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Pangolín liberado en Vietnam

Pangolín liberado en Vietnam

13 de diciembre de 2016

Por Rachel Nuwer

Un pangolín saca poco a poco la nariz de un transportín para mascotas, olisqueando la humedad nocturna. Por delante, la libertad: un bosque lleno de helechos y enredaderas en Vietnam central, remoto y patrullado día y noche por rangers anti-caza furtiva. Pero, incapaz de aceptar lo que ven sus ojos, el animal se queda en el sitio. Y pasan los minutos. Finalmente, muy despacio, va desplegando su compacto cuerpo y sigiloso se tambalea hacia la oscuridad sin mirar atrás.

El pasado 14 de noviembre, en el acontecimiento más importante para los pangolines, este y otros 45 ejemplares a los que se había rescatado de los traficantes, fueron puestos en libertad en una reserva de la frontera entre Vietnam y Laos (sin concretar dónde para evitar que los cazadores ilegales puedan tomar represalias). Mientras que para estos pangolines lo peor ya ha pasado, no hay garantías de que no vayan a acabar otra vez en el mercado ilegal de fauna.

“Estoy muy orgulloso de este logro, pero somos conscientes de que ningún lugar está 100 por cien a salvo de los cazadores ilegales” cuenta Thai Van Nguyen, fundador y director de Save Vietnam’s Wildlife, la organización sin ánimo de lucro que coordinó esta acción. “Siempre nos preocupa que los animales puedan volver al mercado ilegal”, afirma. “Si les atrapan otra vez entonces no significará nada que les hayamos rehabilitado y soltado”.


En peligro de extinción

También conocidos como osos hormigueros con escamas, las ocho especies de pangolines que existen están repartidas entre África y Asia. De temperamento frío y apariencia extraña, todos están amenazados por el comercio ilegal, debido a la gran demanda de sus escamas para uso medicinal en China y Vietnam, y su carne, considerada un manjar. Al no tener disponible un censo con el número exacto, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el organismo encargado del estado de conservación de las especies, fija los pangolines como una especie vulnerable y posiblemente en peligro crítico.

La mayoría de los pangolines que Nguyen y sus colaboradores soltaron en libertad esta semana, fueron descubiertos en septiembre, empaquetados en cajas de hielo en el maletero de una camioneta al norte de Vietnam. De los 61 que la policía incautó, 12 murieron a causa de la conmoción y las heridas, y muchos están aún recuperándose en las instalaciones de Nguyen – el único centro de recuperación capaz de ocuparse de estos animales en Vietnam.

Los demás han sido liberados, los más afortunados – sin embargo sólo representan una gota dentro del mar que es el comercio ilegal. Se estima que el mercado negro se ha llevado en la última década a más de un millón de pangolines, haciendo que sea la especie de mamíferos con la que más se trafica del mundo.

En septiembre la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, el organismo que que regula el comercio de fauna y flora a nivel internacional -incluyendo entre sus países a Vietnam-, catalogó a los pangolines con el máximo nivel de protección global. La legislación de Vietnam también protege a estos animales, aunque el país sigue siendo un gran consumidor de carne de pangolín y traficante de este animal hacia China.

Somos conscientes de nuestra función y responsabilidad en el control del comercio ilegal de fauna y flora”, afirmaba la vicepresidenta de Vietnam, Dang Thi Ngoc Thinh, en Hanoi al comienzo de la conferencia de dos días sobre comercio ilegal de fauna y flora. El encuentro, celebrado en más de 40 países, contó con la asistencia del Príncipe Guillermo de Inglaterra que declaró que “si no se implementan medidas responsables lo antes posible, las generaciones futuras no tendrán ocasión de disfrutar de toda la flora y la fauna que tenemos ahora”.


Palabras vacías

Vietnam ha expresado en múltiples ocasiones su compromiso, tanto hablado como escrito, para combatir el crimen contra la fauna y la flora, pero las medidas sobre el terreno han tardado en llegar. Según varios estudios realizados por Education for Nature-Vietnam (ENV), una organización sin ánimo de lucro de Hanoi, entre 2010 y 2016 no se ha arrestado ni juzgado a ningún criminal, a pesar de tener pruebas de quienes son estos traficantes.

“Ir a por los peces pequeños no ayuda a dificultarles el negocio del comercio ilegal de flora y fauna”, dice Bui Thi Ha, el vicepresidente de ENV. “Hasta que no se arreste y juzgue a los peces gordos de estas redes de crimen organizado, la percepción pública seguirá siendo que los cabecillas pueden actuar por encima de la ley”.

Estas carencias salieron a la luz en Hague, Países Bajos, el 14 y 15 de noviembre de este año, cuando la ONG Wildlife Justice Commission, formada por expertos en justicia penal, celebró una audiencia pública en la que señalaba el fracaso de Vietnam en el cumplimiento de sus promesas para acabar con el comercio ilegal.

La investigación llevada a cabo principalmente en Nhi Khe, una ciudad al lado de Hanoi, reveló la cantidad de productos de fauna salvaje ilegales que se vendían, incluido un cuerno de rinoceronte tasado en unos 39 millones de euro, así como considerables cantidades de marfil, productos que provenían de la caza de tigres, y otras mercancías de animales ilegales. Según las conclusiones, la corrupción y el desinterés de los políticos son las principales causas de que se perpetúe el comercio ilegal.

En agosto, la comisión publicó la última evidencia que había recabado sobre el gobierno vietnamita, a la que no ha seguido ninguna acción. Los funcionarios vietnamitas rechazaron la invitación a asistir a la lectura en Hague, y en su lugar enviaron a un observador.

“Este año han realizado numerosas declaraciones, pero las promesas deben materializarse en acciones”, cuenta Olivia Swaak-Goldman, la directora general de la comisión. “Hay que recordar que mientras se celebra la conferencia en Hanoi sobre comercio ilegal de fauna y flora, a sólo 20 kilómetros de allí se encuentra Nhi Khe, uno de los puntos estratégicos de trafico de fauna salvaje”.


En primera persona

Incluso siendo extranjero, sigue siendo muy fácil obtener productos ilegales de este tipo en Vietnam. La noche antes de la liberación de los pangolines, me paré delante de un lujoso restaurante en el centro de la ciudad de Ho Chi Minh. En el menú no se ofertaba ninguna especie protegida, pero cuando un amigo que habla vietnamita preguntó si era posible pedir estas especies, el gerente en seguida nos ofreciópangolín, a 554 euros medio kilo

Disponía del animal fuera del restaurante, pero nos contó que si pagábamos podría tener un pangolín vivo en el restaurante en 30 minutos. Para asegurar la calidad del producto y que era fresco, le cortarían la garganta delante de nosotros. El gerente nos explicaba que “los pangolines son tan caros porque quedan pocos en Vietnam hoy en día. Todos se cazan en estado salvaje”.

Nos ofreció civeta como opción más económica, otra especie protegida por la ley, a 203 euros medio kilo. Mientras el gerente intentaba cerrar el trato, uno de los camareros sacó una bolsa de red amarilla que contenía un animal parecido a una mezcla entre gato y mapache, que luchaba en silencio. “Se enamorarán de su sabor nada más probarlo”, nos aseguraba. Preferimos comer tallarines.

No obstante, antes de irnos nos dio su tarjeta, por si cambiábamos de opinión sobre el pangolín.

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