Jim Richardson es un periodista gráfico reconocido por su exploración de la vida de la gente sencilla. Sus fotos a menudo se publican en la revista National Geographic.
Las ovejas, paciendo acompasadamente, bajan hacia la orilla en Iona, haciendo breves paradas aquí y allá —un mordisco de hierba, un pequeño descanso—y siguiendo su camino. La creciente oscuridad me obligaba a usar una velocidad de obturación que se ampliaba a medida que caía la noche, captando a las ovejas tanto quietas como en movimiento.
Después de contar la historia de cada una de las fotografías publicadas en mi Scottish Hebrides storypara National Geographic, me gustaría compartir con vosotros unas cuantas imágenes que, lamentablemente, quedaron en el suelo del cuarto de montaje. ¿Por qué? Porque me gustaban.
Porque invertí horas muy intensas haciéndolas. Porque merecen algo más que un pequeño rincón de mi disco duro. También porque representan hallazgos de otros fotógrafos a los que he añadido otra capa con mis propios experimentos.
Pero, ante todo, quiero compartirlas porque creo que se lo debo a ellas. No sólo fueron parte de mi vida, sino que también me enseñaron y me ayudaron a ver las cosas de maneras diferentes. Y estas maneras distintas de ver las cosas pasaron a formar parte de mi cerebro, parte de la cadena de mis reacciones químicas, parte del mapa que me sirve para percibir y que se dibuja día a día. En el futuro, cuando vuelva a perderme en las visiones que me ofrece el mundo, podrán servirme de guía.
En cierto sentido, la técnica que empleé en esta fotografía es un trucaje. Pero, visto desde otro punto de vista, supone una manera de ver.
No he inventado yo la pintura con luz, que es la técnica empleada en esta fotografía de las majestuosas piedras de Callanish. La fotografía, al igual que la mayoría de las empresas humanas, se basa en explorar el pasado, ver lo que otros han hecho, aprender de ellos y honrar sus aportaciones dando a conocer sus descubrimientos.
Uno de los fotógrafos de los que más he aprendido es Dave Black. Diría que Dave es como un viejo profesor, de no ser por el hecho de que es más jóven que yo. Pero es el gran maestro de la pintura con luz, del arte de utilizar flashes para tomar fotos en la oscuridad. Lleva surcando este camino desde hace mucho tiempo y lo que ha conseguido crear es alucinante. Echa un vistazo.
Las lecciones aprendidas de Dave estaban en algún lugar de mi subconsciente aquella noche ante las piedras de Callanish. Esta imagen que tomé muestra un patrón de vida y lo hace visible en nuestro cerebro. En este sentido, la fotografía no es un trucaje, sino más bien una ventana hacia otro marco temporal. Me fascinó la forma en que un pequeño flash podía dar vida a las piedras, lo alta y firme que se hacía la piedra central con un poco de contraste, y cómo de las miles de capas de piedra salía una textura viva, dándoles simplemente un toque de luz lateral. Llevaré esa noche en mi memoria durante mucho, mucho tiempo.
Pero entonces el fervor por la experimentación se apoderó de mí y quise ver hasta dónde era capaz de llegar con el simbolismo de las piedras. Así que monté un flash en la piedra central y quité la cámara del trípode. Después de que el flash se apagara agité con fuerza la cámara durante el resto de la exposición. De esta manera, la piedra salía afilada en la imagen, por la brevedad de la exposición al flash, pero el resto de la toma adquiría una apariencia muy irreal, desenfocada. Porque lo que ocurre es que, dependiendo de cómo agites la cámara, el fondo varía mucho. Fue toda una experiencia. (Mira la foto.)
Esta fotografíano consiguió sobrevivir a la fase de maquetación, lo cual tiene su porqué. Estábamos haciendo un reportaje paisajístico, y esta foto iba directa al centro de Baile na Cille. Pero el misterio velado de la imagen me sigue pareciendo espectacular. Tengo que centrarme más en el arte de dejar las cosas en manos de la imaginación.
También tengo que prestar más atención a cómo fotografiar hierbas. Cuando estaba en la isla de Lewis, entre las dunas de la parte sur de la Bahía de Uig, tomé esta imagende las hierbas altas agitadas furiosamente por el viento huracanado del Atlántico. Esta foto tiene que ver con un trabajo que había hecho un par de años antes en los Montes Flint, en Kansas. Fue, probablemente, la primera vez en la que tomé las hierbas como objeto de la foto, y no como un obstáculo molesto entre la cámara y el objeto que quería fotografiar. En los Montes Flint, las hierbas altas cubren absolutamente toda la extensión de las laderas onduladas. En la isla de Lewis, en cambio, las hierbas y la arena se asocian para mantener a las dunas en su sitio. En esta imagen, ante todo, tenía curiosidad por que diera una apariencia de turbulencia e ira, no que fuera otra escena más de orden y calma.
En el extremo opuesto de la ecuación del tiempo está esta imagende la isla de Skye. Pasé dos horas maravillosas encorvado sobre el agua que caía en cascada sobre las rocas. Había atado un flash a un palo y lo extendí para que el breve momento de exposición del flash permitiera detener el movimiento del agua y todos sus intrincados giros. El año anterior, mientras estaba de vacaciones en Cornualles, había hecho un experimento similar que me hizo pensar en lo increíblemente complejo que es el movimiento del agua al salpicar. Tarde o temprano encontraré un reportaje en el que encajar esta clase de foto.
Y cuando veo esta última imagen, no puedo negar que me invade la melancolía. Pienso en aquél día tan tranquilo, sentado en las rocas de las islas Shiant con todo el lugar para mí. Lo que no quiere decir que estuviera solo. Me asomé sobre el acantilado y no habían pasado ni unos minutos cuando empezaron a aterrizar frailecillos a poco más de un metro de distancia, con esa curiosidad y esas caras tan graciosas que sólo los frailecillos tienen. Fue todo un lujo, y aquí me gustaría resaltar que no hice nada, no les molesté, me limité a disparar mi cámara y quedarme con lo que veía. No sé cuándo podré volver a estar allí en un día como aquél. Mi foto de los frailecillos no es ni mucho menos la mejor del mundo, pero fue un día muy bueno desde todos los puntos de vista.
Estas fotos y muchas otras recogidas del suelo de la sala de montaje desaparecerán de mis preocupaciones cotidianas. Algunas de ellas adquirirán vida propia en otros proyectos, quizás haya algunas que incluso tengan su momento de gloria. Pero hay otras que nunca volveré a ver. Hago lo que puedo por que sigan conmigo, por que me enseñen a hacerlo mejor la próxima vez.