Luz invisible en la Vía Láctea

Luz invisible en la Vía Láctea

Fotografía cortesía de NASA

Esta vez las sondas espaciales Voyager de la NASA han echado un vistazo fuera del Sistema Solar y han detectado algo que el ojo humano no había visto antes.


Según un nuevo estudio, las dos naves han descubierto un tipo de luz ultravioleta en otras regiones de nuestra Vía Láctea, que permanecía casi invisible debido a la luz del Sol.


«Se ha intentado desde la órbita de la Tierra, sin éxito», afirmó el científico de Voyager Bill Sandel, de la Universidad de Arizona, en Tucson.


La luz, una longitud de onda ultravioleta llamada Lyman-alfa, es emitida por átomos de hidrógeno cuando se enfrían. La radiación es especialmente intensa en los puntos de formación estelar.


Sin embargo, desde la Tierra, la luz ultravioleta no es visible debido a la radiación solar, que es dispersada por los átomos de hidrógeno que vagan por el espacio, al igual que durante el día la atmósfera de la Tierra dispersa la luz del Sol e impide que podamos ver las estrellas.


Comprensión galáctica


Durante mucho tiempo los astrónomos han observado la radiación procedente de galaxias lejanas. Debido a que la luz de otras galaxias sufre el fenómeno llamado «corrimiento al rojo», la radiación se distingue de la propia luz del sistema solar.


Sin embargo, la luz de las regiones de formación de estrellas de nuestra galaxia no experimenta tal fenómeno, por lo que es más difícil de detectar.


Las sondas Voyager 1 y 2, lanzadas en 1977, llegaron a la región más externa de nuestro Sistema Solar, llamada heliofunda (heliosheath en inglés), en 2004, y ahora están, respectivamente, a 120 y 100 veces más lejos del Sol que la Tierra.


La gran distancia de las sondas con respecto al Sol, junto con el nuevo método de análisis de datos elaborado por Rosine Lallement, del Observatorio de París, permite al equipo distinguir la radiación de la luz del Sol.


Los nuevos datos «permitirán a los teóricos construir modelos para los procesos que controlen la producción y propagación de la radiación Lyman-alfa cerca del Sistema Solar», comentó Avi Loeb, jefe del departamento de astronomía de la Universidad de Harvard, que no participó en el estudio.


«Esta mayor comprensión ayudará a los astrónomos a interpretar las propiedades de las galaxias lejanas».


Las Voyager siguen con su misión


A pesar de que la generación de energía a bordo de las sondas ha disminuido y que varios de sus instrumentos científicos no están funcionando, es posible que las naves todavía nos ofrezcan algún descubrimiento más.


Durante los próximos años las sondas deberán alcanzar el borde del Sistema Solar, llamado «arco de choque», donde el viento solar, partículas cargadas procedentes del Sol, pierde velocidad al chocar con gas interestelar.


«Sin duda descubriremos muchas cosas cuando crucemos el arco», afirmó Sandel.


Los datos de las sodas Voyager aparecen en un artículo publicado online esta semana en Science Express.

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