Espacio

Graban el impacto de un meteoro en la luna durante el eclipse de luna de sangre

Un destello de luz observado durante la totalidad ha iniciado la caza del nuevo cráter lunar. Podría tratarse del primer fenómeno de este tipo. miércoles, 23 de enero de 2019

Por Maya Wei-Haas
Un punto de luz blanca, que vemos aquí a la izquierda, marca el lugar donde un meteoro impactó en la luna durante el eclipse lunar total del pasado 20 de enero.

El domingo, 20 de enero, los observadores del hemisferio occidental pudieron disfrutar de los tonos oxidados del último eclipse de «luna de sangre» de la década. Pero, mientras personas de todo el planeta contemplaban cómo la luna adoptaba un brillo carmesí, algunos observadores afortunados detectaron una delicia inesperada: el destello de una roca espacial que impactó en el orbe lunar.

«Es una rara alineación de fenómenos infrecuentes», afirma Justin Cowart, candidato a doctorado en la Universidad de Stony Brook, Nueva York. «Un [meteoroide] de ese tamaño impacta en la luna una vez a la semana aproximadamente», afirma. De confirmarse, podría ser la primera vez que un impacto como este se documenta durante un eclipse lunar.

Eclipse lunar 101
Eclipse lunar 101
Para algunas culturas, un eclipse lunar total, que recibía el nombre de "luna de sangre", era un mal augurio. Hoy, este fenómeno celeste genera emoción y fascinación. A diferencia de un eclipse solar, para el que quizá tengas que viajar si quieres presenciarlo, los eclipses lunares totales suelen observarse en toda la mitad de la Tierra donde es de noche. Te enseñamos las causas de un eclipse lunar y cómo adquiere su color carmesí.

Un observador con ojos de lince en Reddit avistó el posible impacto durante el eclipse y se lo comunicó a la comunidad r/space para que otros intervinieran. La noticia se extendió enseguida por redes sociales, donde personas ubicadas a lo largo de toda la trayectoria de totalidad subieron fotos y vídeos de este diminuto destello de luz.

Muchos científicos abordaron la afirmación con el pertinente escepticismo inicial. Tras ver los rumores en Twitter, «me pregunté si sería un efecto local o quizá tuviera que ver con la cámara», cuenta la científica planetaria Sara Mazrouei, de la Universidad de Toronto.

Los destellos de luz de un impacto son tenues y breves, de ahí que sea fácil confundirlos con un píxel errante. Pero imagen tras imagen mostraba exactamente lo mismo: a las 4:41 UTC, cuando acababa de empezar la totalidad, una diminuta mota de luz brilló al sur del cráter Byrgius, un hoyuelo de casi 88 kilómetros de ancho en la parte occidental de la luna.

«Todos parecen observar el mismo píxel brillante», afirma Mazrouei. Esta confluencia supone un indicio sólido que apunta a que el destello de luz es un impacto.

«Estas personas de todo el mundo no sabían que acabarían participando en esto», afirma Noah Petro, científico e investigador del Centro de vuelo espacial Goddard de la NASA.

Inténtalo otra vez

Los astrónomos amateurs y los científicos ciudadanos no eran los únicos que estaban ojo avizor. José María Madiedo, astrofísico de la Universidad de Huelva, es el codirector del Sistema de Detección y Análisis de Impactos Lunar (MIDAS, por sus siglas en inglés). Había hecho horas extra para que ocho de los telescopios del proyecto estuvieran apuntando a la luna durante el eclipse para detectar un fenómeno como este.

El equipo del MIDAS suele peinar la luna en busca de destellos tenues, las señales reveladoras de un impacto, para comprender la serie de rocas espaciales que bombardean nuestro satélite. Pero la mayor parte de estos fenómenos son demasiado tenues como para detectarlos con luna llena. El equipo lleva a cabo el grueso de sus observaciones durante los cinco días previos y posteriores a la luna nueva. Sin embargo, un eclipse nubla el brillo habitual de la luna llena y aporta una oportunidad más rara para avistar estos diminutos destellos de luz.

Un primer plano de la cara oscurecida de la «luna de sangre» muestra el destello del impacto del meteoro.

