Espacio

El Sol está inusualmente tranquilo ¿se nos avecina otra

Jueves, 16 September

Por Redacción National Geographic

4 de mayo de 2009

Un prolongado período de calma en la actividad solar tiene a los astrofísicos pegados a sus telescopios a la espera de lo que decida hacer el astro rey próximamente y la forma en que el clima terrestre responderá a este fenómeno.

El sol presenta su menor actividad en décadas con la luminosidad más tenue que haya tenido durante un siglo. Este descenso hace pensar a los científicos sobre la posibilidad del advenimiento de otra Pequeña Edad del Hielo, una ola de frío poco habitual en Europa y Norteamérica, que acaeció desde 1300 a 1850.

El período más gélido de la Pequeña Edad del Hielo, entre 1645 y 1715, se ha vinculado a un profundo descenso de las tormentas solares al que se le conoce como el Mínimo de Maunder.

Durante este lapso, el acceso a Groenlandia se obstruyó por el hielo y los canales de Holanda se congelaron totalmente de forma habitual. Los glaciares de los Alpes engulleron pueblos completos y el hielo oceánico aumentó tanto que el agua dejó de fluir alrededor de Islandia en 1695.

Pero los investigadores temen que sus preocupaciones sobre una nueva ola de frío se malinterpreten.

«Los escépticos del calentamiento global saltarían a la palestra» comenta Mike Lockwood, físico solar de la Universidad de Southampton en Reino Unido.

Él y otros investigadores están comprometidos en lo que denominan una «negación preventiva» de que una actividad solar mínima conlleve a un enfriamiento global.

Incluso, si el actual adormecimiento solar marca el principio de una calma prolongada de su actividad, los científicos dicen que los efectos del sol serán nimios en comparación con el impacto climático de los gases invernadero antropogénicos como el dióxido de carbono (CO2).

Hay que tener en cuenta que el CO2 está a un nivel 50 a 60 por ciento por encima de lo normal, mientras que el declive de la radiación solar está algunas centésimas por debajo del uno por ciento», añade Lockwood. «Creo que esto nos ayuda a mantener la perspectiva».

Aún así, continúa Lockwood, las variaciones de la luminosidad del sol serían más potentes que los cambios de los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Por ejemplo, una variación del 50 por ciento en la luminosidad del sol representaría el fin de la vida sobre la tierra.