Los ríos contaminados con cocaína, un peligro para las anguilas

Los residuos de drogas en el agua podrían afectar a los peces nativos.jueves, 21 de junio de 2018

Por Joshua Rapp Learn - National Geographic

Las anguilas en grave peligro de extinción puestas de cocaína podrían tener dificultades a la hora de hacer su viaje de casi 6.000 kilómetros para aparearse y reproducirse, según advierte una nueva investigación.

Aunque las sociedades se han esforzado para encontrar formas de luchar contra el consumo de drogas ilícitas, no se tiene tanta información sobre cómo estas drogas podrían afectar a otras especies una vez entran en el entorno acuático a través de las aguas residuales.

De este modo, en nombre de la ciencia, un equipo de científicos estudió los efectos de la cocaína en las anguilas europeas en un laboratorio durante 50 días seguidos.

Las anguilas europeas tienen patrones vitales complejos: pasan de 15 a 20 años en aguas dulces o salobres en las vías fluviales europeas antes de atravesar el Atlántico para desovar en el mar de los Sargazos, al este del Caribe y en la Costa Este de los Estados Unidos. Aunque las anguilas también se crían como alimento, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera que la población salvaje se encuentra en peligro crítico de extinción debido a las presas y otros cambios en las vías fluviales que bloquean sus migraciones, la sobrepesca y diversos tipos de contaminación hídrica.

Las anguilas son vulnerables a las concentraciones residuales de cocaína, especialmente en las etapas tempranas de vida, según los investigadores de un estudio publicado en Science of the Total Environment.

Curiosidades sobre las anguilas lobo

«Los datos muestran una elevada presencia de drogas ilícitas y sus metabolitos en aguas superficiales de todo el mundo», afirma Anna Capaldo, bióloga investigadora en la Universidad de Nápoles Federico II y autora principal del estudio. Añade que el agua cerca de ciudades densamente pobladas es aún peor, y algunos estudios muestran concentraciones muy altas en el río Támesis, cerca del palacio de Westminster, en Londres, y en el río italiano Amo, cerca de Pisa y su célebre torre inclinada.

Una prueba de drogas

Capaldo y sus colegas colocaron a las anguilas en agua con pequeñas dosis de cocaína, las mismas que se encuentran en algunos ríos. Descubrieron que las anguilas parecían hiperactivas, pero mostraban la misma salud general que las anguilas no drogadas. Sin embargo, sus cuerpos contaban una historia diferente.

Descubrieron que la droga se acumula en el cerebro, los músculos, las branquias, la piel y en otros tejidos de las anguilas. El músculo de los peces también mostraba hinchazón e incluso fallos, y las hormonas que regulan su fisiología cambiaron. Estos problemas persistieron cuando las sometieron a un periodo de rehabilitación de 10 días en el que los investigadores quitaron a las anguilas del agua con cocaína.

«Las funciones principales de estos animales se vieron alteradas», afirma Capaldo.

Algo especialmente preocupante es que la cocaína aumenta los niveles de cortisol, una hormona del estrés que induce el consumo de grasa. El problema es que las anguilas europeas necesitan acumular grasa antes de migrar al mar de los Sargazos para aparearse y los niveles más altos de cortisol podrían retrasar el momento de su viaje.

También señala que el aumento de los niveles de dopamina que experimentaron las anguilas drogadas también les impedía alcanzar la madurez sexual. «Es probable que, en estas condiciones, la reproducción de las anguilas se vea afectada».

Además, la hinchazón y el fallo muscular podrían afectar a la capacidad de las anguilas para llegar al mar de los Sargazos.

Emma Rosi, científica del Cary Institute of Ecosystem Studies que no participó en el estudio, dice que Capaldo y sus colegas emplearon concentraciones medioambientalmente relevantes de cocaína en su investigación.

Afirma que, en casos con drogas de por medio, podría ser necesaria una concentración mucho mayor para matar a los organismos, pero incluso las bajas concentraciones les afectan, sobre todo en términos de interacciones depredador-presa.

Rosi ha estudiado los efectos de los antidepresivos como el Prozac y de las anfetaminas en los ecosistemas acuáticos, y ha descubierto que modifican las comunidades bacterianas y de algas en el agua y que pueden afectar al ritmo de crecimiento y a los ciclos de vida de los insectos.

Según Capaldo, las drogas ilegales como la cocaína son solo parte del problema. Estas aguas también contienen residuos de otras drogas ilícitas, metales pesados, antibióticos y pesticidas. «No sabemos las posibles consecuencias de una combinación de sustancias como estas, pero está claro que pueden influir en la supervivencia o en el estado de salud de las anguilas», afirma, añadiendo que otras especies, además de las anguilas, podrían experimentar cambios corporales similares si se exponen a la cocaína.

Tratamiento para la drogas

Capaldo dice que el problema podría resolverse mediante un tratamiento de aguas residuales más eficaz, o si las personas no consumiesen drogas ilícitas.

Daniel Snow, director del laboratorio de ciencias hídricas de la Universidad de Nebraska, que no participó en el estudio, se muestra escéptico ante la propuesta de que el problema se resuelva poniendo fin al consumo de drogas ilícitas.

«Si esa es la solución, las leyes ya pondrían fin al consumo. No hay pruebas de que las leyes controlen el consumo», afirma.

Snow, que ya había estudiado el efecto de las drogas y otros contaminantes sobre la fauna y flora acuáticas, espera que las investigaciones como la de Capaldo atraigan suficiente atención como para que la gente empiece a pensar en las consecuencias de sus actos. Pero, según él, la solución probablemente vendrá de la ingeniería.

«Básicamente puedes tratarlo todo hasta cierto grado de pureza, todo se reduce a cuánto dinero quieres invertir en el proceso de tratamiento».

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