Descubren un perro salvaje prehistórico en un yacimiento icónico de fósiles humanos

Una nueva investigación revela que dos mamíferos muy sociales se cruzaron en Dmanisi hace 1,8 millones de años: los antepasados de los humanos y un cánido que cazaba en manada.

Publicado 30 jul 2021 11:43 CEST
Fragmentos de mandíbula y dientes

Estos fragmentos de mandíbula y dientes, hallados en el yacimiento georgiano de Dmanisi de 1,8 millones de años, pertenecen a un cánido extinto conocido como perro de caza euroasiático. El fósil es el más antiguo de su tipo hallado hasta la fecha.

Fotografía de S. Bartolini-Lucenti

La aldea medieval georgiana de Dmanisi es una meca de la paleoantropología. Alberga los registros más antiguos conocidos de los ancestros de los humanos fuera de África, arrojando luz sobre cómo vivió el homínido Homo erectus en el cruce entre Europa y Asia hace aproximadamente 1,8 millones de años.

Según los restos descubiertos, parece que los homínidos de Dmanisi se cruzaron en el Cáucaso con un viajero cuadrúpedo del este: un perro salvaje enorme —y muy sociable— con dientes creados para cortar carne.

Los restos pertenecen al Canis (Xenocyon) lycaonoides, o perro de caza euroasiático, que probablemente evolucionó en Asia oriental hace unos 1,8 millones de años y se extinguió hace unos 800 000 años. Basándose en los fragmentos óseos hallados en Dmanisi —algunos dientes y fragmentos de mandíbula—, el perro antiguo pesaba unos 30 kilogramos cuando murió, probablemente cuando era un adulto joven.

Los autores del estudio afirman que los restos de Dmanisi son los fósiles más antiguos del C. (Xenocyon) lycaonoides identificados hasta la fecha. Algunos investigadores, entre ellos los coautores del estudio, también sostienen que el C. (Xenocyon) lycaonoides podría estar estrechamente relacionado con el licaón moderno, Lycaon pictus. De ser así, el nuevo fósil es el primero de este linaje específico descubierto en Dmanisi.

El descubrimiento no sugiere que los humanos y los perros cooperaran en Dmanisi hace casi dos millones de años. Los primeros indicios de cualquier tipo de domesticación canina no se remontan más allá de hace 40 000 años. El hallazgo, descrito hoy en la revista Scientific Reports, debería añadir detalles cruciales a lo que por ahora es un panorama muy desordenado de la evolución del perro.

Un perro muy extendido

Se han descubierto restos de Canis (Xenocyon) lycaonoides en Siberia, España e incluso Sudáfrica. Teniendo en cuenta su amplia distribución geográfica, la ausencia del perro de caza euroasiático o de sus parientes inmediatos en Dmanisi había irritado a los investigadores. En los sedimentos abundantes en fósiles del yacimiento han aparecido restos de más de dos docenas de especies de mamíferos diferentes que vivieron junto a nuestros antepasados humanos, como hienas, osos, guepardos y gatos de dientes de sable, así como algunos parientes lejanos de los lobos y perros modernos.

«Era muy, muy, muy raro —muy raro— que el Lycaon no estuviera presente en Dmanisi después de más de 30 años de excavaciones», dice el coautor del estudio Bienvenido Martínez Navarro, paleontólogo de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados. «¡Por fin apareció! Tuvimos suerte».

Incluso con las nuevas pruebas, clasificar a los cánidos en el árbol genealógico del grupo es «absolutamente impresionante» por su dificultad, dice el autor principal del estudio, Saverio Bartolini Lucenti, paleontólogo de la Universidad de Florencia, en Italia.

Como grupo, los cánidos han sido relativamente conservadores en su evolución, demostrando menos estilo morfológico que los félidos, como los gatos de dientes de sable. Algo que incrementa la confusión es que a veces los linajes de cánidos que son parientes lejanos han evolucionado con rasgos físicos similares, lo que dificulta observar el parentesco solo a partir de los huesos y los dientes.

