Agrónomo de Wisconsin, Kutschenreuter ha estado trabajando en Haití durante más de dos décadas, recientemente en la conservación del suelo y en proyectos de creación de terrazas en las laderas dirigidos por la Organización Internacional para la Migración. Los objetivos de Kutschenreuter: crear empleo e invertir la espiral decadente del país hacia la degradación ecológica y la pobreza extrema, problemas exacerbados por el terremoto del año pasado y el historial de daños provocados por huracanes en la isla.
Con tan solo una fracción de su cubierta forestal intacta, Haití cada vez es más vulnerable a riadas y deslizamientos de tierra. Sin las raíces de los árboles, tan sólo penetra en el suelo un cuarto del agua que debería hacerlo. Las tormentas a menudo dañan los sistemas hidráulicos que existen, inutilizando el acceso al suministro de agua limpia potable. Naciones Unidas (UN) calcula que aproximadamente 36 millones de toneladas de rica capa vegetal son barridas cada año por el viento y la lluvia y muchas de esas toneladas acaban en ríos y lagos donde se convierten en un paisaje de barro inerte durante la época de lluvia. Con la pérdida de la fertilidad del suelo, la productividad del cultivo cae y los granjeros acuden cada vez más a la tala de árboles para utilizarlos como leña y carbón vegetal como fuente de ingresos.
Con el reciente estallido del cólera en los campos abarrotados por víctimas del terremoto y en áreas rurales montañosas donde la gente acude por agua al río o a pozos subterráneos, se podría producir un daño añadido a los recursos forestales. Según Wesler Lambert de Partners in Health, cuando se pide a los ciudadanos que hiervan el agua como medida de protección contra el cólera u otras enfermedades transmitidas por el agua, éstos utilizan carbón vegetal lo que conduce a más deforestación y, por lo tanto, más inundaciones.
Reconstruir laderas y futuros
Kutschenreuter trabaja en una zona del norte de Haití llamada Gonaïves, que no vivió la devastación producida por el terremoto, supervisando la plantación y los proyectos de creación de terrazas para ralentizar el flujo del agua y proteger la capa vegetal. Aunque la zona del proyecto es tan solo una pequeña área de Haití, ofrece un atisbo de lo que es un paisaje rehabilitado.
Remendar el medio ambiente de Haití es el ambicioso objetivo de un nuevo programa denominado Iniciativa por la Regeneración de Haití, encabezado por el Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El esfuerzo comenzó en 2008 con la restauración ecológica de una de las varias docenas de cuencas del país. En la actualidad, tras haber conseguido 8 millones de dólares de financiación, los líderes del proyecto están ampliando su alcance a la costa sur de Haití y aunarán esfuerzos de restauración medioambiental y de desarrollo como la construcción de infraestructuras para el agua potable y saneamiento así como mejora del sustento de los haitianos.
Hasta ahora, gran parte del trabajo se ha centrado en la organización: utilizando estudios de calidad del suelo y datos de satélites sobre la topografía y los patrones hidráulicos para crear un mapa que determine qué laderas pueden soportar cultivos. También han instalado un pluviómetro automático que informa a Nueva York sobre la velocidad del viento y los datos de precipitaciones en tiempo real y podría convertirse en un sistema de alertas por riesgo de inundación.
Este programa agrega prácticas que NU ha desarrollado en pueblos africanos. “El rendimiento de las cosechas de Haití es uno de los menores del mundo” afirmó Marc Levy, profesor de la Universidad de Columbia y director del programa del Instituto de la Tierra. “Al utilizar fertilizantes y mejores prácticas de gestión podrían doblar o triplicar su productividad muy rápidamente”. Los árboles frutales como los plataneros o los mangos podrían plantarse a lo largo de laderas y se podrían construir muros que los protegieran de la erosión. Centrándonos en un uso más eficaz de la “buena” tierra como las mesetas, los agricultores podrían abandonar algunos de los niveles más abruptos. Los programas de reforestación proporcionarían empleos alternativos a la tala de árboles para la producción de carbón y leña.
Sin embargo, la idea de elegir no cultivar una pendiente concreta por su valor para la protección contra las inundaciones y la calidad del agua, “un sacrificio individual en beneficio colectivo” desafía las estrategias de supervivencia en las que han confiado los agricultores pobres durante siglos, afirmó Levy. Él considera que invertir el declive ecológico del país supondría un cambio significativo, como el que promueve la Iniciativa por la Regeneración de Haití.
Muchos científicos y políticos han reconocido las consecuencias de la dependencia en el carbón. Según un informe económico de 2008 encargado por el Secretario General de NU, Ban Ki-moon, la plantación de valiosos mangos para su exportación sería una mejor estrategia para los agricultores haitianos. Se debería establecer un impuesto por tala de árboles para incentivar empleos alternativos a la producción de carbón como plantadores de árboles y guardas forestales. Sin embargo, los agricultores pobres, que durante mucho tiempo han sido excluidos de los beneficios de la exportación, tradicionalmente eligen agricultura de subsistencia. Cambiar los incentivos requeriría un fuerte liderazgo del gobierno y la ausencia de dicho liderazgo fue un obstáculo para los enormes esfuerzos de reconstrucción incluso antes de que las elecciones de finales de noviembre se vieron frustradas por el fraude y desencadenaran los disturbios según consideran los analistas.
Sin un gobierno fuerte comprometido con la resolución de estos problemas en Haití, los programas de rehabilitación han tenido, como mucho, resultados regulares. Los defectos más habituales en estos proyectos, que han recibido un total de 391 millones de dólares desde 1990, según la Iniciativa por la Regeneración de Haití, incluyen la ausencia de coordinación entre las organizaciones de ayuda internacionales y los ministerios gubernamentales, ausencia de empleos alternativos y la falta de participación local así como un historial de “intervenciones a corto plazo aplicadas a problemas a largo plazo”.
El proyecto de Kutschenreuter en Gonaïves fue el primero en incorporar el asesoramiento del Programa de Medio Ambiente de NU en su enfoque, según Antonio Perera del PNUMA.
Un principio fundamental de la Iniciativa por la Regeneración de Haití es la importancia de la cooperación entre la ONGs, el gobierno y los residentes en las zonas que abarca el proyecto. Gran parte del trabajo a realizar durante el próximo año se basará en asociaciones con un comité de líderes locales según Alex Fisher del Instituto de la Tierra.
“Estamos observando las etapas iniciales de una coalición de grupos que juntos tienen potencial para alcanzar una proporción significativa de población y tienen relaciones muy fuertes con todos los actores principales”, afirmó Fisher. “Si seguimos en esta línea, definitavemente tenemos motivos estar esperanzados”.
Los informes en curso de William Wheeler en Haití están respaldados por una subvención del Centro Pulitzer de Información sobre Crisis.
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