Animales

El arma secreta de los caballitos de mar: su cabeza

Por Redacción National Geographic

7 de julio de 2015

Según un estudio, la curiosa forma de la cabeza de los caballitos de mar les convierte en los mejores «cazadores» de uno de los manjares más codiciados del mar, los copépodos.

Si eres copépodos corres peligro las 24 horas del día, «todos quieren comerte», comenta el autor del estudio Brad Gemmell, biólogo marino de la Universidad de Texas (Estados Unidos). «Tienen una manera sorprendente de evitar ser capturados por sus depredadores».

Efectivamente, estos pequeños crustáceos son enormemente sensibles y rápidos: no ven, por lo que dependen de su sensibilidad para percibir cualquier deformación en el agua que les rodea, que podría significar que algún depredador se encuentra al acecho.

Cuando detectan algo así, desaparecen en un abrir y cerrar de ojos.

«Tienen una capacidad de respuesta superior a la mayoría de los animales conocidos», comenta Gemmell. «De unos dos o tres milisegundos desde que captan la señal».

Para poder atrapar una presa como ésta, hay que ser más rápido todavía: un estudio anterior ya señalaba que los caballitos de mar son más eficaces en aguas tranquilas que otros peces. Según Gemmell, tienen una tasa de éxito del 90%, frente al 30-40% de otros depredadores.

Ahora, un nuevo estudio afirma que la forma de su cabeza juega un papel fundamental a la hora de encontrar alimento, pues les permite moverse sigilosamente y acercarse mucho a los evasivos copépodos.

El hocico de los caballitos de mar es alargado, estrecho y redondo al final, por lo que apenas perturba el agua que se encuentra alrededor. Una vez tienen su presa lo suficientemente cerca, la succionan con la boca, que apenas es un poco más grande que su propia víctima.

Los investigadores emplearon técnicas de holografía digital para capturar los movimientos de un caballito de mar enano, el Hippocampus zosterae, y del agua en imágenes 3D.

Según Gemmell, el éxito de los caballitos de mar es menor en aguas turbulentas, donde otros peces tienen más posibilidades de conseguir alimento. Los lentos y sigilosos movimientos de los caballitos son más eficaces en ambientes más tranquilos, como en aguas profundas o arrecifes de coral.

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