Medio Ambiente

El herbicida más vendido del mundo, el glifosato: ¿héroe o villano?

El glisofato es un potente herbicida, pero ¿es malo? ¿Sabes qué es? ¿Cómo funciona? ¿Por qué dicen que es malo para la salud? Todas esas y más dudas, aquí Martes, 21 Noviembre

Por Redacción National Geographic

Inventado y comercializado en 1970 por Monsanto, la multinacional agroquímica más conocida del mundo, el glifosato se ha convertido en el centro de atención de los parlamentarios europeos, con tantos informes a favor como en contra casi en la misma proporción. De hecho, de este compuesto existen más de 60 estudios científicos, algunos lo relacionan y otros lo desligan del riesgo de producir cáncer. El balance resulta confuso y depende de quien los redacte.

¿Qué es el glifosato?

Es un principio activo, un componente químico que bajo el nombre comercial de Rounup® se ha convertido en un herbicida de amplio espectro cuya patente estuvo en manos de Monsanto hasta el año 2000 y ahora cualquier empresa puede hacer lo mismo gracias a la fórmula C3H8NO5P.

¿Cómo funciona?

La clave de su éxito consiste en que es capaz de eliminar todas las plantas solo con su presencia, excepto las transgénicas que se han modificado en laboratorios para hacerle frente, y se utiliza de forma recurrente en lindes, caminos, parques, jardines privados y públicos, etc. Elimina lo que se da por llamar «malas hierbas» en general. Su bajo precio también ha ayudado a que se haya convertido en el herbicida más utilizado del mundo.

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Su historia y los científicos ¿a favor y en contra?

Su expansión tuvo lugar primero en Estados Unidos, cuna de los organismos modificados genéticamente (OMG), donde se empezó a utilizar en grandes cantidades antes de la siembra, pero en la actualidad los agricultores de toda Europa lo usan en sus tierras de cultivo. En algunos países, por ejemplo, en el Reino Unido y en Alemania, se usa glifosato en hasta un 40 por ciento de la superficie agrícola total, según datos recogidos de la web de la European Glyphosate Task Force (que engloba hasta 20 empresas que lo producen).

Durante varias décadas este herbicida se ha utilizado con profusión y generosidad, pero en estos últimos cuatro años ha saltado la voz de alarma sobre las consecuencias que trae su uso en el medio ambiente y en la salud. De los 60 informes científicos que se han ido elaborando con los años, 41 relacionaban al compuesto con el riesgo de padecer cáncer.

Todo comenzó en marzo de 2015, cuando la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) publica un informe sobre el glifosato donde confirma que es «probablemente cancerígeno para los humanos», y que hay «pruebas de una limitada carcinogenicidad en humanos para generar el linfoma no Hodgkin». La evidencia en humanos proviene de estudios de exposiciones, principalmente agrícolas, en Estados Unidos, Canadá y Suecia, publicados desde 2001. Además, «existen pruebas convincentes de que el glifosato también puede causar cáncer en animales de laboratorio».

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La mecha solo acababa de prenderse. Lo siguiente fueron las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde sus expertos advirtieron que los criterios para prohibir el uso de este herbicida se cumplían desde que la IARC confirmaba que «había pruebas suficientes en animales» que lo relacionaban con el cáncer.

Sin embargo, meses después, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) lo negó y en su informe EFSA updates toxicological profile dijo que no había pruebas suficientes para concluir que el glifosato pudiera causar cáncer. Había comenzado la guerra entre detractores y defensores.

Poco después, 96 científicos independientes, incluidos varios de los que participaron en el informe sobre el cáncer de la OMS, escribieron una carta a la EFSA donde denunciaron que la agencia europea no se basaba en ninguna evidencia. Además, la Agencia Francesa para la Seguridad Alimentaria, Ambiental y Ocupacional, ANSES, se unió al movimiento antiglifosato y dijo que necesitaba ser clasificado como un «carcinógeno humano sospechoso».

Pero ¿es solo cáncer lo que provoca el uso de este herbicida? La OMS también hace referencia a otras enfermedades, entre las que se encuentran el Alzheimer, daños al aparato reproductivo, daños neurológicos, alteraciones endocrinas y hasta el autismo. Pero también provoca impactos demoledores en el medio ambiente, porque el glifosato interactúa con la química y la biología del suelo, provocando «la reducción de la nutrición de las plantas, incrementado su vulnerabilidad a las enfermedades, contamina las aguas superficiales y los acuíferos, dañando así la vida silvestre», asegura Luis Ferreirim, responsable de Agricultura de Greenpeace España. «Si se eliminan lo que llaman “malas hierbas” termina afectando a los que se alimentan de ellas, que además son animales (insectos, pájaros, anfibios…) aliados de los agricultores que de manera natural acaban con las plagas, sin olvidar que también se mata a los que erróneamente llaman alimañas, otro tipo de especie animal necesaria para el equilibrio de la biodiversidad».

