Historia

Los zombis de la vida real

Jueves, 31 Octubre

Por Redacción de National Geographic

30 de diciembre de 2015

Como estamos tan cerca de Halloween, nos ha parecido que es un buen momento para hacer un repaso de los zombis que podemos encontrarnos en el mundo animal.

Algunos parásitos invaden el cuerpo de sus víctimas y controlan su mente, convirtiéndolas en verdaderos zombis; sus métodos son tan terribles que harían salir corriendo al mismísimo Freddy Krueger.

Veamos algunos ejemplos:

Toxoplasma gondii

El primero es el parásito Toxoplasma gondii, que se reproduce en el tracto intestinal de gatos domésticos. ¿Y cómo llega ahí? Una de las formas es a través de ratones infectados, víctimas fáciles de los gatos. Algunos estudios en ratones han demostrado que los daños que produce este parásito pueden llegar a ser permanentes, incluso después de que el animal se haya liberado de la infección.

Aproximadamente un tercio de los humanos sufre la presencia de este parásito, por lo que se puede afirmar que es bastante común. En cualquier caso, no debemos asustarnos, porque sólo es peligroso para las embarazadas recién infectadas y aquéllos con sistemas inmunitarios débiles.

Sin embargo, otro estudio ha relacionado esta infección con problemas como la inestabilidad emocional.

 Nematomorfo

Este parásito es capaz de inducir a los saltamontes al suicidio.

En 2005 un grupo de biólogos franceses estudió cómo estos parásitos manipulan a su huésped y descubrieron que, al ser ingeridos por los saltamontes, probablemente a través del agua, crecen hasta ocupar su cuerpo y liberan una proteína que afecta al sistema nervioso del saltamontes, induciéndoles a ir a zonas húmedas, pues el parásito se reproduce en el agua.

Entonces, el parásito, que ha alcanzado ya un gran tamaño, abandona al huésped y sale a reproducirse, dejando que el saltamontes se ahogue.

Artículo relacionado: Los saltamontes cambian su afinación

La lombriz de guinea hace algo parecido, pero infecta a personas en lugar de a saltamontes. Aunque no hace que nos ahoguemos, nos induce a ir a buscar agua al provocarnos una sensación de ardor cuando trata de abandonarnos por una extremidad inferior. Al menos el picor significa que el fin del dolor está cerca.

 Leucochloridium paradoxum 

Los caracoles invadidos por el Leucochloridium paradoxum pasan una terrible fase de transformación física y presentan también un comportamiento suicida.

Lo que ocurre es lo siguiente: un caracol ingiere excrementos de pájaro infectados con las larvas del parásito, que crecerán hasta convertirse en esporocistos. Éstos crecen en forma de largos tubos que invaden los ojos de los caracoles, transformándolos en una extremidad palpitante y llamativa.

El caracol, comportándose como una marioneta en manos del parásito, sale al sol, cuando normalmente permanece escondido, y se convierte así en presa fácil de los pájaros.

Entonces, el parásito empezará a desarrollarse en el interior del pájaro, donde alcanzará la edad adulta. Más tarde, el pájaro lo expulsará con sus excrementos, comenzando de nuevo el ciclo.

Hormigas zombis

Las hormigas no gustan a nadie, pero llegan a dar pena cuando se descubre lo que les ocurre cuando se encuentran con el hongo Ophiocordyceps unilateralis.

Cuando son invadidas por éste, las hormigas se comportan erráticamente y actúan como zombis: el parásito controla su cerebro y las hace trasladarse a un lugar adecuado para que el hongo pueda esparcir sus esporas, matando después a la hormiga.

La multiplicación de las células de los hongos en la cabeza de las hormigas hace que los músculos que abren y cierran la mandíbula se desprendan, por lo que cuando las obligan a morder la vena principal del envés de una hoja, como descubrió que hacían un estudio de 2009, son incapaces de soltarla después de morir.

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Cymathoidae

Nuestro último ejemplo no está interesado en controlar la mente de sus víctimas, sino que se conforma con la lengua.

Este parásito consigue atrofiar la lengua de los peces, ocupando su lugar en la boca de su víctima. Así, vive dentro de ella y se alimenta de su sangre y los alimentos que ingiere, aunque no le causará mayor daño.

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