Medio Ambiente

La barrera Larsen C de la Antártida podría romperse y formar un iceberg de 6.400 kilómetros cuadrados

Los científicos advierten de que esta plataforma de hielo podría formar un iceberg de más dos veces la superficie de Luxemburgo. Miércoles, 14 Junio

Por Redacción National Geographic

Tras haber registrado un mínimo histórico de hielo el pasado febrero, la Antártida ha experimentado la reducción gradual de sus barreras heladas a un ritmo nunca antes visto. La península Antártica ha sufrido especialmente las consecuencias del calentamiento global: desde el año 2014, la grieta que atraviesa la barrera de hielo Larsen C se ha ido agrandando gradualmente, lo que implicaría graves consecuencias para el continente y para todo el planeta. Este último crecimiento de 17 kilómetros se ha producido entre el 25 y el 31 de mayo de 2017, según los científicos.

En febrero, esta grieta ya había experimentado un aumento, llegando a los 175 kilómetros de largo, y los científicos advertían de que pronto podría llegar al mar. Ahora, en junio, ha alcanzado una longitud de más de 190 kilómetros, una profundidad de 533 metros y en algunas zonas llega a los 3 kilómetros de ancho. Lo realmente alarmante es que a la grieta solamente le faltan unos 12 kilómetros para llegar hasta el mar y romperse del todo, formando uno de los mayores icebergs de la historia. Según el estudio, este gigante de hielo podría ocupar una superficie de entre 4.600 y 6.400 kilómetros cuadrados. En el escenario más pesimista, este iceberg podría tener más de dos veces la superficie de Luxemburgo.

De hecho, es un acontecimiento que sucederá casi con seguridad, según describieron en un artículo reciente los científicos encargados del Proyecto Midas de las universidades británicas de Swansea y Aberystwyth, que llevan años investigando los efectos del calentamiento global y del cambio climático en la Antártida occidental. Empleando imágenes por satélite, han documentado el desarrollo de esta grieta durante años y han sido capaces de predecir su fatídico destino y sus posibles consecuencias.

Larsen C es la cuarta barrera de hielo más grande del continente y la más grande de su región, la península Antártica. Estudios previos habían señalado la progresiva debilitación de esta barrera, una debilitación que ha aumentado su ritmo desde el año 2014. La grieta ya atraviesa más de la mitad de esta capa, lo que significa que podría seccionar una enorme parte de la barrera, perdiendo entre un 9 y un 12 por ciento de su área, según los científicos. Es más, solo le quedarían unos 13 kilómetros para que la grieta alcanzase el mar y partiese por completo la plataforma. El hielo restante de la barrera sería inestable, según el artículo.

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¿Cuál es la función de las barreras de hielo?

Se ha sabido durante décadas que las inundaciones estacionales por causa del agua del deshielo se dan en todo el continente, como parte del ciclo natural de la Antártida. Pero a medida que los científicos las han catalogado de forma sistemática, han descubierto que son mayores de lo que ellos mismos pensaban.

Las barreras de hielo no afectan directamente al nivel del mar. Su función es actuar como muros de contención e impiden que las capas de hielo y los glaciares que se encuentran tras ellas se desplacen hacia el mar. Sin embargo, la pérdida de estas barreras daría vía libre a los glaciares para fluir hacia el océano, lo que sí provoca el aumento del nivel del mar.

Esta pérdida de hielo en Larsen C tiene precedentes: en 1980 ocurrió una ruptura similar en la que se separó un 14% de esta barrera de hielo. Se han dado hasta cuatro rupturas más en la parte este de la península Antártica desde el año 1988, que han acabado formando icebergs.

El calentamiento del clima ha contribuido a provocar estos desastres, formando estanques de agua de deshielo sobre la superficie de la barrera. El agua de deshielo puede amenazar la estabilidad de las plataformas de hielo cargándolas de peso y ampliando sus grietas internas. Esto fue lo que ocurrió con la barrera de hielo Larsen B, que se desintegró a un ritmo impresionante en 2002. El área desintegrada era de 3.250 kilómetros cuadrados y resultó una consecuencia directa del cambio climático. Larsen A, otra barrera mucho más pequeña, corrió la misma suerte en 1995.

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¿Cuáles son las consecuencias?

Los científicos han predicho varios escenarios con consecuencias en varios niveles.

En primer lugar, cuando esta fragmentación tenga lugar, la plataforma Larsen C tendrá el tamaño más pequeño registrado hasta la fecha, probablemente el menor desde el último periodo interglaciar.

Por otra parte, se estrechará el frente de hielo que separa los glaciares internos del océano, por lo que habrá una barrera de hielo mucho más inestable. Según las predicciones de los científicos, en el escenario más optimista, la barrera podría readaptarse a su nueva geometría, pero en el peor de los casos, la capa restante aguantaría menos presión y la parte norte de la barrera podría desintegrarse en cuestión de meses. Sería parecido a quitar el tapón a una botella: sin la barrera de hielo, los glaciares de Larsen C tendrán libertad para fluir hacia el océano.

Además, se perderán dos importantes puntos de anclaje de este frente de hielo, dos elevaciones llamadas Bawden y Gipps que asumen parte del peso de la plataforma. Estas se forman cuando la barrera de hielo toca el lecho marino rocoso y la propia barrera fluye sobre las elevaciones, recubriéndolas de hielo por completo.

La ruptura en sí no contribuirá directamente a la subida del nivel del mar. Al igual que Larsen A y B, Larsen C ya se encuentra flotando sobre el agua. Sin embargo, la desintegración de Larsen C supone un aviso: otras plataformas de hielo más vulnerables de la península Antártica podrían sucumbir, barreras que retienen glaciares con gran cantidad de agua y que, de fluir hasta el mar, podrían contribuir a elevar sus niveles.

El Proyecto Midas seguirá monitorizando el comportamiento de la grieta. Puedes seguir sus actualizaciones en su cuenta de Twitter.

La historia sobre el deshielo de la Antártida aparece en el número de julio de 2017 de la revista National Geographic (EE.UU.)

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