Bartolini Lucenti y sus compañeros todavía no saben si el perro de Dmanisi pertenece al género Canis junto a los lobos modernos y los perros domesticados, o al género Xenocyon. Por eso, el equipo optó por la designación de Canis (Xenocyon), dejando cabida a la posibilidad de que el perro pertenezca a cualquiera de estos géneros.

Puede que esta etiqueta agnóstica parezca graciosa, pero la precaución está justificada. A principios de este año, los investigadores descubrieron que el lobo gigante extinto —considerado una especie hermana de los lobos modernos— no pertenecía al género Canis.

El equipo sí puede estar razonablemente seguro de la dieta del perro. Los investigadores compararon las medidas de los dientes antiguos con las de otros cánidos para comprobar la cantidad de carne que comía el perro. Las proporciones de sus dientes se agruparon con las de los «hipercarnívoros»: cánidos vivos y extintos, incluido el licaón moderno, cuyas dietas constaban, al menos, de un 70 por ciento de carne.

Animales sociales

Este nuevo estudio también pone de manifiesto paralelismos intrigantes entre el C. (Xenocyon) lycaonoides y el H. erectus. Ambos lograron extenderse por varios continentes: el H. erectus evolucionó en África y se desplazó al este hasta las islas del Sudeste Asiático; el perro de caza euroasiático probablemente evolucionó en Asia y se desplazó al oeste, hasta Europa y África.

Ambos eran mamíferos muy sociales —e incluso altruistas—, señalan los investigadores. Pero ¿cómo pueden los investigadores intuir el comportamiento de un perro a partir de los huesos fosilizados hace más de un millón de años? Una línea de evidencia del altruismo procede de los cráneos con patologías claras —como dientes que faltan y mandíbulas deformadas— que habrían hecho prácticamente imposible que un animal individual se alimentara. Si ese animal claramente vivió bien después de que se formaran sus patologías, los científicos razonan que debió de haber recibido ayuda de otros para obtener alimento.

Un yacimiento español preserva pruebas como esta del C. (Xenocyon) lycaonoidesun cráneo asimétrico con varios defectos dentales, entre ellos la falta de un canino. El perro parece haber vivido siete u ocho años, lo que sugiere que los otros miembros de la manada lo ayudaron a obtener comida. El propio Dmanisi ofrece evidencias similares de que el H. erectus compartía la comida: el cráneo de un homínido anciano demuestra que este individuo murió años después de perder todos salvo uno de sus dientes.

La ciencia también demuestra que, cuando la masa corporal media de una especie de cánido supera los 21 kilogramos, las matemáticas calóricas demandan que la especie consuma presas que son más grandes, una tarea que favorece la caza cooperativa en manada. Las medidas del cráneo y los dientes de Dmanisi y otros lugares sugieren que el C. (Xenocyon) lycaonoides había pasado el umbral de la caza en manada.

Sin embargo, no existen pruebas directas de que los perros de caza euroasiáticos fueran sociales en Dmanisi. «En los carnívoros modernos, la socialidad puede variar incluso dentro de una especie», afirma el paleontólogo Mairin Balisi, investigadora posdoctoral de La Brea Tar Pits, en California, que no participó en el estudio. «Estoy segura de que también podría variar en el registro fósil, pero entonces es más difícil establecer esa variación».

Los futuros fósiles de Dmanisi deberían ayudar a confirmar la socialidad del perro y hay nuevos tipos de pruebas moleculares que podrían confirmar cómo encaja el perro de caza euroasiático en el árbol familiar de los cánidos. En 2019, los investigadores lograron extraer y secuenciar proteínas de un diente de rinoceronte de Dmanisi. Bartolini Lucenti afirma que su equipo intentó extraer proteínas antiguas de los nuevos restos del perro, pero no tuvieron éxito.

Por su parte, Balisi está entusiasmado por ver qué depara el futuro para la revelación de la compleja historia evolutiva de los perros. «Cuantas más piezas del puzle consigamos, mejor», dice.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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