¿Desaparecerán las oficinas de planta abierta? Así se replantean los expertos el diseño del lugar de trabajo

La pandemia de coronavirus ha exacerbado la preocupación de los trabajadores por volver a sus puestos en este tipo polémico de oficinas.

martes, 5 de mayo de 2020,
Por Sarah Gibbens
Foto de una oficina de Seattle

Las mesas están distribuidas las unas junto a las otras (algo llamado benching en inglés) en la oficina de Seattle de B+H Architect​. Fotografía del 1 de abril de 2020.

Fotografía de Ruth Fremson, The New York Times via Redux

Distraen, son intrusivas y ahora son un posible peligro para la salud. La lista de quejas sobre las oficinas de planta abierta aumenta y, mientras las autoridades reflexionan sobre cómo reabrir los lugares de trabajo de forma segura, algunos se preguntan si este diseño podría estar a punto de desaparecer.

«Antes [del brote de coronavirus], pedí que me movieran a una mesa de esquina para alejarme de compañeros que eran más sociables y habladores», cuenta Ayla Larick, empleada de una correduría de seguros de Texas. Larick iba a regresar a la oficina el 1 de mayo, ya que Texas ha decidido volver a abrir los negocios no esenciales, aunque su asma la hace vulnerable a complicaciones por la COVID-19 y ha pedido una extensión para trabajar desde casa.

«Volver me pone un poco nerviosa, solo porque estoy a menos de dos metros de otras personas todo el tiempo mientras trabajo en el ordenador», afirma.

La mayoría de las empresas están empezando a replantearse cómo podrían cambiar sus áreas de trabajo corporativas y algunos expertos sostienen que los diseños abiertos podrían rehacerse teniendo más en cuenta el espacio personal y con programas de limpieza más estrictos. Sin embargo, otros sostienen que la pandemia es la gota que colmó el vaso de las oficinas de planta abierta.

«A grandes rasgos, la oficina de planta abierta se ha terminado, [pero] eso tiene muchos significados diferentes», afirma Amol Sarva, consejero delegado de la firma de diseño Knotel, entre cuyos clientes figuran Uber y Netflix.

A largo plazo, Sarva indica que la vuelta al trabajo no solo dependerá del tipo de planta, sino de un cambio drástico de la vida en la oficina tal y como la conocemos.

Barreras para la productividad

Las disposiciones de oficinas abiertas son cada vez más comunes, como tendencia de diseño y medida de ahorro. El concepto moderno se popularizó a principios del siglo XX de mano del arquitecto Frank Lloyd Wright, que creía que el diseño democratizaría el lugar de trabajo al tirar paredes de forma tanto literal como social. Ochenta años después, diseñadores y arquitectos pregonan ventajas similares e indican que un entorno abierto permite que los empleados colaboren con más facilidad.

En la actualidad, no existe una definición estándar de qué se considera una oficina abierta, pero en general el espacio se considera distinto de los cubículos y se caracteriza por tener una barrera pequeña o ninguna barrera entre los empleados. Con el aumento de los trabajos de oficina tras la recesión de 2008, también incrementó la popularidad de las oficinas de planta abierta como forma de ahorrar costes operativos. A diferencia del concepto original de Wright, que recalcaba la luz natural y el espacio entre las mesas, las oficinas abiertas actuales suelen usarse para acumular a más empleados en espacios más pequeños. La consecuencia ha sido una plantilla más distraída.

Un estudio de 2018 publicado por la Royal Society analizó los cambios en los hábitos de los empleados cuando las oficinas pasaban a plantas abiertas. En cada caso, descubrieron que la comunicación cara a cara descendía un 70 por ciento, mientras que la comunicación electrónica aumentaba. El estudio indica que los trabajadores empezaron a «retirarse socialmente», preocupados por distraer a los demás o por que alguien los escuchara. Otro estudio publicado también en 2018 demuestra que el miedo a la infección hace que los espacios hacinados sean más estresantes psicológicamente.

«Personalmente, me gustaba estar en un espacio de cotrabajo porque era nueva en la ciudad y era genial para socializar y conocer gente», cuenta Madison Dapcevich, reportera de IFL Science cuya oficina está en San Francisco WeWork. Pero la empresa de Dapcevich ha trabajado de forma remota desde enero y ahora le preocupa volver a la oficina, donde los espacios compartidos presentan un riesgo de infección.