Por eso, esta organización ecologista pide a la Unión Europea que respecto a este herbicida se aplique el principio de prevención si no están convencidos de su peligrosidad.

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¿Cuál es la posición de la Unión Europea sobre el glisofato?

En medio de tanta confusión, en 2015 la Comisión Europea propuso prorrogar su uso 18 meses más, por lo que antes de que finalice este año habrá que revisar esta decisión y determinar el destino a largo plazo de la licencia de glifosato.

De los 28 países de la UE, 14, entre los que se encuentra España, están a favor de aprobar la licencia de uso del glifosato porque argumentan que no hay consenso en la comunidad científica sobre la posibilidad de que provoque cáncer en seres humanos, nueve han votado en contra y otros cinco se han abstenido, entre ellos Alemania, el país de más peso en las decisiones comunitarias.

Para alcanzar un acuerdo se necesita una mayoría cualificada (el 55 por ciento de los estados miembros que a la vez representen el 65 por ciento de la población), pero es difícil de lograrlo sin el apoyo de los países más poblados. La cuestión sigue en tablas.

Tampoco la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA, por sus siglas en inglés) ha ayudado mucho. Su evaluación sobre la seguridad del glifosato del verano pasado no ha hecho más que echar leña al fuego entre los parlamentarios europeos. «El Comité de Evaluación de Riesgos de la ECHA ha concluido que las pruebas científicas disponibles no cumplen los criterios para clasificar el glifosato como cancerígeno, mutágeno o tóxico para la reproducción», anunciaron.

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¿Hay alternativas al glifosato?

La literatura en torno a herbicidas naturales o sustitutivos del glifosato es amplia y diversa. Algunos estudios proponen alternativas interesantes como es el caso de la Universidad de Maryland, que en su informe Vinegar: An Alternative to Glyphosate? propone el vinagre como una buena opción. Pero hay muchos más. Los herbicidas alternativos se clasifican en siete categorías de productos: ácidos naturales (vinagre + ácidos cítricos), jabones herbicidas, herbicidas a base de hierro, herbicidas a base de sal, aceites fitotóxicos (clavo, menta, pino, citronela), gluten de maíz y productos combinados (incluidos ingredientes de múltiples categorías).

Por su parte, el Ministerio de Agricultura, y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente ha publicado varias guías alternativas al uso de este herbicida. En la Guía de Buenas Prácticas para la mezcla en campo de productos fitosanitarios se incluyen recomendaciones para la correcta realización de las mezclas de productos fitosanitarios en campo, de manera que se minimice el riesgo para la salud de los operarios y del medio ambiente.

También ofrece estudios sobre el uso sostenible de productos fitosanitarios con las diferentes opciones para acabar con las plagas de los diversos cultivos que existen en España. Son las Guías de Gestión Integrada de Plagas (GIP), que incluyen opciones en el uso de herbicidas naturales para el cultivo del grupo del viñedo, del olivar, de los cítricos y subtropicales, de los frutales no cítricos, de los cultivos herbáceos, de los industriales, de los hortícolas y de los forestales.

Además, anualmente publica los Planes de Acción Nacional donde se establecen los objetivos, las medidas, los calendarios y los indicadores para introducir criterios de sostenibilidad en el uso de productos fitosanitarios.

Ese cambio de mentalidad en el agricultor español y que se recoge en el Ministerio de Agricultura no es por casualidad. España es desde hace años el primer productor ecológico de Europa y el quinto del mundo. Según el informe Organic in Europe, Prospects and Developments 2016 , de IFOAM EU Group, lideramos a nivel europeo la superficie destinada al cultivo de producción ecológica, con casi dos millones de hectáreas, situándonos detrás de Australia, Argentina, Estados Unidos y China. Este liderazgo se debe a la  extensión de nuestro país y su climatología.

Mientras tanto, el glifosato sigue siendo protagonista principal de los campos europeos pero, ante el resultado «en tablas» de la última votación, será un comité de apelación, a quien ha acudido en última instancia la Comisión Europea, quien tome la decisión. La suerte este herbicida está echada.

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