen que el cambio climático afectará a los pingüinos principalmente por dos vías: la calidad y la disponibilidad de alimento y de hábitats para anidar

La temperatura cada vez mayor de los mares podría reducir la abundancia de las presas de los pingüinos, lo que alteraría la composición de la dieta de estas aves.

Cimino explicó la amenaza al suministro de alimentos de los pingüinos Adelaida: “los cambios de la temperatura del hielo y del mar pueden provocar alteraciones en el krill y los peces que forman parte de su dieta. En algunas áreas, la población de peces ha disminuido en grandes cantidades, así que en esas áreas su principal alimento es el kril. En otras zonas, los pingüinos comen más pescado, que es una fuente de alimento mucho más nutritiva”.

El cambio climático también podría reducir la calidad de muchas zonas de anidación, provocando alteraciones en el tiempo atmosférico a nivel local. El clima de la Antártida es generalmente frío, seco y crudo, pero el calentamiento podría producir lluvias o derretir de forma prematura las nevadas, creando charcos en el suelo.

Según Cimino, esto sería una mala noticia. “Para los pingüinos que ponen sus huevos sobre el suelo, la lluvia y los charcos serían perjudiciales ya que los huevos no pueden sobrevivir cuando se encuentran sobre una piscina de agua. Los polluelos que no tienen plumas impermeables pueden mojarse y morir de hipotermia”.

David Ainley, un biólogo que trabaja con la empresa consultora de ecología HT Harvey & Associates, confirmó la solidez de las pruebas presentadas por el estudio respecto a los descubrimientos que se han realizado en el pasado. Sin embargo, ha recordado que la pérdida de hielo marino puede suponer un riesgo todavía mayor que el aumento de la temperatura de la superficie del mar

“El pingüino Adelaida es un animal que depende directamente del hielo marino y solo vive en condiciones óptimas cuando hay hielo en el mar durante una buena parte del año… En los lugares del norte de la península antártica en los que el hielo está desapareciendo, también desaparece el pingüino Adelaida”. 

¿Un atisbo de esperanza?

A pesar de esta nefasta predicción para el futuro, Cimino y sus colegas han encontrado un resquicio de esperanza en su estudio. A pesar de que las proyecciones no pintan bien para los pingüinos de las latitudes más septentrionales, el estudio identificó varios refugios en los que las colonias de pingüinos siguen en aumento.

Los refugios climáticos son lugares en los que los animales pueden sobrevivir durante periodos de clima adverso, santuarios en los que pueden vivir a salvo en un mundo que de otra forma sería inhabitable para ellos. 

Ante el calentamiento global, los pingüinos Adelaida podrían encontrar un refugio en los mares de Ross y Amundsen. Se cree que estas áreas ya habían sido refugios glaciales en el pasado, y las proyecciones climáticas sugieren que podrían volver a serlo en el futuro

Debido a la naturaleza inconexa de la política en la Antártida –30 países cuentan con estaciones de investigación en el continente, y 7 naciones mantienen reivindicaciones territoriales– será difícil alcanzar una gestión coherente de los recursos

Cimino cree que es necesario priorizar la conservación en lugares que podrían servir de refugio a los pingüinos durante etapas de cambio climático. Las acciones específicas podrían pasar por el establecimiento de zonas marítimas protegidas y restricciones de pesca en torno a los posibles refugios

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