Animales

El perro doméstico más antiguo de América era comida para humanos

Por Redacción National Geographic

24 de enero de 2011

Los científicos pudieron identificar el hueso “que tenía aproximadamente el tamaño de una uña del meñique de un adulto” como una pieza del cóndilo occipital derecho de un canino. Los cóndilos occipitales son parte del cráneo de los vertebrados y se sitúan donde el cráneo se une a la columna vertebral.

Las pruebas genéticas posteriores demostraron que el hueso procede de un perro y no de un lobo, coyote o zorro.

El hueso es la pruebas más antigua conocida de domesticación de perros en América, de hecho, es unos 8.000 años anterior a otros hallazgos, afirmó el co-autor Samuel Belknap III, estudiante de posgrado del Instituto del Cambio Climático de la Universidad de Maine.

“Como perro doméstico identificado genéticamente, es considerablemente más antiguo que los encontrados en el Nuevo Mundo”, aseguró Belknap.

Es más, el fragmento óseo se encontró dentro de unas antiguas heces humanas, lo que sugiere que los perros estaban siendo domesticados en América para algo más, además de realizar determinadas tareas y hacerles compañía.

Es lo suficientemente pequeño como para pasar a través del intestino pero aún así es demasiado grande para lo que se esperaría encontrar” explicó Belknap sobre el trozo de hueso. “El tamaño de algunos de los huesos que algunas personas tragaban es sorprendente. No masticaban la comida tan bien como la gente en la actualidad.”

¿Se comían perros durante los ritos antiguos?

La muestra del hueso de perro se encontró en 2009 en Hinds Cave (la Cueva de las Ciervas) en el suroeste de Texas. Las pruebas arqueológicas previas sugerían la existencia de un grupo de recolectores – cazadores que ocuparon la cueva hace más de 9.000 años.

Trabajando bajo la dirección de Kristin Sobolik de la Universidad de Maine, Belknap envió el hueso recién encontrado a la Universidad de Oklahoma, donde la antropóloga molecular Cecil Lewis y su equipo realizaron las pruebas genéticas.

Basándose en las pruebas de ADN anteriores, los científicos piensan que los humanos comenzaron a criar perros procedentes de los lobos grises hace entre 40.000 y 15.000 años.

A partir del tamaño del hueso, Belknap y su compañero, el estudiante de posgrado Robert Ingraham creen que el perro de la cueva de Texas pesaba aproximadamente entre 11,3 y 13,6 kilogramos y puede que se pareciera a algunas razas de perros mejicanos y peruanos.

Las pruebas arqueológicas sugieren que algunos nativos americanos, como los Sioux de las Grandes Llanuras, utilizaron en su momento perros para transportar bienes más o menos como los Inuit en Alaska utilizaban perros de trineo.

Los informes históricos de los misionarios españoles y los primeros exploradores europeos que datan del siglo XV también documentan que algunas culturas de América comían perros en tiempos de hambruna o con finalidad ceremonial.

Encontrar huesos de un perro antiguo es un trabajo sucio

Aunque el hueso del perro estaba introducido en restos fecales secos, encontrar la muestra fue un trabajo sucio: el hueso únicamente se reveló cuando Belknap rehidrató las heces y pasó la mezcla resultante a través de un colador.

A pesar de su edad, la caca rehidratada desprendía un olor inequívoco, afirmó Belknap.

Suelo ahuyentar a los miembros del departamento de antropología cuando decanto mis muestras”, aseguró.

De todos modos, para Belknap, los resultados de estos esfuerzos destacan la posibilidad de que otras muestras óseas de antiguos canes resulten pertenecer a perros domesticados.

Creo que los científicos deberían estar abiertos a utilizar las últimas técnicas disponibles para determinar si los huesos cánidos son de perro, de coyote o de lobo y no confiar únicamente en la identificación morfológica como medio de discernir las diferencias”, afirmó.

La investigación sobre el perro más antiguo se detallará en una próxima edición del American Journal of Physical Anthropology.

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