Ciencia

Estos rayos X de semillas convierten la biología en arte

En su proyecto «Archiving Eden», la fotógrafa Dornith Doherty explora la belleza y la necesidad de mantener reservas botánicas.martes, 26 de marzo de 2019

Por Catherine Zuckerman
El género australiano de flores silvestres Banksia incluye más de 173 especies. «Las cabezuelas de las flores se componen de cientos o miles de flores diminutas y muchas especies se han adaptado a su hábitat liberando semillas como respuesta a incendios forestales», afirma Doherty.

Una semilla de orquídea, apenas más grande que una mota de polvo, parece algo frágil. Pero, en condiciones adecuadas, este granito —uno de los más pequeños entre las angiospermas— puede sobrevivir en la naturaleza durante años y germinar para producir una de las flores más exquisitas de la botánica.

La fotógrafa Dornith Doherty ha pasado diez años capturando la belleza de miles de variedades de semillas para un proyecto que denomina «Archiving Eden». Pero, según dice, las orquídeas son especiales.

«Son delicadas y vulnerables, pero tienen un montón de fuerza vital», afirma. «Las considero mágicas».

La nieve cubre el terreno en torno a la entrada del Banco Mundial de Semillas de Svalbard en la isla de Spitsbergen, Noruega.
Una cámara vacía del Banco Mundial de Semillas de Svalbard.
Para Doherty, el banco de Svalbard es al mismo tiempo optimista y pesimista. «Particulares y gobiernos de todo el mundo colaboran para crear el primer sistema de seguridad botánico global», afirma. «Pero la gravedad del cambio climático y la inestabilidad política han creado la necesidad de un «banco del día del Juicio Final» inaccesible cerca del Polo Norte».

Doherty empezó a investigar para su proyecto cuando un artículo de revista acerca del banco de semillas de Svalbard, Noruega, despertó su curiosidad. El artículo resaltaba la importancia de almacenar semillas si el cambio climático, la hambruna, los conflictos políticos u otros acontecimientos afectaban al suministro de alimentos. El tema de los bancos de semillas la intrigaba, debido a su interés en la relación que tienen los humanos con el mundo natural y la gestión de tierras.

«Me parecía una idea muy apremiante, que alguien haya construido un Arca de Noé en el Polo Norte, pero para preservar la vida vegetal de la Tierra y, así, quizá la propia raza humana».

Doherty, que nació y creció en Houston, es profesora e investigadora en la Universidad del Norte de Texas, donde enseña fotografía. En su tiempo libre —y de su propio bolsillo— contempló la idea de llevar a cabo una serie fotográfica no solo sobre el banco de semillas de Svalbard, sino sobre otros bancos. Doherty empezó a recibir invitaciones para fotografiar colecciones en bancos de Estados Unidos e Inglaterra y, dos años después, en Svalbard, Noruega. Tras él siguieron bancos de semillas en Rusia, Australia, Brasil y los Países Bajos.

En el laboratorio de biogénica de Embrapa Recursos Genéticos y Biotecnología en Brasilia, Brasil, los investigadores agrícolas se dedican a desarrollar líneas de células germinales mejoradas con rasgos útiles.
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Los bancos de semillas tienen diversos objetivos. Almacenan reservas de semillas innumerables de todo el mundo para contribuir a garantizar la seguridad alimenticia, preservar la diversidad en el reino vegetal y evitar la extinción de las especies. En el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, que tiene capacidad para almacenar 2.500 millones de semillas, las muestras se mantienen una temperatura de -18 grados Celsius. Las semillas se envuelven dentro de paquetitos de papel de aluminio especial y se colocan en cajas sobre estanterías dentro del banco.

«Las temperaturas y los niveles de humedad bajos garantizan una baja actividad metabólica y permiten que las semillas sean viables durante décadas, siglos o, en algunos casos, miles de años», afirma la página web del proyecto. Y como el banco de Svalbard se extiende hacia las profundidades de una montaña, «el permafrost garantiza la viabilidad continuada de las semillas si falla el suministro eléctrico».

