Animales

La descendencia del Solitario George

Por Redacción National Geographic

23 de noviembre de 2012

Las mareas pueden ser cruciales para una especie rara como las tortugas gigantes, que se creyeron extinguidas cuando su último miembro conocido, el amado Solitario George, murió en junio.

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Yale revela que el ADN de George y sus antepasados puede seguir vivo en una zona remota de las Islas Galápagos de Ecuador.

Esta no es la primera vez que los Chelonoidis abingdoni han revivido: Los reptiles fueron vistos por última vez de una forma masiva en 1906 y se consideraron extintos hasta el descubrimiento en 1972 del Solitario George, con 60 años de edad, en la isla Pinta. La población había sido arrasada por los colonos humanos, que sobreexplotaron  a las tortugas por su carne e introdujeron cabras y cerdos que destruyeron el hábitat de las tortugas junto con una gran parte de la vegetación de la isla.

Ahora, en una zona conocida como el Volcán Wolf (en una punta aislada del norte de Isabela, Galápagos) los investigadores han identificado 17 descendientes híbridos de C. abingdoni dentro de una población de 1.667 tortugas.

Las pruebas genéticas identificaron tres machos, nueve hembras y cinco crías (menores de 20) con el ADN de C. abingdoni. La presencia de juveniles sugiere que los ejemplares de raza pura pueden existir en la isla también, dijeron los investigadores.

"Incluso los padres de algunos de los individuos más viejos todavía pueden estar vivos hoy en día, dado que las tortugas viven durante mucho tiempo y se detectaron altos niveles de ascendencia en algunos de estos híbridos", dijo el biólogo evolutivo Yale Danielle Edwards.

Galápagos Castaways

¿Cómo pudieron los familiares de Solitario George terminar a 50 kilómetros de la Pinta? Edwards dijo que en contra de que fueran las corrientes oceánicas las que habrían llevado a las tortugas a otras áreas, habrían sido los humanos los que habrían transportado a los animales.

Las cuadrillas de caza de ballenas del siglo XIX y los buques de guerra que atracaron en islas accesibles como La Pinta para obtener aceite y carne, podrían llevar tortugas vivas en sus naves.

Las tortugas pueden sobrevivir hasta 12 meses sin comida ni agua a causa de sus metabolismos lentos, por lo que fueron una útil fuente de carne para evitar el escorbuto en los viajes largos por mar. Sin embargo, durante los conflictos navales, las tortugas gigantes eran  arrojadas por la borda a menudo para aliviar la carga de la nave.

Vida tras la extinción

Según dijo Edwards, las tortugas gigantes son básicas para la preservación del ecosistema de las Galápagos, contribuyendo al equilibrio entre especies, lo que hace que sea esencial la lucha por su conservación.

Con ayuda del Comité para la conservación y Exploración de National Geographic, están buscando la forma de estudiar y potenciar a las tortugas híbridas.

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