Espacio

Esto es lo que se siente tras pasar un año en Marte

Juegos de dados, bailes, y cenas virtuales con sus familias ayudaron a seis miembros del proyecto HI-SEAS a enfrentarse al aislamiento en la ladera de un volcán.

Por Nadia Drake

Sheyna Gifford levanta un puñado de rocas volcánicas rojas, mete su nariz entre ellas y respira larga y profundamente.

“Guau”, dice. “No hay planeta como el hogar”.

Gifford, médico y periodista, acaba de completar una misión de simulación de una misión a Marte de un año de duración que requería que ella y otros 5 compañeros de la tripulación viviesen en una cúpula de dos pisos situada a 2.500 metros sobre las laderas del Mauna Loa. Se trata de la cuarta operación del proyecto Hawaii Space Exploration Analog and Simulation, o HI-SEAS.

El domingo 28 de agosto de 2016 fue la primera vez que el equipo había salido de este Marte terrestre sin trajes espaciales desde el año anterior. Durante 365 días han trabajado, vivido, cocinado y tiritado juntos en los días fríos. Sin visitas de amigos, sin llamadas a familiares, nadie de quien depender excepto los unos de los otros.

Gifford levanta su mano al viento de rocío que sopla a través de la montaña y se deja acariciar por la brisa. “Esto sienta bien,” dice.

Ha sido un año largo, en el que han estado constantemente encerrados, y volver a entrar en el mundo significa no solo tener que lidiar con una avalancha de periodistas, sino también enfrentarse a una serie de sensaciones mundanas que ahora, de alguna manera, son más significativas. Entre ellas: aire fresco.

“Huele como el recuerdo que tengo del océano. Ahora la pregunta es, ¿cómo de precisa es mi memoria? La memoria tiene fallos. La única forma de saber si tengo razón es ir allí inmediatamente. ¡Vamos!”, dice Glifford. Entonces mira a las mesas en las que sus compañeros “lavanautas” están disfrutando de sus primeras piezas de fruta fresca y de al menos la primera pizza en un año.

“Están comiendo comida, y yo estoy oliendo el aire”, dice sonriendo.

Un experimento social

Esta misión supone el tiempo más largo que ha pasado una tripulación en la versión hawaiana de Marte en la Tierra. Las simulaciones anteriores en un estudio financiado por la NASA, a cargo de la Universidad de Hawái en Manoa, han durado de cuatro a ocho meses. Las próximas misiones, programadas para comenzar en 2017 y 2018, serán de ocho meses cada una.

Los investigadores seleccionarán una tripulación de seis miembros cada vez y los retarán a sobrevivir aislados en una cúpula que funciona con energía solar, y que viene equipada con todo tipo de lujos (o escasez de ellos) que uno podría encontrar hoy en día en un hábitat interplanetario real.

La tripulación disfruta de comodidades como inodoros de compostaje, carne liofilizada y suministros médicos limitados (por suerte no se produjeron lesiones importantes). También vivieron con un retraso en las comunicaciones de 20 minutos respecto a la gente que estaba fuera de la cúpula, y los espacios para vivir eran más pequeños que los armarios de las estaciones cercanas. El entretenimiento incluía emocionantes rondas de Yahtzee y algunos desganados bailes de salsa. Miembros del equipo recomiendan, entre otras cosas, llevar un libro electrónico y un ukelele para luchar contra el aburrimiento.

La misión no puede simular del todo cómo sería estar en Marte: la gravedad de la Tierra no ayuda en ese tema.

“Si eres el tipo de persona que realmente no puede disimular su incredulidad, que sabe que en la cámara de aire hay aire, y que serías más que feliz por salir por esa puerta, probablemente no seas el tipo de persona que quiera unirse a esta misión”, dice Andrzej Stewart, jefe de ingeniería de la misión. “Tienes que dejar la incredulidad un poco de lado para conseguir la experiencia completa”.

Sin embargo, este experimento puede ayudar a los científicos a aprender cómo colaboran los grupos pequeños en el contexto de un viaje al espacio profundo. ¿Qué hace que una tripulación sea particularmente eficaz? ¿Cuándo y por qué salen mal las cosas? ¿Cuáles son los efectos psicológicos de estar aislado de los amigos y la familia? ¿Cómo se puede entrenar a los equipos para que soporten los medios estresantes?

