Animales

¿Por qué continúa la caza de focas en Canadá pese al descenso de su demanda?

El negocio de las focas ya no está en auge, pero Canadá se niega a dejar esta polémica caza.

Por Jani Actman

No mucho después de que los colonos europeos establecieran una industria comercial de focas en Canadá a principios del siglo XVI, el negocio ya estaba en auge. En aquellos días, la grasa de foca se vendía en el Viejo Mundo para su empleo como lubricante de maquinaria. Posteriormente, la demanda de pieles, que acababan de ponerse de moda, implicó que cientos de miles de focas arpa fueran asesinadas cada año en el golfo de San Lorenzo y en las costas de Terranova y Labrador para que los norteamericanos y europeos pudieran presumir de sus abrigos de piel de foca.

Actualmente, sin embargo, la industria canadiense de caza de focas es solo una fracción del antiguo y lucrativo negocio que solía ser. Décadas de mala publicidad y de campañas para terminar con las matanzas han surtido efecto. El año pasado, la caza de focas generó solamente 1,6 millones de dólares (1,5 millones de euros) en ventas, un descenso frente a los 34 millones de dólares obtenidos en 2006 (32 millones de euros), según el Departamento canadiense de la industria pesquera y los océanos (Department of Fisheries and Oceans). Ese mismo año, 5.600 cazadores participaron en esta tarea, mientras que ahora apenas llegan a unos cientos

Para mayor inquietud de los defensores del bienestar de los animales, este año Canadá abrió la temporada de caza con dos semanas de antelación, el 28 de marzo, continuando así su apoyo a una industria en vías de desaparición que muchos países del mundo consideran superflua y brutal. 

El gobierno exige que los cazadores de focas se sometan a formación en técnicas de matanza humana antes de concederles una licencia. Para asegurar la muerte rápida de las focas, ordenan que los cazadores ataquen la cabeza del animal con rifles de gran potencia, garrotes o un hakapik (un asta de madera con un gancho en la punta). Normalmente también se requiere que el cazador se asegure de que el animal está muerto y que seccione sus arterias antes de despellejarlo.

Sin embargo, los grupos de defensa de los animales argumentan que las matanzas son inhumanas, con casos de cazadores que ensartan a las crías en la cara o en los ojos o que disparan a las focas desde barcos en movimiento. Los cazadores generalmente tienen como objetivo a las crías debido a la suavidad de su pelaje. "Muchos animales son abandonados y sufren en agonía, arrastrándose sobre su propia sangre sobre el hielo", afirma Rebecca Aldworth, directora ejecutiva de Humane Society International en Canadá.

Las campañas en contra de la caza de focashan llevado a que más de 35 países, incluyendo a Rusia y a los miembros de la Unión Europea, prohíban la importación de productos de foca, aunque todavía permiten aquellos procedentes de los inuits candienses (los inuits, que han subsistido gracias a las focas durante miles de años, tienen su propia caza por separado). "Hemos perdido nuestros mercados de grandes cantidades de pieles de foca", reconoce Eldred Woodford, presidente de la Canadian Sealers Association.

En 2006, las pieles supusieron un total de 16,4 millones de dólares de los 18 millones (15,4 millones de euros de los 17 millones) obtenidos mediante la exportación de productos de foca desde Canadá. Los datos preliminares del gobierno canadiense muestran una caída en picado de las ventas de todos los productos de foca al extranjero a menos de 1 millón de dólares en el último año. 

Es importante señalar que el año pasado los cazadores mataron a unas 66.000 focas, una fracción de las 7,4 millones de focas arpa del noroeste del Atlántico, que no están en peligro de extinción (también se caza a menor escala a las focas grises y las focas de casco). La caza comercial también tiene lugar en Namibia y Groenlandia, pero Canadá ha establecido las cuotas anuales más altas (de 400.000 el año pasado).

Pero con esta fuerte oposición a la caza y la caída de la demanda de productos de foca, ¿por qué Canadá se aferra a esta industria?

Un argumento que utilizan los pescadores es que en algunas áreas las focas comen demasiado bacalao, cuyos bancos han decrecido. Pero como muchas otras afirmaciones relacionadas con la caza de focas, esta también es cuestionable: los científicos rebatieron que el bacalao es solamente una pequeña parte de la dieta de las focas, y que es la industria pesquera y no estos animales la culpable de su declive.

El gobierno justifica su caza citando su importancia económica y cultural. "Históricamente, ha jugado un importante papel de generación en generación", explica Adam Burns, el director general interino de gestión de la industria pesquera en el departamento canadiense responsable de ello. "Todavía genera actividad económica en comunidades costeras donde se es necesaria".

Según Woodford, la caza de focas supone un 40 por ciento de los ingresos anuales de los cazadores, la mayoría de los cuales viven en la provincia Terranova y Labrador, con problemas económicos, y se ganan la vida mayoritariamente pescando. Eso explica en parte por qué el gobierno canadiense destina 2,5 millones de dólares anuales (2,3 millones de euros) para supervisar la caza, según el periódico The Guardian, y por qué el gobierno de Terranova y Labrador ha prestado dinero a los procesadores de piel de foca y anunció en 2013 que gastaría 500.000 dólares (470.000 euros) en un proyecto piloto para desarrollar productos de carne de foca.

Cualquier pista sobre la dirección que tomará la industria en la actualidad depende de a quién preguntes. Bernie Halloran, propietario de una planta de procesado de focas llamada PhocaLux International, en Terranova, tiene sus esperanzas puestas en la demanda china de pieles, carne y grasa de foca, un producto preciado por su alto contenido en ácidos grasos omega-3 y que se vende como suplemento alimenticio. Halloran abrió una fábrica y tienda de productos de foca allí, pero a principios de año contó a la revista canadiense Maclean's que el negocio tenía un desarrollo lento.

Mientras tanto, Dion Dakins, consejero delegado de Carino Processing (una antigua empresa de operaciones de caza con sede en Terranova) afirma que aunque todavía hace negocios a nivel global, el mercado primario de sus productos es el nacional. "Desde nuestro mínimo, quizá en 2011, hemos visto un repunte estable en la oferta de productos al mercado", explica Dakin. "Canadá es un mercado muy importante para nosotros en la actualidad".

Aunque existe demanda de carne y grasa de foca en comunidades costeras, no resulta claro si los canadienses podrán salvar la industria por sí solos. En 2015, Carino rechazó 1 millón de dólares del gobierno de Terranova que le ayudaría a comprar pieles a los cazadores, señalando que ya tenía pieles almacenadas que todavía no había vendido. Algunos importantes chefs de Canadá han incluido carne de foca en sus menús (estofado de aletas de foca, foca desmechada, carpaccio de foca), pero no hay pruebas de que el público haya desarrollado un gusto notable por la foca.

De todos modos, Dakins y otros creen que no existen razones para vilipendiar a la industria. "Que alguien condene a un grupo de humanos por llevar a cabo una actividad que mejora las condiciones sociales en pequeñas comunidades rurales es simplemente absurdo e injustificado", afirma.

Pero los colectivos de defensa de los animales argumentan que, pese a la abundancia de las focas, estas no deberían ser cazadas. No solo por la crueldad de la industria, sino también porque estas se tienen que enfrentar a las nuevas presiones del cambio climático. Con el calentamiento de las aguas,  se está derritiendo la plataforma de hielo marino estable que necesitan los bebés de foca para ser amamantados. Los cachorros están muriendo y los científicos han advertido de que si nada cambia, la tasa media de supervivencia de las crías seguirá descendiendo.

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