Animales

Foca peletera

te, que se encuentra en las heladas aguas de los mares septentrionales, fue cazada hasta el borde de la extinción durante el siglo XIX. Estos animales quedaron protegidos por ley en 1911, y posteriormente sus poblaciones se recuperaron hasta llegar a casi

Por Redacción National Geographic

5 de septiembre de 2010

Existen numerosas especies de foca peletera, llamada así por su fina piel, que la hace tan atractiva a los cazadores. La gran foca peletera del norte, que se encuentra en las heladas aguas de los mares septentrionales, fue cazada hasta el borde de la extinción durante el siglo XIX. Estos animales quedaron protegidos por ley en 1911, y posteriormente sus poblaciones se recuperaron hasta llegar a casi un millón y medio de ejemplares.

Hay ocho especies de foca peletera del sur, todas ellas más pequeñas que sus parientes del norte. Entre ellas se encuentran la foca peletera de Guadalupe, en Baja California, la foca peletera sudafricana y la foca peletera australiana.

La foca peletera tiene un agudo sentido de la vista y del oído. Al contrario que la foca vitelina o la foca de Weddell, la foca peletera tiene las orejas pequeñas.

Aunque respiran aire, las focas se sienten como en casa en el agua y pueden permanecer en el mar durante semanas seguidas alimentándose de peces, calamares, aves y krill. Las focas peleteras nadan en solitario o en pequeños grupos.

Al llegar la temporada de cría, sin embargo, estos animales sociales se congregan en la costa en grandes multitudes. Los poderosos machos marcan territorios y forman harenes de hasta 40 hembras, combatiendo con sus rivales para establecer su dominio. Durante esta temporada las zonas costeras se llenan de rugidos, gruñidos y chillidos de focas .

Las hembras dan a luz durante la temporada de cría y vuelven a aparearse a los pocos días. Al siguiente año regresarán al mismo sitio a dar a luz a una única cría tras un embarazo de casi un año, y volverán a aparearse para continuar el ciclo.

Muchas poblaciones de focas peleteras no se han recuperado de los efectos de la sobre caza y afrontan ahora nuevas amenazas derivadas del cambio climático y de la pesca excesiva, que puede reducir el número de sus presas.