La primavera comienza oficialmente en el Hemisferio Norte a las 2:21 horas de la mañana del 21 de marzo de 2011 - el equinoccio vernal o equinoccio de primavera.
No se dejen engañar por el viejo rumor de que el día dura exactamente lo mismo que la noche durante el equinoccio de primavera.
Según Geoff Chester, especialista en asuntos públicos del Observatorio Naval de EEUU en Washington D.C., los días en que de verdad existe dicha igualdad entre día y noche caen siempre antes del equinoccio vernal y después del otoñal.
"El momento exacto en que esto ocurre depende de la parte de la superficie terrestre en que te encuentres", explicó.
Cuando el centro del solpase por encima del Ecuador (definición oficial de equinoccio), el día será ligeramente más largo que la noche en cualquier lugar de la Tierra. La diferencia es cuestión de geometría, atmósfera y lenguaje.
Geometría, atmósfera y lenguaje del Equinoccio Vernal
Si el sol fuera tan sólo un diminuto punto de luz y la Tierra no tuviera atmósfera, el día y la noche durarían exactamente 12 horas el día del equinoccio de primavera.
Pero para empezar, el sol, tal y como se ve desde la Tierra, es casi tan grande como la yema de un dedo con el brazo estirado.
El amanecer se define como el momento en que la parte superior del sol despunta en el horizonte, mientras que el anochecer tiene lugar cuando el último resquicio del sol se oculta por debajo de éste.
Sin embargo, el equinoccio de primavera tiene lugar cuando el centro del sol cruza por encima del Ecuador.
Además, la atmósfera terrestre curva la luz solar cuando está cerca del horizonte, de forma que el orbe dorado parece estar algo más alto en el cielo de lo que realmente está.
Como resultado, el sol parece salir por el horizonte unos minutos antes de cuando lo hace en realidad.
Por lo tanto, el día del equinoccio de primavera, hay más horas de luz de las que transcurren realmente desde que el sol surge por el horizonte al amanecer hasta que se esconde por éste al anochecer.
"Todos esos factores se combinan para hacer que el día del equinoccio no sea el día en que tenemos 12 horas de luz y 12 de oscuridad”, indicó Chester.
Aún así, el Equinoccio Vernal es especial
Puede que la duración del día y la noche no sea igual en el equinoccio vernal, pero eso no hace que el primer día de primavera sea menos especial.
Los equinoccios de otoño y primavera, para empezar, son los dos únicos momentos del año en que el sol sale exactamente por el este y se esconde exactamente por el oeste, según Alan MacRobert, editor sénior de la revista Sky & Telescope.
Además, los equinoccios son los únicos días del año en que una persona situada sobre el Ecuador puede ver pasar el sol directamente por encima.
El día del equinoccio de primavera en el Hemisferio Norte, una persona podría ver desde el Polo Norte cómo el sol aparece por el horizonte, dando comienzo a seis meses de luz solar ininterrumpida.
Alguien que se encontrara en el Polo Sur también vería cómo el sol traspasa el horizonte, pero en este caso marcaría el comienzo de tres meses de oscuridad.
El Papa reordena el Equinoccio Vernal
Otra curiosidad del equinoccio: una norma del calendario hace que la primavera llegue casi siempre el 20 o el 21 de marzo, aunque a veces llega el 19, indicó MacRobert.
En el año 1582, el Papa Gregorio XIII estableció el calendario gregoriano, utilizado ahora en casi todo el mundo, para solucionar un inconveniente relativo al equinoccio.
Si no hubiera creado este nuevo calendario, cada 128 años el equinoccio habría llegado un día antes, lo que al final habría hecho que la Pascua cayera en pleno invierno.
"Todo esto se debe al hecho de que no hay un número exacto de días en un año", añadió MacRobert.
Antes de la intervención papal, los romanos y la mayor parte de Europa medían el tiempo de acuerdo con el calendario juliano.
Este antiguo calendario, instituido por Julio César, contaba que cada año tenía exactamente 265,25 días, como media de un ciclo de cuatro años. Cada cuatro años, se añadía un día para volver a poner orden.
Sin embargo, resulta que hay 365,24219 días en un año astronómico “tropical”, que se define como el tiempo que tarda el sol, visto desde la Tierra, en realizar el circuito completo del firmamento.
Al usar el calendario juliano, los equinoccios de primavera y otoño y las demás estaciones llegaban 11 minutos antes cada año. Para el año 1500, el equinoccio vernal se había adelantado al 11 de marzo.
Para solucionar este problema, el Papa determinó que la mayor parte de los años de comienzo de siglo (como 1700, 1800 y 1900) no serían bisiestos. Sin embargo, los sean divisibles entre 400, como el año 2000, sí lo serán.
De acuerdo con el calendario gregoriano, el año tiene 365,2425 días. “Esto se acerca lo suficiente a la realidad como para que las estaciones no se alteren”, explicó MacRobert.
Con una duración media de 365,2425 días, los años gregorianos duran ahora 27 segundos más que el año tropical, un error que permitirá ganar un día en un período de cerca de 3.200 años.
Hoy en día, de acuerdo con Chester, del Observatorio Naval de los EEUU, los equinoccios se atrasan unas seis horas cada año del calendario, debido al ciclo de los años bisiestos.
Cada año bisiesto se reajusta el sistema, al retrasarse ligeramente, hasta que uno de los años de comienzo de siglo que no sea bisiesto empuje los equinoccios de nuevo hacia delante.