¿Cómo puedo ayudar a salvar especies?

Estos son los consejos de Joel Sartore para contribuir a la conservación de las especies.

Por National Geographic Photo Ark
Publicado 11 sept 2018, 15:57 CEST
Joel Sartore lucha por salvar a los animales a través de la fotografía
Esta historia forma parte de Photo Ark, de Joel Sartore, el mayor catálogo fotográfico de especies en peligro de extinción. No te pierdas la exposición fotográfica en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, del 5 de octubre al 5 de enero. Más información aquí.

Apoya a tus zoológicos, acuarios o centros de rehabilitación de fauna salvaje locales. Trabajan sin descanso para salvar animales salvajes los 365 días del año. Muchas especies solo existen en cautividad, de forma que cuando apoyas a un zoo local acreditado, tu dinero se destina directamente a criar y salvar animales poco comunes.

Planta un jardín de polinizadores para salvar abejas y mariposas, y cuida tu jardín de forma natural, sin emplear plaguicidas, herbicidas y fertilizantes, ya que son venenosos para nuestros amigos los insectos polinizadores. Escoge plantas que sean autóctonas de la zona y del país en el que vives. Si combinas un jardín de polinizadores con cuidados orgánicos, este será un refugio para polinizadores como mariposas y abejas. Puedes leer nuestro PDF interactivo (en inglés) sobre cómo ayudar a los polinizadores haciendo clic aquí.

Reduce, reutiliza y recicla lo que compres. El reciclaje es el último recurso, ya que se necesita mucha energía para descomponer y recomponer materiales. Es mejor comprar menos y reutilizar más. También es importante comprar ropa de segunda mano, ya que la industria de la moda es la segunda más contaminante tras la del petróleo. ¡Ser sostenible está de moda!

Usa menos plástico a diario dejando de utilizar objetos de un solo uso, como las bolsas de plástico, las cápsulas de café y las pajitas y tapaderas de plástico de las cafeterías. El plástico no se biodegrada por completo y es muy perjudicial para la fauna marina en particular. Usa bolsas de la compra reutilizables y lleva tu propia taza si sabes que vas a comprar una bebida. Muchas cafeterías ofrecen un descuento si traes tu propia taza.

¡Come más sano! Come menos carne y consume alimentos locales cuando sea posible. La producción de carne gasta mucha energía, grano y agua. Intenta limitar tu consumo de carne a unas pocas veces por semana. Si compras frutas y verduras de producción local, apoyarás a los agricultores locales y no serán necesarias las emisiones de carbono de un camión que te las traiga desde la otra punta del país. Además, es más probable que sean orgánicas y que sepan mejor, así que escoge lo mejor para tu cuerpo y para el planeta.

Lee el etiquetado de los alimentos y no compres productos que contengan aceite de palma. El aceite de palma se encuentra en hasta el 50 por ciento de los alimentos de un supermercado y, si procede de fuentes poco éticas, contribuye a la deforestación y la pérdida de hábitat. También puedes visitar la página web de Roundtable on Sustainable Palm Oil (RSPO) cuando hagas la compra para acceder a la lista de empresas que cultivan palma aceitera de forma que no afecte negativamente a la fauna salvaje.

¿Eres fan del sushi? La mayor parte de los productos del mar no se pescan o se crían de forma sana para los océanos o las poblaciones. Comprueba qué pescados y mariscos escoger cuando compres o comas fuera con la app Seafood Watch de la página web del Acuario de la bahía de Monterrey.

Conduce un coche más pequeño y conduce menos. Es hora de replantearte el desplazarte solo en un todoterreno o una camioneta. Aunque la gasolina sea barata, expulsar más carbono del necesario al aire es perjudicial para el medio ambiente. También es ideal comprar un coche usado, ya que el proceso de fabricación de un coche nuevo, de elevado consumo energético, supone hasta el 28 por ciento del impacto medioambiental total del vehículo. Además, desde el momento que sacas del concesionario un coche nuevo, su valor disminuye hasta un 11 por ciento. Piensa en tu cartera y en la Tierra: compra un coche usado más pequeño y comparte coche siempre que sea posible.