Esta imagen animada muestra semillas de sorgo, arroz, rábano y triticale en colores cambiantes. Los cambios «del verde al marrón o el verde al azul se refieren al proceso de secado y congelación que implica la conservación criogéica», afirma Doherty.

Para obtener sus imágenes, Doherty utiliza aparatos de rayos X. Colabora con los científicos de cada banco, que le dan especímenes que se han apartado para investigación y que no están almacenados. Coloca su espécimen dentro de una placa de Petri y, a continuación, en la máquina de rayos X, que saca una imagen digital en blanco y negro. Cuando acaba de fotografiar, Doherty guarda todas las imágenes en un disco duro que lleva a su estudio, en Texas. Allí comienza el laborioso proceso de convertir las fotografías en imágenes en color, collages o animaciones empleando Photoshop.

Un vistazo al interior de una incubadora del Centro Nacional para la Preservación de Recursos Genéticos USADA ARS en Fort Collins, Colorado.
Las semillas de orquídea parecen arena en una cuchara en esta imagen del Centro Tecnológico de Semillas de Australia Occidental, en el parque y jardín botánico Kings. «Las orquídeas son un tipo de epífitas, plantas que obtienen los nutrientes directamente del aire», afirma Doherty. «Constituyen una de las mayores familias de flores del mundo y producen unas de las semillas más pequeñas de la naturaleza».
Doherty creó este collage digital empleando rayos X de clones de patatas resistentes al tizón tardío fotografiadas en el Centro Nacional para la Preservación de Recursos Genéticos en Fort Collins, Colorado.

Los colores que Doherty escoge tienen un significado específico. Algunas de sus imágenes animadas cambian de verde a marrón; esto representa el proceso de secado, según cuenta. Otras cambian de verde a azul, para ilustrar la idea de la congelación.

«Parte de todo esto es la misión de poner cosas vivas en un estado de animación suspendida», cuenta. «Se trata de la imposibilidad de detener el tiempo».

La colección nacional rusa de semillas de habas de soja en las estanterías de la Estación Experimental de Kuban, en la provincia de Kuban.
El Instituto de Investigación de la Industria Vegetal N. I. Vavilov, fundado en San Petersburgo, Rusia, en 1921, llegó a albergar las colecciones más grandes y amplias de semillas de plantas, según cuenta Doherty. Durante el sitio de Leningrado de 28 meses durante la Segunda Guerra Mundial, «varios botánicos que trabajaban aquí fallecieron de hambruna en lugar de comerse las semillas que habían recopilado y de las que cuidaban».
El Millennium Seed Bank, que forma parte de los Reales Jardines Botánicos de Inglaterra, posee un invernadero que se usa para la investigación in situ.

La obra de Doherty sigue adelante. Ante las previsiones del cambio climático, que se vuelven cada vez más preocupantes, espera que la serie inspire debates para tomar medidas: «Literalmente casi todas las historias son tan oscuras y desalentadoras que encontrar un pequeño rayo de esperanza dentro del momento general que vivimos es muy importante, en mi opinión».

Recuerda una historia que escuchó cuando fotografiaba dentro del Millennium Seed Bank en Inglaterra. Alguien descubrió una vez una misteriosa bolsa de semillas en su casa, en el ático —probablemente recopiladas hace más de cien años por un antepasado marinero, según Doherty— y llevó las semillas al banco. El banco las analizó, las germinó y se dieron cuenta de que tenían entre manos una planta considerada extinta.

«Casi por accidente, hay un capitán marinero que recoge una bolsa de semillas y sobrevive», cuenta Doherty. «Ese tipo de historias me aportan esperanza».

Dornith Doherty es una Profesora de Investigación Distinguida en la Universidad del Norte de Texas, de cuyo claustro ha formado parte desde 1996. Doherty, Becada Guggenheim en 2012, ha recibido diversas becas y galardones. Su obra se ha expuesto en muchos lugares y actualmente se exhibe en la Academia Nacional de Ciencias de Washington, D.C.
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