Ciencia

La erupción del volcán japonés deja decenas de muertos

Por Redacción National Geographic

30 de septiembre de 2014

La erupción del volcán japonés Ontake ha causado este fin de semana la muerte de 30 excursionistas, lo que nos recuerda que algunos volcanes son completamente impredecibles.

Japón está situado en una de las zonas sísmicas más peligrosas del mundo, donde se unen tres placas tectónicas, por lo que suele sufrir terremotos y erupciones. De hecho, la agencia meteorológica del país ha alertado sobre la posible erupción de otros seis volcanes.

A unos 200 kilómetros al oeste de Tokio, Ontake es un volcán muy popular para excursionistas y, además, un lugar de peregrinaje religioso. En general, las erupciones suelen ir precedidas de movimientos de magma que pueden ser vistos como señales de alarma; sin embargo, no siempre es así, como hemos podido observar este fin de semana.

El volcán Ontake, es el segundo más alto de Japón, con 3067 metros de altura, y pertenece a la categoría de los estratovolcanes, aquellos que se forman donde una placa continental se desliza bajo otra y que protagonizan erupciones explosivas e impredecibles.

Aún así, esta erupción, con ceniza que ha cubierto tres kilómetros de la ladera del volcán, ha sido menos masiva que la de 1979, cuando corrientes de lava y 200 000 toneladas de ceniza cubrieron el monte.

Lo que hace a los estratovolcanes especialmente peligrosos son las espectaculares erupciones que se producen sin nada que permita preverlas. La ceniza y rocas recorren las laderas del monte a sorprendentes velocidades de hasta 700 kilómetros por hora, como ocurrió en 1979.

La erupción del sábado fue de menor calibre, una explosión de vapor, ceniza y rocas pero sin la presencia de lava. El dióxido de carbono y el sulfuro de hidrógeno pueden provocar asfixia, como parece que ha ocurrido en esta ocasión.

A pesar de todo, estas erupciones freáticas, en teoría menores, pueden ser muy fuertes. Se cree que la del volcán Krakatoa (Indonesia), que tuvo lugar en 1883, provocó el sonido más atronador de la historia: se escuchó a 3200 kilómetros de distancia, en Australia. En los tsunamis que la siguieron unas 30 000 personas fueron arrastradas al mar.

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