En esta época del año vemos a estos seres alados posarse en cualquier lugar, desde los escaparates de las tiendas a lo alto de nuestros árboles de Navidad. Sin embargo, no siempre fue así.
Según un nuevo libro, los ángeles, al menos en la cultura cristiana, no fueron siempre seres de apariencia humana con vestidos vaporosos, sino que tomaron diversas formas (desde seres incorpóreos a guardianes alados), lo que refleja los cambios en años de pensamiento religioso.
«Hay mucha teología sobre los ángeles, son seres muy interesantes », afirma John Cavadini, director del departamento de teología de la Universidad de Notre Dame.
«Cuando pensamos en ellos nos imaginamos los dibujos de las postales de Navidad», añade, «sin embargo, muchos autores, sobre todo en la Antigüedad, se han interesado por ellos, queriendo descubrir cómo eran, cómo se organizaban o cómo se comportaban».
En la Biblia se les representa como enviados de Dios (no en vano angelos en griego significa «mensajero»). Sin embargo, más allá de eso, las escrituras no aclaran mucho más sobre esta figura.
«No hay muchos detalles sobre los ángeles, lo que les convierte en algo fascinante», comenta Ellen Muehlberger, profesora de estudios del Oriente Medio en la Universidad de Michigan.
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«La misma sustancia que Dios»
Según Muehlberger, que está trabajando en un libro sobre la evolución de la teología de los ángeles, en los primeros años del Cristianismo algunos consideraban que Jesucristo era un ángel más.
«Esto lo sabemos por autores posteriores, del siglo IV, que argumentaron contra esta creencia».
Oficialmente, Jesús perdió su estatus de ángel cuando el emperador romano Constantino I convocó el Concilio de Nicea en 325, en el que los obispos tenían como misión unificar en una sola teología los conceptos de Dios, Cristo y Cristianismo.
«El Concilio de Nicea definió a Cristo como una divinidad, de la misma sustancia que Dios», afirma Muehlberger.
«Los cristianos que durante décadas se han dedicado al estudio e interpretación del Concilio entendieron así que Cristo no era un ángel. Los ángeles eran, por tanto, algo completamente distinto».
Una mente maravillosa
En realidad, durante los primeros siglos de la Iglesia, la idea que se tenía de los ángeles era tan dispar como lo era la del propio Cristo o Judas.
Por ejemplo, Evagrio, monje cristiano y asceta del siglo IV, desarrolló una teoría para explicar la esencia humana como dividida en tres partes.
«Una es la gobernada por nuestros deseos, la que nos hace tener hambre, sueño o despierta nuestro deseo carnal», explica Muehlberger.
«La segunda es la parte emocional, la que nos vuelve arrogantes o desata nuestra ira. Y por último, tenemos la parte racional, la que, según Evagrio, es la más parecida a Dios y los ángeles».
«Evagrio creía que la ira era algo parecido al diablo, que aparecía y te atacaba. Y si no podías luchar contra ello, un ángel racional, que estaba a tu lado, te ayudaba».
Otros siguieron esta línea y afirmaron que los ángeles eran mentes o intelectos incorpóreos.
Ángeles para todos
Al mismo tiempo, surgió el debate sobre a quiénes ayudaban los ángeles en la Tierra.
En los primeros monasterios cristianos, por ejemplo, muchos ascetas creían que los buenos estudiantes conseguían una especie de guía divina que les ayudaba.
«Estos monjes pensaban que no todo el mundo tenía un ángel de la guarda, sino que tenerlo era señal de éxito moral», afirma Muehlberger, haciendo referencia a cartas de esa época que describían la necesidad de los monjes por conseguir sus propios ángeles.
Sin embargo, en las ciudades la versión era más democrática: los obispos y otras autoridades comenzaron a afirmar que todos tenemos un ángel de la guardia.
En Egipto algunos obispos creían que los monjes que vivían en el desierto y que habían renunciado a los placeres de la carne eran ángeles terrenales. Sin embargo, los monjes egipcios rechazaron en seguida esta idea, declarando, en palabras de Muehlberger, «actuamos como animales, no como ángeles».
Al final esta visión fue la que prevaleció: «yo no soy un ángel, ni tú tampoco, pero están ahí, en algún sitio, cuidando de nosotros».
Jerarquía celestial
Apenas los creyentes comenzaron a ponerse de acuerdo sobre la esencia de los ángeles, los estudiosos comenzaron a debatir sobre cómo se organizaban.
La Biblia arroja poca luz sobre la sociedad de estos seres, pero varios eruditos escribieron sobre el tema, incluyendo el autor descocido de De la jerarquía celestial, del año 500 d.C. aproximadamente.
El libro los clasifica en nueve categorías, que son, de la más baja a la más alta: ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines.
«No se trataba de una enseñanza eclesiástica oficial», afirma Michael Root, teólogo de la Universidad Católica de América, en Washington D.C.
Cavadini añade «creo que el hecho de que estos niveles fueran tan distintos y a la vez interdependientes contribuye a la belleza del universo y conduce a la armonía en lugar de al enfrentamiento».
Ángeles caídos
Por supuesto, no todos los ángeles son buenos, así lo reflejan algunas tradiciones cristianas. El propio Satán, según se dice, fue una vez un ángel llamado Lucifer.
Según Root, la teoría de que los ángeles pueden «caer» es muy importante, pues significa que tienen libre albedrío.
«Algunos teólogos de la Edad Media, incluso, pensaban que cada persona tenía un ángel caído, al igual que tenía un ángel de la guardia, aunque nunca fue una teoría oficial», comenta Root.
Según Cavadini, de la Universidad de Notre Dame, ciertos eruditos cristianos de los siglos II y III, como Orígenes de Alejandría, daban gran importancia al papel de los ángeles caídos.
«Para Orígenes y otros padres de la iglesia, los ángeles participaban en el gobierno del universo según la voluntad de Dios», afirma.
«Lo que incluye también a los ángeles caídos, aunque estos participaban de forma negativa».
(Ver también "Según una nueva interpretación del Evangelio, Judas fue un “demonio”»)
Los ángeles en Estados Unidos
A pesar de que en la actualidad los norteamericanos no pasan tanto tiempo pensando en los ángeles como los antiguos estudiosos, suelen creer que se encuentran entre nosotros.
Cerca del 55 por ciento de los norteamericanos cree que en algún momento de sus vidas les ha protegido su ángel de la guarda, según una encuesta de 2008 de la Universidad de Baylor.
«He consultado unas 1.100 historias sobre experiencias con ángeles de la guarda», comenta el sociólogo de Baylor Carson Mencken.
«Algunas hablan de accidentes de coches, sobre todo aquéllos en los que falleció alguien. En otras sus protagonistas fueron víctimas de ataques, tuvieron experiencias cercanas a la muerte en la guerra o casi murieron ahogados», afirma. (Ver «¿Una explicación para las experiencias cercanas a la muerte?»)
«Lo que nos asusta es no saber cuándo podemos morir, porque no podemos hacer nada para controlarlo».
«Según nuestro estudio, muchas de las personas que sobrevivieron a estas experiencias dicen que fue gracias a sus ángeles de la guarda», añade, «en la mayoría de los casos no ven a los ángeles, sino que los sienten».
En la actualidad, para algunos cristianos estos ángeles existen de verdad y son tan reales como los que vemos durante estos días adornando nuestros árboles.