Animales

¿Por qué juegan los animales?

Por Redacción National Geographic

23 de febrero de 2015

Cuando Vladimir Dinets escuchó hablar por primera vez hace años de un cocodrilo que parecía jugar con una pelota en un zoológico de Ohio (Estados Unidos), no le dio mucha importancia, pero cuando quiso revisar estudios anteriores sobre animales y juegos, no encontró nada sobre el tema.

«Nadie ha pensado en publicar nada relacionado porque la idea de que los cocodrilos juegan es demasiado obvia», afirma el experto. Así que decidió hacerlo él mismo. En su estudio, publicado en Animal Behavior and Cognition, Dinets presenta casos documentados de comportamientos similares en crocodilios, un grupo que incluye cocodrilos, aligátores y caimanes, resultado de más de 3000 horas de observaciones y análisis de informes de aficionados. Entre sus actividades observó que suelen jugar con flores de brillantes colores, llevándolas de un lado a otro entre los dientes, o interactúan con otros compañeros, a los que, por ejemplo, llevan en sus lomos mientras se dan un paseo.

Muchos animales juegan y se divierten, como las nutrias que retozan en el río, los gatos que persiguen ovillos, o los perros que «se pelean» entre ellos. A veces, sin embargo, no es tan fácil saber cuándo se trata de un juego o cuándo están, por ejemplo, defendiendo su territorio o buscando comida. Según los expertos, para tratarse de una actividad divertida debe ser repetitiva, placentera y llevarse a cabo cuando el animal goza de buena salud y no está bajo estrés o tensión.

En cuanto a por qué lo hacen, nadie lo sabe con certeza. Una de las teorías es que los animales más jóvenes juegan para prepararse para la edad adulta, aunque eso no explica por qué muchos animales, incluidos los humanos, siguen jugando, ni se ha demostrado que les ayude a desempeñar mejor sus tareas de adultos.

En el caso de los suricatos (Suricata suricatta), por ejemplo, se ha observado que sus juegos no mejoran sus habilidades ni reducen su agresividad, aunque esto no quiere decir que sea completamente inútil: un estudio reciente sobre elefantes africanos ha concluido que el juego es beneficioso para su bienestar mental y físico.

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