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Un avestruz macho y una hembra cortejándose en la Reserva Nacional de Masai Mara (Kenia)

Un avestruz macho y una hembra cortejándose en la Reserva Nacional de Masai Mara (Kenia)

Por Yva Momatiuk y John Fascott, Minden Pictures/National Geographic Creative

1.Las grandes aves no vuelan

Los ratites, un grupo de aves no voladoras, incluyen a los emúes y avestruces africanos, a los casuarios y a los kiwis, así como a los ñandúes de Darwin y los ñandúes comunes de Sudamérica. 

Todos los ratites carecen de quilla, una extensión del esternón en la que se insertan los músculos que utilizan para volar, explica Rebecca Kimball, bióloga evolutiva en la Universidad de Florida. 

Kimball es coautora de un estudio de 2008 que demuestra que los ratites probablemente perdieron la capacidad de volar de forma independiente los unos de los otros, en vez de perderla antes de llegar a sus diversas localizaciones mediante la deriva continental, como se pensaba antes.




Volar es una buena forma de evitar a los depredadores, pero tiene un “alto coste energético”, explica Kimball. Así que los ratites tienen otra estrategia de supervivencia: crecer mucho para que menos animales puedan comérselos.

El pájaro vivo más grande del mundo es el avestruz, un poderoso corredor que puede alcanzar alturas de entre 2 y 3 metros. Los emúes miden entre 1 y 2 metros de largo, y los casuarios y ñandúes comunes no están muy por detrás.

El pequeño kiwi, en cambio, mide unos 45 centímetros, probablemente porque evolucionó en Nueva Zelanda, sin depredadores en su tierra nativa.




2.Los padres cuidan de las crías

En muchas especies de ratites, el macho es el responsable del cuidado de las crías.

“En todas las especies de ratites, son solo los machos quienes cuidan a los polluelos e incuban los huevos, exceptuando los avestruces y los kiwis”, cuyas hembras también se encargan de los pequeños, explica Patricia Brennan, bióloga de la Universidad de Massachusetts en Amherst.

En muchas especies de aves son ambos padres los que se encargan de criar a sus polluelos, “mientras que el cuidado principalmente por parte de los machos es extraño”, afirma Brennan.

Pero en todos los ratites, aparte de los avestruces, es el macho quien cuida de su descendencia. En el caso de los avestruces, cada macho tiene una hembra que se turna con él para incubar los huevos, aunque otras hembras ponen sus huevos –que pueden ser de machos diferentes–, en el mismo nido. 

Así que la “idea de que los machos realmente necesitan estar seguros de su paternidad antes de proporcionar cuidados no es necesariamente algo universal”, dice Brennan, que ha estudiado este comportamiento en uno de los parientes de los ratites, el tinamú mayor de Sudamérica.




Además, tener varios huevos en un mismo nido supone una ventaja, “ya que un depredador no puede robarlos todos, así que algunos podrían sobrevivir”, explica Brennan.

Así que asumiendo la protección y la incubación de las que podrían ser las crías de otros machos, el macho guardián está protegiendo también a su propia descendencia.

Y hablando de huevos, los de los kiwis son relativamente enormes: pueden llegar a alcanzar hasta una quinta parte del peso corporal de la hembra (un kilogramo). Eso sería como si una mujer humana de 59 kilos diera a luz a un bebé de 12 kilos.

La parte buena, según Kimball, es que los polluelos son capaces de cuidar de sí mismos una vez eclosiona el huevo.




3.La anatomía de los machos

Los ratites y los tinamúes se encuentran dentro del escaso 3 por ciento de aves en las que los machos tienen penes

Pero este órgano en las aves es extraño, ya que sus penes contienen un fluido corporal llamado linfa, en vez de sangre, explica Brennan. 

Por ejemplo, los avestruces tienen “penes muy densos y colagenosos” que los machos empujan fuera de una cavidad corporal para aparearse, afirma Brennan, que lideró un estudio sobre este sistema alimentado por linfa en los avestruces.

Brennan comenzó a investigar la anatomía masculina tras observar cómo un tinamú se apareaba en estado salvaje, y se dio cuenta de que el macho tenía pene, órgano que había confundido inicialmente con un parásito.

La razón por la que otros grupos de aves han perdido sus penes no se conoce, pero “las aves son el único grupo de animales en el que se dio este fenómeno”, explica Brennan. 


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