El transbordador espacial soviético olvidado podría volar

Durante la guerra fría, la URSS construyó lo que parecía un transbordador espacial para competir con el programa de Estados Unidos. Jueves, 9 Noviembre

El programa del transbordador espacial ya es historia, pero sus icónicos nombres todavía despiertan los recuerdos de aventuras en vuelos espaciales: Enterprise, Challenger, Buran.

Espera, ¿Buran?

De hecho ese nombre si que adornó un transbordador espacial, un doppelganger nacido de la guerra fría. El programa Buran duró lo suficiente como para consumir dinero hasta que a su gobierno no le quedaba más que gastar – pero la nave espacial apenas se levan´to del suelo. Buran (tormenta de nieve en ruso) tan solo hizo un vuelo espacial. Estuvo en órbita sobre La Tierra el 15 de noviembre de 1988, completando un vuelo no tripulado de 3 horas y media. El exitoso lanzamiento no fue mucho teniendo en cuenta todos los años de esfuerzos, pero esa no es toda la historia del Buran.

Los científicos de la URSS habían jugado con la idea de una nave espacial reutilizable durante décadas. Pero el crecimiento del programa del transbordador espacial estadounidense durante el comienzo de la década de 1970 encendió el interés soviético de producir una astronave similar. (El transbordador espacial Columbia puso en órbita el programa lanzadera norteamericano en abril de 1981)

La rivalidad durante la guerra fría – y el miedo por el armamento espacial - hizo sentir a la Unión Soviética que tenía que igualar los logros conseguidos por los Estados Unidos, dice Cathleen Lewis, conservadora de los Programas Espaciales Internacionales en el Instituto Nacional del Aire y el Espacio del Museo Smithsonian.

“Los soviéticos especulaban con que el transbordador sería utilizado para capturar y destruir satélites,” dice Lewis, especialista en programas espaciales soviéticos y rusos. “Esto ocurrió en una época en la que la Unión Soviética estaba realmente esforzándose al máximo intentando no descolgarse de la tecnología militar estadounidense, así que querían su propio transbordador y lo construyeron como un competidor de la lanzadera americana”.

La decisión no le sentó bien a muchos dentro del programa espacial soviético.

“Fue rotundamente censurado en el gremio de las ciencias espaciales soviéticas en aquel momento,” dice Lewis. Los oficiales espaciales soviéticos lamentaron que Buran drenase los fondos de otros proyectos más exitosos. “Era la época en sus científicos espaciales tenían la atención de todo el mundo por la culminación de los logros soviéticos en la exploración de Venus.” (El martes es el aniversario del primer vuelo espacial tripulado por humanos, llevado a cabo por Yuri Gagarin en 1961.)

Pese a esas objeciones, el gobierno soviético empleó grandes recursos en el programa.

Durante su apogeo, Buran empleó a mas de 150.000 ingenieros, científicos, técnicos y otros empleados – incluso contando a muchos trabajadores de la fábrica que en un principio no sabían exactamente que se estaba produciendo. El programa comenzó en secreto, pero pronto comenzaron los rumores. En 1982, un avión de reconocimiento australiano hizo circular fotografías de barcos rusos sacando del océano una pequeña reproducción de una aeronave que resultaba muy familiar para los ojos americanos.

El transbordador soviético guardaba un asombroso parecido con su homólogo americano por un motivo: Sus diseñadores habían conseguido las especificaciones de la lanzadera americana gracias al espionaje. Pero aunque los soviéticos usaron toda la información que pudieron reunir sobre la versión americana, no la copiaron a ciegas. Su diseño presentaba algunas diferencias importantes.

Reconocidos pilotos soviéticos realizaron tests de la nave en vuelos de entrenamiento (en la atmósfera terrestre, no en el espacio), pero Buran fue diseñada con el fin de viajar sin la necesidad de ser tripulada por un humano. Su único vuelo en órbita es destacable por ese logro – el transbordador regresó del espacio con un perfecto aterrizaje parecido al de un avión totalmente controlado por ordenador.

Otra diferencia evidente entre las dos lanzaderas era el diseño de motores.

Los tres motores del transbordador norteamericano regresaron a La Tierra con el orbitador después de cada vuelo. Buran dependía de cuatro motores principales depositados en un cohete desechable separado. Confiar en un vehículo de lanzamiento en lugar de diseñar motores de alta eficiencia se suponía que ahorraría dinero, dice Lewis.

El gigantesco cohete Energía fue diseñado para ser tan potente como cualquier otro cohete jamás construido. Eso le proporcionaba flexibilidad al sistema. La lanzadera americana podía llevar al espacio únicamente lo que cupiese en sus almacenes de carga, pero el potente cohete soviético podía llevar casi cualquier cosa al espacio en cargas muy superiores a las 100 toneladas. Esa flexibilidad era muy seductora durante una época en la que las mentes de la guerra fría estaba ocupadas en posibilidades de futuras estaciones espaciales para el programa de “La guerra de las Galaxias” del presidente Reagan.

El colapso de la economía soviética hizo que ninguno de los ambiciosos programas que pudieron haber probado y refinado el cohete para futuros usos se materializasen. En su lugar, el cohete Energia sufrió el mismo destino el propio Buran, guardado en un almacén después de su lanzamiento de 1988 sin volver a volar de nuevo. El presidente Boris Yeltsin canceló el programa oficialmente en 1993.

“A dónde pudo haber llegado,” dice Lewis. “Son cosas que nunca sabremos.”

Un par de transbordadores de prueba en ruinas, con algunas historias interesantes, es todo lo que queda del proyecto que un día fue un orgullo. El Buran, que hizo el único vuelo en órbita del proyecto ya no está. Fue destruido en el 2002 cuando su hangar en el Cosmódromo de Baikonur se derrumbó en un accidente que le costó la vida a ocho personas. Dos naves hermanas utilizadas para realizar pruebas ahora permanecen en un estado de decadencia gradual; una en el cosmódromo en la solitaria estepa e Kazajistán y otra en la base aérea de Zhukovsky cerca de Moscú.

Una segunda pareja de lanzaderas de prueba ha permanecido a la vista del ojo público. Una ha dado la vuelta al mundo en barco e incluso pudo verse en las Olimpiadas de Verano de Sídney en el año 2000. Ahora descansa en el Museo Technik en Speyer, Alemania. La segunda nave de prueba sirvió de estructura para un restaurante en el parque Gorky de Moscú. En 2014 hizo otro viaje, aterrizando en un escaparate público de mayor importancia en la Exposición de los Logros Económicos Nacionales en Moscú.

Ese movimiento hace que Lewis se pregunte por qué la historia de Buran está siendo públicamente celebrada de nuevo y cual podría ser su legado. Los rusos “definitivamente no están planeando resucitar la tecnología. Pero incluso como un icono del pasado, definitivamente no es la forma ideal en la que te gustaría presentar la historia. Han tenido muchas actividades espaciales mucho más exitosas que el proyecto Buran.”

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