Animales

Serpiente voladora

Por Redacción National Geographic

5 de septiembre de 2010

La imagen de una serpiente que vuela parece sacada de una pesadilla (o de algunas películas de Hollywood), pero en las selvas del sur y el sudeste asiático es una realidad.

El nombre de serpiente voladora mueve a engaño, ya que estos animales en realidad no ganan altitud, aparte de la que alcanzan impulsándose con fuerza hacia arriba. Lo que hacen es planear: utilizan la velocidad de la caída y las contorsiones de su cuerpo para atrapar el aire y generar un impulso ascendente.

Se pensaba que estos animales tenían más de paracaidistas que de planeadores, pero recientes estudios han revelado complejos detalles acerca de cómo estas criaturas con forma tubular y carentes de extremidades convierten una caída en picado en una sesión de pilotaje. La serpiente voladora se prepara para el despegue deslizándose hasta el extremo de una rama y colgándose de ella con el cuerpo en forma de J. Entonces se impulsa hacia fuera con la parte inferior del cuerpo, toma rápidamente la forma de una S y se aplana hasta casi el doble de su anchura normal, dando a su cuerpo, habitualmente redondeado, forma cóncava de C, lo que le permite atrapar el aire. Mediante movimientos ondulantes hacia adelante y hacia atrás, la serpiente es capaz de realizar giros. Técnicamente, las serpientes voladoras planean mejor que su equivalente entre los mamíferos, la más conocida ardilla voladora.

Existen cinco especies reconocidas de serpientes voladoras, que se encuentran desde el oeste de la India hasta el archipiélago de Indonesia. No se sabe mucho sobre su comportamiento en libertad, aunque se cree que son esencialmente animales arborícolas y que rara vez bajan al suelo. Las especies más pequeñas miden unos 60 centímetros de largo y las más grandes sobrepasan el metro.

Su dieta varía según el territorio, pero se sabe que se alimentan de roedores, lagartos, ranas, pájaros y murciélagos. Aunque son medianamente venenosas resultan inofensivas para el ser humano por tener los dientes pequeños y situados en la parte trasera de la boca.

Los científicos desconocen con qué frecuencia y por qué exactamente vuelan estos ofidios, pero lo más probable es que hagan uso de sus acrobacias para escapar de depredadores, para pasar de un árbol a otro sin tener que bajar al suelo de la selva, e incluso posiblemente para cazar presas.

Una especie, la serpiente arborícola listada, parece ser escasa en su territorio, pero por lo demás las serpientes voladoras abundan bastante y no tienen asignado un estatus especial de conservación.