Mientras la tecnología mejora, los científicos son capaces de detectar más elementos contaminantes, y en cantidades más pequeñas, en los depósitos de agua dulce de la Tierra. Nuestros lagos, ríos, arroyos y depósitos subterráneos contienen a menudo un coctel químico que incluye desde píldoras anticonceptivas, cremas solares, pesticidas y hasta petróleo.

 

Además de la contaminación sintética, el agua dulce también es el punto final de nuestros desperdicios biológicos, en forma de aguas residuales, excrementos animales, y agua de lluvia mezclada con fertilizantes ricos en nutrientes provenientes de jardines y granjas. Esos nutrientes se abren camino a través de los ríos hacia los mares, en ocasiones creando zonas sin oxígeno y por ello sin vida en las zonas costeras de los océanos, y causando que la conexión entre tierra y mar sea dolorosamente obvia. Cuando echas pintura al retrete, a menudo acaba en el océano, a través de los conductos de agua dulce.

 

En el mundo desarrollado, la regulación ha restringido el vertido de contaminantes a la industria y a los procesos agrícolas en los lagos, arroyos y ríos. La tecnología también ha ofrecido soluciones como costosas filtraciones y plantas de tratamiento que convierten nuestra agua potable en agua para su consumo saludable. Algunas ciudades están promoviendo la infraestructura “verde”, como son tejados verdes y jardines de lluvia, como maneras de filtrar la contaminación de manera natural. Pero podemos observar otra realidad en partes del mundo subdesarrollado, donde hay menos infraestructura política, económica y técnica para tratar con el aluvión de amenazas contaminantes para el agua dulce y todas las especies que dependen de ella.

 

Datos rápidos

·         En los países desarrollados, el 70 por ciento de los desperdicios industriales se vierten a las aguas sin ser tratados, contaminando el suministro de agua potable.

 

·         De media, se utilizan 99 millones de libras (45 millones de kilogramos) de fertilizantes y productos químicos cada año.

 

·         Portland, Oregon, está fomentando activamente los tejados verdes y las calles verdes para evitar desbordes del alcantarillado hacia el Río Willamette. Chicago, Ollinois, tiene ahora más de 517,000 acres (209,222 hectáreas) de tejados con flora, más que cualquier otra ciudad de los EEUU que están ayudando a atraer el agua de las tormentas, refrescar el ambiente urbano, y proporcionar trabajo a los jardineros de dichos tejados.

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