¿Debe jugar la energía nuclear un papel en la descarbonización de España?

A medida que empeora la crisis climática, se intensifica el debate a nivel mundial sobre qué papel debería desempeñar la energía nuclear en su lucha.

La central nuclear española de Vandellós II está situada en el término municipal de Vandellós y Hospitalet del Infante, en Tarragona. Aunque en un principio constaba de dos grupos, el primero fue clausurado en 1989 y se encuentra en proceso de desmantelamiento.

Fotografía de Foro Nuclear
Por Cristina Crespo Garay
Publicado 28 ene 2022, 21:01 CET

Los ambiciosos objetivos europeos que dibujan la neutralidad de emisiones de carbono para el año 2050 es, para algunos expertos, inalcanzable al dudoso ritmo al que estamos implementando los cambios necesarios. Para lograrlo, los defensores de la energía nuclear ilustran el desafío pasando necesariamente por una vuelta a la división de átomos.

En la lucha por proteger el medio ambiente, la energía nuclear ha pasado a un segundo plano desde que el cambio climático ocupa las primeras filas del frente. Sin embargo, a medida que la crisis climática se agrava y ante el reciente anuncio del presidente de Francia, Emmanuel Macron, sobre la construcción de plantas nucleares nuevas en nuestro país vecino, se ha reavivado el debate donde algunas personas plantean la energía atómica como un lastre para llegar a tiempo a la descarbonización mientras que otras la ven como una necesidad, pese a sus riesgos y contras. Según afirman sus defensores, el futuro de la energía nuclear como fuente de electricidad puede depender de la capacidad de los científicos para hacerla más barata y segura. Sin embargo, ¿es realmente así?

A día de hoy existen 442 reactores nucleares activos en el mundo, de los que 181 se encuentran en Europa, el continente que más apuesta por la energía atómica. España cuenta con siete reactores en funcionamiento. A nivel mundial, la energía nuclear supone un 10,9 por ciento de la generación de energía mundial y los países que más energía nuclear producen son Estados Unidos, China, Francia, Rusia y Corea del Sur. En noveno lugar, por detrás de Alemania, se encuentra España, que lleva desde principio de la década de 1980 eliminando gradualmente sus programas nucleares, y paralizando totalmente su desarrollo en 1994 con la Ley de Ordenación del Sistema Eléctrico. El Gobierno español se ha reafirmado recientemente en su decisión de no desarrollar esta fuente de energía en el futuro inmediato.

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) contempla en su escenario objetivo el funcionamiento del conjunto del parque nuclear hasta finales de 2027, reduciéndose la potencia instalada a menos de la mitad en 2030. A partir de ese año, según el acuerdo alcanzado por la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) y las centrales en marzo de 2019 y auspiciado por el Ministerio para la Transición Ecológica, el resto cesando su operación progresivamente hasta el año 2035.

Pero ¿qué es la energía nuclear?

Mucho antes de que las consecuencias del cambio climático trajeran de vuelta el debate sobre la conveniencia de la energía atómica, estas centrales siempre han vivido en el foco de la polémica, sobre todo cuando ocurren accidentes devastadores como el de Three Mile Island (Estados Unidos) en 1979, el de Chernóbil (antigua Unión Soviética) en 1986 y el de Fukushima (Japón) en 2011.

(Relacionado: El desastre de Chernóbil: qué ocurrió y sus consecuencias a largo plazo)

Sus defensores la presentan como una energía limpia que apenas produce gases de efecto invernadero – aunque sí tiene huella de carbono - y quienes se posicionan en contra la cuestionan por ser menos limpia que las renovables, por sus residuos radiactivos, sus altos riesgos y por poder suponer una barrera para el desarrollo de energías más limpias.

Las primeras centrales nucleares comerciales comenzaron a operar en la década de 1950, basándose en la liberación de la energía del núcleo de los átomos al dividirlos. Este proceso, llamado fisión nuclear, genera una gran cantidad de calor que, al acercar al agua por su efecto refrigerante, genera vapor que hace girar una turbina que produce electricidad.

En el año 1996, la energía nuclear proporcionaba el 17,6 por ciento de la electricidad mundial. El accidente de Fukushima en 2011 es una de las principales razones de que, a día de hoy, se haya reducido a alrededor del 10 por ciento.

