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Esta imagen microscópica obtenida por TAC muestra un tumor en el hueso del dedo del pie de un homínido

Esta imagen microscópica obtenida por TAC muestra un tumor en el hueso del dedo del pie de un homínido

Por Patrick Randolph-Quinney, UCLAN

En la región sudafricana conocida como “La Cuna de la Humanidad”, un área rica en fósiles, un equipo de científicos ha encontrado el caso más antiguo que se conoce de una de las enfermedades más mortales del planeta.

Mediante escáneres en 3D, los investigadores han diagnosticado un cáncer muy agresivo conocido como osteosarcoma en el hueso del dedo del pie de un pariente humano que murió en la cueva de Swartkrans, con una antigüedad de entre 1,6 y 1,8 millones de años.

El descubrimiento –publicado recientemente en el South African Journal of Science–, sugiere que, aunque el estilo de vida moderno ha incrementado la incidencia del cáncer especialmente en los países industrializados, los factores desencadenantes de esta enfermedad se encuentran profundamente integrados en el pasado evolutivo del ser humano.

“Puedes optar por la dieta paleo, puedes vivir en un medio tan limpio como quieras, pero la capacidad para contraer estas enfermedades es antigua y se encuentra dentro de nosotros sin importar lo que hagamos”, explica el co-autor del estudio, Edward Odes, de la Universidad de Witwatersrand.




La amenaza fantasma

El origen exacto del cáncer siempre ha sido un tema de debate debido, en parte, a la escasez de pruebas históricas. La referencia más antigua a esta enfermedad se atribuye al gran físico egipcio Imhotep, que vivió en torno al 2.600 a.C. En sus escritos, Imhotep describe una aflicción caracterizada por “una masa protuberante en el pecho” que era resistente a todas las terapias conocidas entonces.

Pero los textos más antiguos tienen poco que ofrecer acerca de la enfermedad y no se han registrado descripciones anatómicamente precisas sobre los tumores malignos antes de finales del siglo XVIII

El argumento más probable que explica por qué el cáncer parece ser relativamente un recién llegado dentro de los registros históricos es que la mayor parte de los afectados suelen tener 65 años o más, y durante mucho tiempo pocas personas alcanzaban esa edad.

“La civilización no ha causado el cáncer, sino que al extender la esperanza de vida humana, la civilización ha ‘desvelado’ el cáncer”, escribe el oncólogo Siddharta Mukherjee en su libro “The Emperor of All Maladies”.

En 1990, por ejemplo, las autopsias llevadas a cabo a momias peruanas de miles de años de antigüedad revelaron al menos un caso de cáncer en una mujer de aproximadamente 35 años que tenía un tumor maligno en su brazo izquierdo. La masa había crecido tanto que probablemente traspasó su piel mientras todavía estaba viva.


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Pruebas sólidas

La práctica de la momificación solamente se remonta a unos miles de años atrás, mientras que el registro fósil llega a millones de años atrás. Ahora, Odes y sus colegas están seguros de que el hueso de homínido hallado en el yacimiento de Swartkrans cerca de Johannesburgo contiene el caso más antiguo conocido de cáncer.

Mediante un método conocido como micro-CT (microtomografía computarizada), el equipo de investigación estudió imágenes detalladas del interior del fósil en 2 y 3 dimensiones. Las imágenes mostraban diferencias de densidad dentro del hueso y proporcionaron vistas del fragmento desde todas las perspectivas.

El patrón de crecimiento anormal del tejido óseo –incluyendo una apariencia externa muy llamativa, similar a una coliflor- les llevó a diagnosticar un osteosarcoma, enfermedad que actualmente afecta a niños y adultos jóvenes mayoritariamente.

“Comparamos las imágenes”, afirma Odes, refiriéndose al fósil y a la biopsia moderna del espécimen. “Y fue todo un éxito”.

El fósil, un fragmento de hueso de dedo del pie izquierdo, es la única parte del esqueleto que se encontró. No preservaba información suficiente como para determinar a qué especie de homínido pertenecía, si era un adulto o un niño o si el cáncer fue la causa de la muerte.

Pero los científicos sí saben una cosa: el tumor fue extremadamente doloroso, afectando a la capacidad de andar o correr del individuo. 


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Un objetivo cambiante

Además del hueso del dedo del pie con la masa maligna, el equipo analizó otro fósil más antiguo que también tenía un tumor, aunque este era benigno

En otro estudio de la misma revista científica los investigadores describen un crecimiento en la vértebra de un Australopithecus sediba niño de 1,98 millones de años de antigüedad, hallado en el yacimiento de la Cuna de la Humanidad conocido como Malapa, a pocos kilómetros de Swartkrans. Antes de este descubrimiento, el tumor benigno conocido más antiguo se encontraba en la costilla de 120.000 años de un Neandertal encontrado en Croacia.

Los científicos ven el tumor benigno encontrado en Malapa como una prueba más a favor de la existencia de tumores malignos entre nuestros parientes primigenios.

“Un tumor es un nuevo crecimiento de hueso o tejido, que puede pasar gradualmente de benigno a maligno”, explica el paleoantropólogo Patrick S. Randolph-Quinney, uno de los investigadores.

“Para los benignos existen mecanismos que los mantienen bajo control, así que se autolimitan, o pueden alcanzar un tamaño determinado y quedarse así. Pero el cáncer esla extensión de ese proceso de crecimiento sin dichos mecanismos de control”. 

El equipo también ve sus hallazgos como un importante recordatorio de que el cáncer es un objetivo en constante cambio. Nuestro linaje ancestral nos ha dotado de genes que contienen la capacidad de contraerlo, pero la enfermedad se manifiesta de mil formas diferentes cuando estamos expuestos a cambios en nuestro entorno.

Por ejemplo, el cáncer de estómago era más prevalente a finales del siglo XIX, posiblemente porque los agentes carcinógenos se encontraban en los conservantes alimenticios. Hoy en día el cáncer de colon se encuentra en aumento, probablemente debido a las dietas altas en grasas saturadas

El entorno externo moderno está ejerciendo influencia a nuestro entorno histórico interno que nunca antes habíamos encontrado en nuestra historia evolutiva”, concluye Odes.



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