Hasta ahora, no habían conseguido detectar un impacto durante un eclipse, pero Madiedo no perdió la esperanza: «Algo dentro de mí me dijo que esta sería la ocasión». Y, efectivamente, su esfuerzo mereció la pena.

«Obtuve una gran recompensa», afirma.

Causando impacto

Los científicos explican que los siguientes pasos consistirán en recopilar las numerosas observaciones para estudiar el fenómeno con todo detalle y, con suerte, captar una imagen del nuevo cráter de la luna.

«La Tierra y la luna están tan cerca que observar los impactos en la luna nos puede ayudar a obtener más información sobre la frecuencia de los impactos en la Tierra», explica Mazrouei, autora de un estudio reciente que detalla un antiguo pico en los bombardeos de grandes meteoros en la luna y, por lo tanto, en nuestro planeta.

Aunque la atmósfera terrestre nos protege de muchas de las rocas espaciales más pequeñas que atraviesan el sistema solar, los meteoros pueden afectar a la serie de satélites que orbita alrededor del planeta y que son fundamentales para el mantenimiento de la navegación, las telecomunicaciones o las predicciones meteorológicas.

Según Madiedo, observar las secuelas de impactos inferiores en mundos sin aire como la luna puede ayudar a los científicos a comprender los efectos de impactos más grandes en todo tipo de mundos, entre ellos el nuestro.

«Sabiendo lo que ocurre con impactos más pequeños, podríamos saber qué ocurriría con mayores impactos sin estudiar un gran impacto en la Tierra».

Barrido lunar

Sin embargo, encontrar el nuevo cráter en la superficie ya marcada de la luna será más complicado. La nave fundamental para este proceso es el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA. El orbitador, lanzado en 2009, se instaló alrededor de nuestra luna para estudiar su superficie con todo detalle. Hasta ahora, ha registrado cientos de cambios en el paisaje lunar, entre ellos más de dos docenas de nuevos cráteres de impacto.

El LRO ya ha detectado cráteres tras informes iniciales de un destello de impacto. El 17 de marzo de 2013, los investigadores del Centro de vuelo espacial Marshall de la NASA informaron del avistamiento de un destello de luz tenue similar en la luna. Comparando las imágenes de la superficie lunar de las tres cámaras del LRO antes y después del fenómeno, los científicos siguieron las vetas de restos del impacto hasta su cráter.

En el caso de este último fenómeno, el equipo responsable de las cámaras del LRO no está buscando específicamente este cráter en los barridos de la luna. Petro, científico del proyecto del LRO, explica que el orbitador captura muestras aleatorias de la superficie lunar para que los científicos puedan calcular el número medio de impactos con el paso del tiempo. Buscar específicamente este nuevo cráter interferiría en su muestreo estadístico.

Con todo, los investigadores pueden trabajar para delimitar la ubicación del nuevo cráter —y desentrañar más detalles sobre el impacto— y rastrear los datos del LRO para comprobar si barre la sección lunar pertinente. Madiedo y su equipo trabajan para estimar la energía y la masa del impacto, lo que servirá para calcular la posición y el tamaño probables del cráter. Sus estimaciones iniciales sugieren que la roca espacial tenía el tamaño aproximado de una pelota de fútbol y que dejó un cráter de unos 9,6 kilómetros de diámetro.

Cowart, de Stony Brook, también intenta acotar el lugar donde impactó la roca espacial a partir de las imágenes del astrónomo amateur Christian Fröschlin. Estima que el cráter se encuentra en torno a 29.47 sur, 67.77 oeste. Pero la exactitud es delicada: cada píxel de la imagen representa un área de casi cuatro kilómetros.

«Si me paso un píxel y buscamos en esa ubicación, quizá no veamos el cráter», explica.

Independientemente de si la nave encuentra o no el nuevo cráter, Petro sostiene esta serie de fenómenos pone de relieve el papel fundamental —y a veces ignorado— de las redes sociales a la hora de recopilar datos sobre fenómenos naturales.

«Al entrar en el eclipse, dije lo genial que era», añade. «Esta observación solo fortalece lo genial que es».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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