Izquierda: Arriba:

Gráfico de los reactores nucleares activos en Europa en la actualidad.

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Producción energética según las fuentes durante el año 2021 en España. 

fotografías de Foro Nuclear

Según afirma la Asociación Nuclear Mundial, “los usos de la tecnología nuclear se extienden mucho más allá del suministro de energía con bajas emisiones de carbono. Ayuda a controlar la propagación de enfermedades, ayuda a los médicos en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes y potencia nuestras misiones más ambiciosas para explorar el espacio. Estos usos variados colocan a las tecnologías nucleares en el centro de los esfuerzos mundiales para lograr el desarrollo sostenible”.

El parque nuclear español

“El parque nuclear español, formado por siete reactores en operación, Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrentes, Trillo y Vandellós II, ha generado en 2021 casi el 21 por ciento del total de la electricidad consumida, de acuerdo con los datos provisionales de Red Eléctrica de España (REE)”, responde por email a National Geographic el Foro Nuclear. “En España, la energía nuclear lleva 10 años consecutivos, desde el ejercicio 2012, produciendo más de una quinta parte de la electricidad generada en el sistema eléctrico español”.

Un 20’8 por ciento de la generación de energía eléctrica en España en 2021 procedió de la energía nuclear, que continúa siendo nuestra principal fuente de electricidad. Sin embargo, el relevo ya se ha producido respecto a la energía eólica, que produjo un 23 por ciento.

El avance de las energías renovables en España ha crecido año tras año hasta alcanzar un porcentaje de renovables en la demanda final de energía del 21,2 por ciento, cifra que se sitúa por encima del 20 por ciento exigido por Europa para 2020, según el Ministerio para la Transición Ecológica. 

Sin embargo, al valorar las cifras fuera de la electricidad, España aún utiliza los combustibles fósiles como su principal fuente de energía: el petróleo en un 42 por ciento, el gas natural en un 20 por ciento y el carbón en un 12 por ciento, según el Instituto Geográfico Nacional. Según esta misma fuente, la energía nuclear supone un 12 por ciento del total.

¿Un pro o un contra para la descarbonización?

En el contexto en el que el compromiso de emisiones cero nos pisa los talones, algunas personas apuntan a la necesidad de lograr los objetivos fomentando transitoriamente la energía nuclear. Este desafío ha obligado a algunos países, a pesar de la desconfianza general, a replantear el papel que podría tener la energía nuclear en la ecuación.

Por un lado, su huella de carbono es equivalente a la energía eólica, menor que la solar y, por supuesto, mucho menor que la del carbón. Su huella en el paisaje es mucho menor frente a los parques de energías renovables y su producción de energía no depende de factores externos, siempre están generándola.

Sin embargo, las organizaciones medioambientales no apoyan que sea una energía limpia. "Si bien es cierto que la actividad de la central no genera gases de efecto invernadero, no es cierto que las nucleares no dependan de otros sectores que sí los generan, como la minería de uranio, que se da además en otros países", afirma Javier Andaluz Prieto, responsable de clima y energía de Ecologistas en Acción.

"Si analizamos todo el ciclo de vida de la energía nuclear, no solamente lo que suponen las centrales nucleares, nos daremos cuenta de que la energía nuclear, por la minería del uranio, por la cantidad de cemento requerido, por los elementos que tiene la central nuclear -sin considerar el problema de los residuos nucleares- es una energía con un impacto en carbono mucho mayor que las renovables”.

"El uranio, por ejemplo, es el material principal que se usa para la energía nuclear y no es un componente especialmente abundante en la Tierra, sino que es un elemento escaso en el que probablemente estemos alcanzando, si no hemos alcanzado ya, el pico de su extracción, lo que hace inviable ampliar esta energía en escala y tiempo".

Izquierda: Arriba:

Vista aérea de la central nuclear de Vandellós, en Tarragona. 

Derecha: Abajo:

La central nuclear de Cofrentes, ubicada en Valencia, se encuentra en servicio desde 1864. 

fotografías de Foro nuclear

Sin embargo, el debate sobre si este tipo de energía debería jugar un papel en la descarbonización no es sencillo. Por un lado, gran parte de las plantas nucleares activas en este momento están llegando al final de su vida útil, lo que supone, según los detractores, un aumento muy importante de los riesgos.

