Las serpientes también tienen amigos

El estudio es el último de un corpus creciente de pruebas de que los animales establecen relaciones sólidas.

jueves, 14 de mayo de 2020,
Por Virginia Morell
Serpiente de jarretera oriental

La serpiente de jarretera oriental (Thamnophis sirtalis sirtalis) es autóctona del este de Norteamérica.

Fotografía de Michelle Gilders, Alamy

Muchos consideramos que las serpientes son seres solitarios y fríos, tan diferentes de otras de su tipo como de nosotros.

Sin embargo, un nuevo estudio determina que esta idea es errónea, sobre todo en las serpientes del género Thamnophis. Estas criaturas no venenosas, que se distribuyen desde las frías planicies de Canadá a los bosques de Costa Rica, establecen preferencias respecto a las serpientes con las que se relacionan. En otras palabras: tienen «amigos».

«Todos los animales, hasta las serpientes, necesitan interactuar con otros», afirma Morgan Skinner, líder del estudio y candidato a doctor en ecología del comportamiento en la Universidad Wilfrid Laurier, Canadá. Para investigar esta teoría, Skinner diseñó un nuevo experimento para evaluar las personalidades y la sociabilidad de las serpientes de jarretera orientales (Thamnophis sirtalis sirtalis).

Según sus resultados, «al igual que nosotros, [las serpientes] buscan contactos sociales y son selectivas respecto a con quién socializan», afirma Skinner, cuyo estudio se publicó recientemente en Behavioral Ecology and Sociobiology.

La idea de que las serpientes entablan amistades cercanas puede parecer sorprendente, pero cada vez se descubren más relaciones de este tipo en todo el reino animal, como en flamencos, murciélagos o elefantes. Por ejemplo, un análisis reciente de los murciélagos vampiro ha demostrado que murciélagos y humanos entablan amistades condicionales.

Es probable que los científicos hayan mejorado a la hora de descubrir amistades entre animales respecto a hace 30 años, en parte porque muchas sociedades se muestran más receptivas a dicho concepto y porque los investigadores cuentan con mejores herramientas para recopilar y analizar los datos.

El análisis de las redes sociales en fauna silvestre, como las serpientes, «ha dado grandes saltos en las últimas décadas», afirma Noam Miller, coautor del estudio, psicólogo comparativo y tutor de Skinner.

De hecho, conforme se amplía este campo de estudio, es cada vez más común el uso de la palabra «amigo» a la hora de debatir dichas relaciones en animales no humanos.

Es algo que no era habitual en 2012, como explica Melissa Amarello, herpetóloga y directora de Advocates for Snake Preservation: a ella le desaconsejaron el uso del término en su tesis sobre los lazos entre serpientes de cascabel negras en Arizona.

«Este estudio es fantástico», afirma.

Serpientes en un refugio

Para el estudio de investigación, Miller y Skinner observaron 40 serpientes de jarretera orientales juveniles, 30 de madres capturadas en estado silvestre y 10 de una sola camada compradas a un criador.

Para poder seguir a los reptiles, Skinner marcó a cada una con un patrón de puntos de colores no tóxicos en la cabeza. En el laboratorio, colocó 10 serpientes (machos y hembras) dentro de un entorno cerrado con cuatro refugios de plástico con entradas pequeñas. Como solo había cuatro refugios, las 10 serpientes tuvieron que formar grupos.

Durante ocho días, de las siete de la mañana a las siete de la tarde, una cámara grabó imágenes del escenario de prueba cada cinco segundos para seguir los movimientos de las serpientes. Skinner también fotografiaba las serpientes y sus grupos dos veces al día. Más adelante, las sacó, limpió el recinto para eliminar los olores y recolocó a las serpientes, pero en sitios diferentes.

Las serpientes de jarretera orientales se enroscan las unas sobre las otras, una estrategia para entrar en calor y defenderse de los depredadores.

Fotografía de Tom Gantert

Sin embargo, las serpientes tenían otra idea en mente. No se quedaron en los lugares donde las colocó Skinner, sino que volvieron a sus grupos originales de tres a ocho individuos dentro de los refugios. Es más, buscaban a serpientes específicas con las que se habían relacionado antes.

«Presentan una cognición social sofisticada. Pueden distinguir a las demás», añade Miller.

Reptiles intrépidos

Los científicos también analizaron las personalidades de las serpientes, específicamente si mostraban «timidez» o «audacia», los dos rasgos principales que se evalúan en la fauna silvestre. Para comprobar si una serpiente de jarretera oriental era audaz, la colocaban sola en un refugio.

Los individuos tímidos suelen quedarse quietos y rara vez salen al exterior del recinto. Por su parte, las serpientes más atrevidas normalmente abandonaban el refugio para explorar y reptar por su nuevo hábitat.

Pero una vez estaban en grupo, las diferencias de personalidad desaparecían y, en general, las serpientes seguían a la manada, lo que quizá sea una estrategia para estar a salvo en la naturaleza.

Por supuesto, la limitación del experimento es que se llevó a cabo en cautividad. «Los animales se comportan de forma distinta en cautividad, así que me pregunto cómo se traduce esto a condiciones naturales», señala Amarello.

Sin embargo, como las serpientes de jarretera salvajes forman grupos similares a los creados en el laboratorio, Miller y Skinner sospechan que dichas relaciones también ocurren en la naturaleza y que son comunes en muchas especies de reptiles.

¿Solitarias y misteriosas? En absoluto

Aunque las amistades entre animales suelen ser noticia hoy en día, Miller advierte que dicha amistad «podría no tener nada que ver con los motivos por los que los humanos hacemos amigos».

De hecho, los científicos no tienen ni idea de qué motiva las amistades de las serpientes de jarretera, aunque sí saben que no están relacionadas con la reproducción ni el apareamiento: las serpientes del estudio no preferían entablar amistad con el sexo opuesto.

Con todo, estas asociaciones deben ofrecer algún beneficio, de lo contrario los animales no malgastarían energía para establecer esos lazos. Por ejemplo, las serpientes amigas se enroscan las unas sobre las otras, lo que las ayuda a retener el calor y defenderse de los depredadores.

Según Gordon Burghard, biólogo evolutivo de la Universidad de Tennessee, sea cual sea el motivo, el estudio «debería convencer a la gente de que las serpientes no son solitarias y misteriosas, sino que poseen más inteligencia social y un repertorio social más amplio de lo pensado».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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