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Los análisis confirman que recibió varias heridas en la cabeza

Los análisis confirman que recibió varias heridas en la cabeza

FOTOGRAFÍA DE UNIVERSITY OF LEICESTER VIA CORBIS

Según un nuevo estudio publicado en la revista The Lancet, Ricardo III murió por heridas en el cráneo mientras luchaba ya apeado de su caballo.

Los expertos forenses han concluido, tras el análisis de sus restos, que el último rey inglés muerto en combate sufrió once heridas en el campo de batalla de Bosworth en1485. Nueve de ellas las recibió en la cabeza, de las que dos fueron mortales, según declara Sarah Hainsworth, de la Universidad de Leicester y una de las autoras del informe.


Para el estudio utilizaron tomografía computarizada de todo el cuerpo e imágenes de micro-CT para recrear los últimos momentos del rey, que abandonó su caballo cuando quedó atrapado en un lodazal y fue rodeado por tres o cuatro asaltantes armados.

«¡Mi reino por un caballo!», clamaba Ricardo III en la obra de Shakespeare, una escena que parece adaptarse a la perfección a la teoría de los expertos.


«Las heridas en el cráneo sugieren que no llevaba casco, mientras que la ausencia de heridas en brazos y manos parece indicar que sí que llevaba armadura», señala Hainsworth. 

El equipo también encontró otra herida grave en la zona de la pelvis que pudo ser mortal, pero ha concluido que fue provocada tras la muerte.

«Si la hubiera recibido en vida, se habría desangrado hasta morir», señala la experta. «Sin embargo, dado el ángulo de la herida, parece poco probable que la sufriera mientras luchaba, su armadura le habría protegido».


Se dice que el cuerpo fue subido a lomos de un caballo para ser trasladado y enterrado por los monjes en el terreno de una iglesia cercana.

«Esa posición sobre el caballo sería la correcta para infligirle la herida, que se entiende como un acto de humillación», sugiere Hainsworth. 

El rey fue enterrado sin pompa alguna y condenado al olvido, hasta que sus restos fueron descubiertos en 2012 bajo un aparcamiento de Leicester; los análisis de ADN demostraron que efectivamente se trataba del esqueleto de Ricardo III.


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