Incluso innovando tecnológicamente para la puesta en marcha de nuevos diseños de próxima generación, más seguros y económicos, reconsiderar la energía nuclear enfrenta obstáculos perennes sobre el riesgo que suponen sus desechos radiactivos y la posibilidad de accidentes. Además, algunos expertos afirman que la construcción de los reactores nucleares es tan larga que en ningún caso podrán atajar algo tan urgente como la crisis climática.

Los riesgos de la nuclear

“Se puede estar razonablemente en contra de la energía nuclear, aunque hay que explicar mucho para que se pongan esos miedos en contexto, pero con su índice de bajas emisiones sería absurdo prescindir ahora mismo de la energía nuclear en España”, afirma el operador nuclear y divulgador científico Alfredo García, autor del libro La energía nuclear salvará el mundo en sus redes. “Hay que intentar utilizar menos energías fósiles y por tanto tengamos menos emisiones, menos dependencia energética del exterior y menos polución atmosférica”.

En términos generales nuestro país aún se sitúa muy por debajo de lo necesario para descarbonizar nuestra red de energía y prevenir así mayores consecuencias de la crisis climática. En este contexto, García afirma que la nuclear debe ser el filón en el que se apoye la generación de energía para lograr los objetivos de la lucha contra el cambio climático.

Por su naturaleza, las energías renovables, “muy necesarias para frenar el cambio climático, son intermitentes y necesitan una energía baja en emisiones que cubra esa carencia, que en la actualidad solo puede ser nuclear”, afirma.

Según el Foro Nuclear, “hay que destacar que a lo largo del año 2021 la energía nuclear ha evitado, de nuevo, la emisión a la atmósfera de más de 20 millones de toneladas de CO2, produciendo el 30,4 por ciento de la electricidad sin emisiones contaminantes generada en España. Se trata, por tanto, de une fuente esencial en la transición energética y en la lucha contra el cambio climático”.

Sin embargo, organizaciones medioambientales como Greenpeace no comparten esa visión limpia de los átomos. “Al contrario, la energía nuclear es un obstáculo para la lucha contra el cambio climático”, afirman. “En primer lugar porque no es neutra respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero. Considerando el ciclo completo de las tecnologías de generación eléctrica no-fósil, la energía nuclear emite más CO2 que cualquiera de las renovables”.

Según afirman, a lo largo de todas las etapas del ciclo nuclear - la minería de uranio, la fabricación y el enriquecimiento del combustible, la construcción de las centrales, su mantenimiento, su desmantelamiento y la gestión de los residuos radiactivos – consumen grandes cantidades de combustibles fósiles. El consumo de agua para refrigerar los reactores es otro de los puntos que recalca la organización, que hace recalca además en que el parque nuclear español llega a su límite de vida útil en pocos años.

¿Un complemento o un competidor de las renovables? 

Como otro de los problemas de esta fuente energía, Andaluz apunta precisamente a lo que otros ven como una ventaja. "La energía nuclear no se puede encender y apagar según las necesidades, por lo que va emitiendo una cantidad concreta de energía a la red, por lo que en el caso de que las renovables pudieran cubrir el 100 por 100 de nuestra energía, esto no sería posible porque la nuclear seguiría entrando en red. No es una energía flexible y compite directamente con la entrada de las renovables, por lo que a medida que vamos ampliando la energía eléctrica limpia, la nuclear estará ocupando necesariamente un hueco que no pueden ocupar las renovables".

"En España afortunadamente no hay propuestas de crear nuevas centrales, con lo cual estaríamos hablando de alargar la vida de centrales muy viejas, que en muchos casos están superando los 40 años para los que fue diseñada la durabilidad de algunos de sus componentes que no se pueden sustituir", alega Andaluz. "Estamos viendo cómo en Francia están apareciendo grietas en algunos reactores que están haciendo pararlas. Incrementar la vida útil de centrales que ya están bastante obsoletas incrementa la incertidumbre y los riesgos". 

García, en cambio, reitera que las cifras sobre las emisiones de la nuclear que da el IPCC tienen en cuenta todo su ciclo. Sobre la vida útil, defiende que “los famosos 40 años son una vida de diseño, es decir, un numero de años con los que se prevé inicialmente que esa central va a ser rentable, que va a funcionar con seguridad y va a cumplir todos los estándares internacionales, pero nuestros reactores provienen de Estados Unidos, el referente mundial, y allí las licencias se amplían hasta 60 u 80 años con renovaciones”.

