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Un grupo de 4 jirafas de Kordofán, especie muy extraña, vagan por el parque de Garamba, en la República Democrática del Congo.

Un grupo de 4 jirafas de Kordofán, especie muy extraña, vagan por el parque de Garamba, en la República Democrática del Congo.

Nigel Pavitt, John Warburton-Lee Photography, Alamy

El director de documentales David Hamlin recuerda el subidón de adrenalina que experimentó al volar sobre el Parque Nacional de Garamba, en la República Democrática del Congo, y ver a tres jirafas en un pequeño claro. “Verlas desde el cielo fue increíble”, explica Hamlin, que estaba trabajando para National Geographic. “La verdad es que es increíble verlas en cualquier lugar”.

Eso se debe a que Garamba es enorme, con una extensión de 5.180 kilómetros cuadrados de tierra cubierta mayoritariamente por bosques, por lo que es extraño conseguir ver por pura casualidad a 3 de las 40 jirafas que quedan en el parque. 




Pero la euforia de Hamlin al verlas y fotografiarlas no duró mucho. Doce horas después, los guardas del parque informaron de que habían oído disparos y posteriormente descubrieron los cadáveres de tres jirafas que habían sido asesinadas a balazos. “Fue horrible para mí y mi equipo”, cuenta Hamlin, “darnos cuenta de que lo más probable eran las mismas jirafas que nosotros habíamos visto”. 

Hamlin decidió documentar las consecuencias de la tragediaparaconcienciar sobre la caza furtiva en el parque, que está gestionado por una organización sin ánimo de lucro llamada African Parks, en asociación con el Instituto Congoleño para la Conservación de la Naturaleza, un departamento gubernamental. 




Garamba es el segundo parque nacional más antiguo de África, y ha sido golpeado fuertemente por la caza furtiva en los últimos años al mismo tiempo que los conflictos civiles aumentaban en la región. Los rinocerontes han desaparecido por completo y los elefantes han sufrido grandes pérdidas en su población. Lo mismo ocurre con las jirafas de Kordofán, una de las nueve subespecies africanas de jirafa.

Actualmente quedan menos de 2.000 en África, según Julian Fennessy, co-director de la Fundación para la Conservación de las Jirafas, una organización con sede en Namibia. Las jirafas de Kordofán de Garamba representan la última población de esta especie en la República Democrática del Congo. “Si el número se reduce a la mitad, entonces estaremos en una situación realmente grave”, explica Fennessy. “Cada una de estas jirafas es valiosa”.




Los congoleños normalmente las matan por una parte de su cuerpo: su cola, considerada como un símbolo de estatus en muchas comunidades. Mientras tanto, hombres del país vecino, Sudán del Sur, cazan a las jirafas por su carne para alimentar a los aldeanos empobrecidos. Pero los enormes cuerpos (las jirafas pueden crecer hastaalcanzar los 5,5 metros y pesar más de 1.300 kilogramos) de estas tres jirafas se encontraban intactos, solo faltaban las puntas de sus colas.

Según Leon Lamprecth, director de operaciones de African Parks, los hombres “utilizan la cola como parte de la dote que dan al padre de la novia cuando piden la mano de esta”. Los pelos largos y negros normalmente se convierten en utensilios para espantar a las moscas

Una de las jirafas muertas tenía un collar de rastreo por satélite, ya que los guardas de Garamba la estaban siguiendo. “Es un absoluto desperdicio”, dice Lamprecth. 



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