Una investigación publicada recientemente por los Centros para el Control de Enfermedades de Corea del Sur ha demostrado la facilidad con la que puede propagarse el coronavirus en un espacio de oficina hacinado. En un piso de un centro de llamadas donde trabajaban 216 empleados, 94 personas dieron positivo en el virus. Los investigadores creen que el brote se produjo a lo largo de 16 días, desde el 21 de febrero, y más del 90 por ciento de los casos se concentraron en una parte de la oficina con agrupaciones muy densas.

«Puedes separar a las personas y si lo combinas con una cantidad razonable de ventilación e higiene, deberías conseguir un espacio razonablemente seguro», explica Donald Milton, experto en transmisión aérea de enfermedades en la Universidad de Maryland.

Milton sostiene que un cubículo impediría que una tos, por ejemplo, viajara al otro lado de una mesa, pero le preocupa que una mesa cerrada retenga las gotitas infecciosas a las que cualquiera pueda exponerse. Una investigación del MIT publicada a principios de este mes demuestra que un estornudo puede emitir gotículas potencialmente infecciosas a hasta ocho metros, más distancia que las pautas de distanciamiento social actuales.

Las barreras pueden prevenir la transmisión de enfermedades por el contacto físico o por las gotículas respiratorias que se liberan al toser o estornudar, pero las superficies como las cafeteras o los picaportes también intervienen en la propagación de enfermedades. Un estudio reciente publicado en el New England Journal of Medicine determinó que el coronavirus podía vivir hasta tres días en algunas superficies no porosas, como el plástico.

Edificios saludables y oficinas en casa

Además de la disposición de las mesas, los diseñadores y los investigadores de salud pública tendrán que tener en cuenta todos los espacios por los que se mueve la gente en las oficinas, tanto las abiertas como las separadas. «¿Qué harías en un ascensor? ¿Y los pasillos? ¿Y los vestíbulos?», se pregunta Joe Connell, diseñador comercial y corporativo en la firma de arquitectura Perkin + Will.

Para reducir este tipo de contacto, los empresarios están considerando soluciones como horas de llegada escalonadas, dirigir el tráfico peatonal de la oficina, zonas de concentración para los ascensores y comprobar la temperatura en el trabajo. WeWork va a reducir la cantidad de asientos en los salones y las salas de conferencia y va a crear pasillos de sentido único. Asimismo, tiene pensado publicar nuevas pautas de distanciamiento para sus 600 000 clientes. Sarva indica que Uber planea que su plantilla vuelva a su oficina de San Francisco, pero solo permitirá que esté en el edificio un 20 por ciento cada día.

Muchos expertos esperan que la pandemia incentive a los empresarios a tomar medidas para hacer que sus oficinas sean más saludables en general. Al fin y al cabo, antes de que el brote del coronavirus nos obligara a permanecer aislados en casa, la mayoría de los estadounidenses pasaban el 90 por ciento del tiempo en casa. «Somos una especie casera», afirma Joe Allen, director del programa de Edificios Saludables de Harvard.

Las empresas podrían aumentar las rotaciones de limpieza, usar luz ultravioleta para limpiar las superficies, instalar filtros del aire e invertir en tecnología no táctil, como puertas y lavabos automáticos. Allen afirma que la gente también necesita espacio personal, luz natural y silencio suficiente para concentrarse y ser productiva.

Muchos negocios no podrán permitirse renovaciones cuando la pandemia termine, por eso algunos empresarios podrían optar por que algunos empleados no trabajen desde la oficina. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Chicago demostró que hasta un 37 por ciento de los empleos estadounidenses podrían hacerse de forma remota.

Con todo, es probable que un lugar central donde reunirse y colaborar en persona siga siendo esencial para la mayoría de las empresas. Allí donde persistan las oficinas de planta abierta, los espacios con empleados amontonados como sardinas en lata serán sometidos a escrutinio, lo que podría llevar a cambios de diseño que aporten a los trabajadores más espacio y flexibilidad.

«Las expectativas de la gente respecto a sus edificios cambiarán», afirma Allen. «La próxima vez que volvamos a la oficina, la veremos de forma diferente».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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