El grave peligro de los residuos radioactivos

Uno de los hechos que motiva el paulatino cierre de las centrales nucleares es la producción de peligrosos residuos durante su funcionamiento que representan una gran amenaza. "No podemos enfrentar una emergencia climática en la que vivimos dejando una herencia tan peligrosa y durante tantos cientos de miles de años. No tenemos claro aún si durante todo ese tiempo vamos a tener capacidad energética para enfrentar la gestión de esos residuos”, afirma Andaluz.

Los residuos nucleares se mantienen radiactivos durante cientos de miles de años, durante los cuales hay que gestionarlos adecuadamente. “No desaparecen jamás por muchos almacenamientos o planes que hagamos”, continúa el experto de Ecologistas en Acción.

Por tanto, asegura que “no deben crearse nuevos residuos radiactivos. El almacenamiento de los existentes debe usar las mejores técnicas disponibles y las mejores prácticas regulatorias, y la financiación del almacenamiento temporal deben proporcionarla en su totalidad los operadores nucleares”.

Qué ocurrió en el accidente nuclear de Chernóbil

En su informe Lecciones no aprendidas de Fukushima, Greenpeace explica los riesgos para Europa de continuar la actividad nuclear. “El desastre de Fukushima nos demostró que la vulnerabilidad de las centrales nucleares ante catástrofes naturales es mayor que lo que se pensaba antes de 2011, que los sistemas de suministro eléctrico de la central y de eliminación de calor no son suficientemente robustos y que las posibilidades de evitar escapes radiactivos durante un accidente grave con fusión de núcleo son en realidad muy limitadas”.

(Relacionado: Una nueva tumba para las ruinas radiactivas de Chernóbil

Sobre los residuos que generan las centrales, en la actualidad, según explica García, hay dos formas de gestionarlos: el ciclo abierto y el ciclo cerrado. En uno, los residuos se almacenan durante unos 60 años en la superficie, tanto en las propias centrales (ATI), como en un almacén centralizado (ATC), para después trasladarse a un AGP (Almacén Geológico Profundo). Una vez almacenados, el AGP queda sellado bajo tierra a la espera de que el decaimiento de la actividad de los residuos los vuelva inocuos.

Por su parte, el ciclo cerrado del combustible permite su reutilización. En la actualidad sólo somos capaces de extraer el cinco por ciento de la energía almacenada en el combustible, pero la investigación puede avanzar mucho en ese aspecto. Existen muchas líneas de investigación, pero ya existen reactores nucleares comerciales en funcionamiento como el BN-800 que reciclan combustible gastado por otras centrales o incluso material fisible armamentístico desmantelado. “No sólo podremos reutilizar los residuos, sino que podremos darle un uso pacífico a las bombas atómicas para deshacernos de ellas”, afirma García.

(Relacionado: Los descendientes de los judíos de Chernóbil vuelven a la zona de exclusión)

Algunas de estas líneas de investigación trabajan en pequeños reactores modulares que podrían ser más fáciles de construir y más seguros con el objetivo de salvar una industria qué continúa envejeciendo y cerrándose. El futuro de la energía nuclear pasa por la investigación sobre la fusión nuclear, que genera energía cuando dos núcleos chocan entre sí para formar un solo núcleo más pesado, lo que entrega más energía, de manera más segura y con desechos radiactivos mucho menores. 

Sin embargo, a las dudas de algunos expertos y organizaciones medioambientales sobre la aplicación práctica real de sus ventajas para ayudar en la lucha por la descarbonización, se suma otra incógnita que se dibuja a futuro: con el escenario de incertidumbre que plantea la evolución del cambio climático, podría ser un riesgo que las plantas de energía nuclear - muchas ubicadas en las costas o cerca de ellas debido a la proximidad del agua - también se enfrenten a un rápido aumento del nivel del mar y al riesgo de eventos climáticos extremos. Este último factor, no hace sino complicar aún más este complejo debate sobre cuál debería ser la solución menos arriesgada ante un problema global de la magnitud del cambio climático.

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