Ciencia

Logran revertir en ratones la formación de las placas asociadas al Alzhéimer

Los impresionantes resultados podrían vislumbrar un camino para desarrollar futuros medicamentos, pero todavía queda mucho por hacer. Lunes, 19 Febrero

Por Michael Greshko - National Geographic

Ahora más que nunca, la enfermedad de Alzheimer plantea una carga enorme. La enfermedad neurodegenerativa afecta a casi 600.000 españoles, privándoles de la memoria y llenando de presión y angustia a sus seres queridos. Se estima que esta cifra supone un coste por paciente de entre 27.000 y 37.000 euros al año.

Pero un nuevo estudio en ratones publicado en el Journal of Experimental Medicine sugiere que, suprimiendo una sola enzima, las medicaciones futuras podrían tener el potencial de revertir las placas viscosas asociadas al alzhéimer.

La enzima en cuestión, BACE1, desempeña un papel fundamental en el desarrollo neuronal. También forma la materia prima que componen las placas beta-amiloide, una acumulación de enzimas en los cerebros de los pacientes de alzhéimer. Algunos investigadores sospechan que, a medida que se acumulan, las placas beta-amiloide impiden que los nervios se comuniquen, provocando los síntomas de la enfermedad.

Durante años, los investigadores han tratado de fabricar medicamentos que eliminen la BACE1. Para imitar los efectos de estos medicamentos futuros, los investigadores del Instituto de Investigación Learner de la Clínica Cleveland criaron un linaje de ratones que desarrollaron placas como las del alzhéimer en el cerebro. Además, los investigadores podían desactivar a voluntad los genes de la BACE1 de los ratones modificados genéticamente, gracias a un sistema nominado proceso Cre-lox.

A continuación, el equipo realizó un seguimiento de cohortes de 12 ratones modificados genéticamente para comprobar cómo cambiaban sus cerebros con el tiempo si inhibían la BACE1. A los 75 días, estos ratones formaron placas beta-amiloides, pero estas desaparecieron a medida que los ratones envejecían. Para cuando los ratones alcanzaron los 10 meses de edad, los investigadores no pudieron detectar placas en sus cerebros.

Las pruebas cognitivas demostraron que, a medida que los ratones perdían las placas, su memoria y su capacidad de aprendizaje mejoraban, aunque no volvían a los niveles observados en ratones sin alzhéimer que todavía tenían la BACE1.

«Que sepamos, es la primera observación de una reversión tan grande de la deposición amiloide en cualquier estudio del alzhéimer en ratones», afirmó el coautor Riqiang Yan, el codescubridor de la BACE1, en un comunicado de prensa.

Mucho trabajo por delante

Aunque los resultados del estudio son impresionantes, debemos tener cuidado a la hora de determinar su significado. 

Para empezar, el estudio se ha realizado en ratones, no en humanos, y este experimento genético solo imitó la forma en que las medicinas afectarían a la BACE1, no probaba una medicación.

Además, los ratones más viejos del estudio solo tenían 10 meses, aproximadamente la edad equivalente a humanos de mediana edad. Quizá los ratones más ancianos no se recuperarían de forma tan eficaz; en el estudio, los investigadores escribieron que deberían estudiar a ratones más viejos.

Sin embargo, el hallazgo probablemente sea una buena noticia para los fabricantes de medicamentos que se centran en la BACE1. Los medicamentos que pretenden eliminar la enzima están en ensayos clínicos, pero los esfuerzos recientes han acabado en fracaso.

Un ejemplo de ellos es el Verubecestat, un inhibidor de BACE1 que está desarrollando Merck Pharmaceuticals. Los ensayos clínicos tempranos parecían ser prometedores, pero el 13 de febrero, Merck puso fin al ensayo en pacientes en etapas tempranas de alzhéimer, citando su ineficacia.

En general, llevará años desarrollar medicamentos nuevos. PhRMA, la principal asociación comercial de empresas farmacéuticas, estima que desarrollar cualquier medicamento lleva, como mínimo, una década. Un estudio de 2016 publicado en el Journal of Health Economics determinó que la I+D destinada a nuevos medicamentos cuesta, de media, unos 2 millones de euros.

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