“Esto trata de la cohesión del equipo y el rendimiento, así que, ¿cómo podemos mantenerlo unido?¿Cómo seleccionamos una tripulación y la entrenamos para que pueda ser fuerte?”, se pregunta la principal investigadora de HI-SEAS, Kim Binsted, que fue la primera persona en dar la bienvenida a la tripulación cuando abrieron la escotilla y salieron a la realidad.

“Lo que hemos encontrado es que no existe una varita mágica para prevenir el conflicto, todo depende de cómo lo afrontes y de cómo respondas a él. No solo como individuo, sino también como grupo”.

Esto también es cierto en la vida real, señala el comandante de la tripulación, Carmel Johnston, quien es científico de suelos. “Pero como te enfrentes a esto en una cúpula o en un espacio pequeño, es muy diferente a si tuvieses la opción de salir”, dice. “Queremos aprender todo lo que podría ir mal antes de que vaya mal en el espacio y así poder evitar que suceda”.

Simulación dentro de una simulación

Al menos dos de los miembros de la tripulación experimentaron muertes de familiares mientras estaban en la simulación. Otros se perdieron bodas y nacimientos. Los días festivos iban y venían, celebrados mediante mensajes de texto, emails, o grabando mensajes de vídeo.

Este equipo, sin embargo, tuvo la ventaja de probar un nuevo componente de realidad virtual. Por primera vez, los investigadores permitieron un entorno de realidad virtual dentro del hábitat que permitiría a los miembros de la tripulación construir sus propias realidades virtuales y experimentar 30 entornos virtuales y mensajes para enviar a casa diferentes.

Algunos de estos mensajes, dijo la investigadora Peggy Wu, tomaron la forma de miembros de la familia que disfrutaban de la comida de Acción de Gracias. Una escena grabada, dentro de la cual la tripulación se podía sumergir gracias a la ayuda de sus amigos. El objetivo, dice Wu, es ver si la realidad virtual podría ser utilizada para ayudar a facilitar la conexión y aliviar el estrés causado por el aislamiento en las misiones espaciales.

A pesar de que acaban de empezar a cribar los datos de todo el año, los informes de la primera mitad de la simulación parecen prometedores. El miembro de la tripulación Tristan Bassingthwaighte pasó buenos momentos haciendo su propio entorno de realidad virtual, que tomó la forma de una elaborada casa en un árbol.

“Escogí uno de los modelos más grandes de casa que se encontraban disponibles, lo puse ahí arriba y empecé a volverme loco”, dice Bassingthwaighte, graduado en arquitectura. “Hice un salón gigante lleno de arte natural, con una cascada y un tigre que lo custodia. Puse un par de ranas, un hombre de las cavernas con una barra y una mesa de billar, un montón de cubos en un balcón, la parte trasera de la casa tiene un montón de de cascadas y un barco pirata, todo lo que pueda hacer para divertirme… tardé tres semanas”.

Además de la realidad virtual, el tiempo personal y el espacio eran mínimos. Escapar del hábitat de la cúpula implicaba aventurarse fuera, vestidos con un traje espacial completo y enfrentarse a kilómetros de rocas sueltas volcánicas, afiladas y desmenuzadas. Si se hace con cuidado, elegir tu camino a través del revoltijo de rocas es, en el mejor de los casos complicado, pero con un traje espacial completo puede ser desastroso. Aún así, para Bassingthwaighte, una de esas excursiones fue el único momento en el que estuvo realmente solo. Deambuló alrededor con su radio apagada, cantando a gritos durante unas pocas horas a AC/DC y a Martin Sexton.

“Eso probablemente fue lo más solo que estuve durante un año”, dice. “Necesitas relajarte y tener tiempo para ti mismo. Somos criaturas sociales, pero no todo el tiempo”.

No hay duda de que las exigencias físicas de los vuelos espaciales son inmensas. Vivir en Marte, con su atmósfera irrespirable, sin agua líquida en la superficie, y con un suelo tóxico, pondrá a prueba al más fuerte de los astronautas. Pero las necesidades psicológicas para un viaje al espacio profundo también lo son. Los días libres son raros, y ahí está la constante, la presión innegable de ser los embajadores humanos en el cosmos”.

“Representamos a la gente de la Tierra”, dice Gifford. “No podéis venir todos, así que vinimos por vosotros”.

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