Insiste en que las autoridades locales compren energía sostenible. No esperes a que la Tierra se caliente y se empobrezca por culpa de los combustibles fósiles. ¡Cambia ahora! Mantente informado sobre lo que ocurre a nivel del medio ambiente. ¿Sabes qué leyes se están debatiendo? ¿Sobre qué podrías votar? Puedes hacer que se oiga tu voz y mantenerte al día de lo que ocurre leyendo fuentes como Amigos de la Tierra Internacional.

Recicla, vende o cambia tus teléfonos móviles o dispositivos electrónicos pequeños. El tantalio, un material empleado en nuestros móviles, se extrae en minas en zonas de África que se encuentran en el área de distribución de muchos primates en peligro de extinción. Si reciclamos estos aparatos electrónicos, el tantalio puede reutilizarse, reduciendo así la necesidad de la minería en estos hábitats. También puedes cambiar o vender tu dispositivo, con lo que el tantalio también se reutilizaría.

Lee las etiquetas de los productos de higiene personal. Muchos productos contienen microesferas, pequeños exfoliantes plásticos, que al irse por el desagüe acaban en cursos de agua donde se bioacumulan en la fauna marina. Deja estos plásticos y opta por alternativas naturales a los productos de belleza que sueles utilizar, lee las etiquetas y descárgate una aplicación como Think Dirty™, que puede ayudarte a comprar pensando en el planeta.

Reduce los residuos de papel cancelando suscripciones de correo basura y catálogos, y comprando papel higiénico fabricado con papel reciclado para reducir la cantidad de árboles procesados. Existen aplicaciones como PaperKarma que cancelan automáticamente las suscripciones a correo basura. Despeja el buzón y ayuda a los bosques al mismo tiempo.

Que no te engañe la ecoimpostura. La ecoimpostura consiste en que una empresa reconozca la necesidad de ser responsable con el medio ambiente, pero en lugar de tomar medidas reales, disfrazan su producto usando palabras clave «medioambientales» para reconfortar al consumidor. Palabras como «puro» o «natural» no tienen por qué significar nada, así que lee las etiquetas y piensa por ti mismo.

Aísla tu casa. Evitarás que el aire acondicionado se filtre al exterior, reducirás tu huella de carbono y te ahorrará dinero a largo plazo. Además, acostúmbrate a ponerte un jersey o quitarte capas antes de acudir directamente al termostato cuando tengas frío o calor.

Desenchufa tus dispositivos cuando no los utilices. Aunque no tengas encendido el secador, dejarlo enchufado extrae energía de la fuente y la desperdicia. Elimina a los vampiros energéticos desconectando tus dispositivos cuando no los uses.

Compra comida local. Es mejor para la economía local y ahorra un montón de combustibles fósiles. ¿Por qué traer un tomate desde la otra punta del mundo si puedes comprar uno que procede de una plantación cercana? Además, no olvides que los alimentos locales saben mejor porque son más frescos. Y es probable que también sean orgánicos, lo que es mejor para ti.

Usa un detergente de agua fría para lavar la ropa. Así no gastarás energía calentando el agua.

Insiste en el uso de energías renovables como la eólica, la solar y la hidroeléctrica.

Vota con tu dinero. Cada vez que abres el monedero o la cartera, votas por los productos que eliges. Les dices a los comerciantes que apruebas su producto y quieres que fabriquen más. Por eso debes vigilar los productos que compras. No compres muebles hechos de madera dura asiática. No compres alimentos elaborados con aceite de palma, ya que su producción deforesta las selvas. La forma de gastar el dinero puede mover montañas, así que «vota» de forma sostenible para el futuro. Tienes la capacidad de cambiar el mundo.

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