Un nuevo método podría revelar «contusiones» provocadas por el contacto con otros universos.
Dave Mosher
Para National Geographic News
Publicado el 9 de agosto de 2011
Según los científicos, a pesar de su tamaño, nuestro universo podría ser uno más entre tantos que flotarían en un insondable «multiverso». El problema es que no había forma de demostrarlo.
Ahora, sin embargo, físicos afirman que han encontrado la forma de detectar «marcas» de supuestas colisiones con otros universos.
Un equipo internacional ha creado un nuevo algoritmo para descubrir estas irregularidades que, según afirma, tendrían la forma de un disco (pensemos, por ejemplo, en lo que ocurre cuando chocan dos pelotas de playa).
Debido a que el multiverso se formó muy deprisa y los universos se separaron poco después de su creación, las colisiones tuvieron que tener lugar durante los primeros años de nuestro universo.
Afortunadamente, los telescopios modernos pueden estudiar lo que se suele llamar el «eco del inicio del universo»: la radiación de fondo de microondas (CMB, por sus siglas en inglés). Se trata de la radiación emitida por el plasma caliente que dominó el universo hasta unos 380.000 años después del Big Bang, que tuvo lugar hace más de 13 mil millones de años.
«Durante mucho tiempo se ha sospechado que podría haber otros universos, pero era imposible demostrarlo», afirma el físico Matthew Johnson, del Instituto Perimeter.
«Ahora tenemos una forma de buscar las señales que confirman la teoría, es algo muy importante», añade Johnson, coautor de dos estudios que describen el nuevo algoritmo y que serán publicados en las revistas Physical Review Letters y Physical Review D.
La ayuda del algoritmo
De existir, el multiverso pudo surgir de una caótica fluctuación del espacio vacío. Varios universos «burbuja» parecidos al nuestro, aunque quizá con leyes físicas ligeramente diferentes, podrían haber surgido al mismo tiempo y chocar unos con otros antes de repartirse por el multiverso.
El nuevo algoritmo ofrece un enfoque sistemático, basado en estadísticas, para descubrir las pruebas de estas posibles colisiones, algo que no pueden hacer los humanos por sí solos.
Aunque hay personas capaces de detectar patrones muy difíciles de ver, también pueden ver cosas que no son lo que parecen ser, como una cara en Marte, por ejemplo.
«La gente suele reconocer patrones, los haya o no. Con la radiación de fondo de microondas hay que saber si una anomalía tuvo lugar al azar o necesita algo más», afirma el cosmólogo Sean Carroll, del instituto de tecnología de California, que no participó en el estudio.
Resultados prometedores
Hasta ahora, el algoritmo ha encontrado 15 rasgos interesantes. Cuatro parecen especialmente prometedores, pero según Johnson, los análisis estadísticos sugieren que podrían ser resultado de la suerte.
Es posible que los mapas actuales de la radiación de fondo de microondas no sean lo suficientemente precisos como para detectar pistas de la supuesta colisión entre universos.
Por eso Johnson y sus colaboradores esperan ansiosos los datos del telescopio espacial Planck, que está grabando la radiación de fondo de microondas con una resolución tres veces mayor que la última, que se obtuvo con la sonda de la NASA Wilkinson Microwave Anisotropy Probe (WMAP).
La misión del Planck debería terminar este año, pero los datos deberán clasificarse, eliminando distorsiones causadas por la interferencia de cuerpos cercanos, lo que podría llevar hasta enero de 2013.
Un descubrimiento que lo cambiaría todo
Incluso con los datos del telescopio Planck, sería muy difícil encontrar pruebas de la colisión entre universos.
Una colisión podría destruir un universo antes de que nadie descubriera las pruebas que la demostraran, o no dejar ninguna prueba detectable. Incluso podría haber múltiples colusiones que ocultaran las pruebas unas de otras.
Si se produjo una fuerte colisión, y ésta es detectable, habría dejado algo atrás (una temperatura más baja, más elevada, irregularidades en la densidad de la materia…).
«Es casi imposible, pero sería un descubrimiento tan asombroso que merece la pena», concluye Carroll. «Si demuestran la existencia de un multiverso, cambiará la forma en la que vemos nuestro mundo».