Espacio

Exploración interplanetaria

Por Redacción National Geographic

6 de abril de 2011

Algunas de las misiones más emocionantes y productivas de la NASA las han llevado a cabo naves espaciales robóticas que tienen la capacidad de aventurarse hasta lugares del universo mucho más lejanos que aquéllos a los que llegan los humanos. Estas misiones exploran los planetas, los cometas y otros objetos de nuestro sistema solar, así como las características del medio interplanetario existente entre ellos.

Ha habido muchas misiones como éstas, pero hay varias que destacan sobre las demás.

La sonda Voyager 1 se adentra cada día más en las profundidades del espacio exterior, hasta puntos no alcanzados hasta el momento por ningún otro objeto de factura humana. Esta sonda fue lanzada hace tres décadas y ahora se encuentra a una distancia de más de cien veces del Sol que la propia Tierra (es decir, más de 15000 millones de kilómetros).

La Voyager 1 está en el mismísimo límite de nuestro sistema solar. Viaja a una velocidad de 1,6 millones de kilómetros al día y es posible que, en la próxima década, traspase la frontera de la heliosfera del sol y se convierta en el primer objeto construido por el ser humano que alcanza el espacio interestelar.

Las sondas Voyager 1 y 2, lanzadas en 1977, han estudiado los planetas Júpiter, Urano, Saturno y Neptuno, explorado sus lunas, examinado sus anillos y revelado una gran cantidad de información sobre elementos interplanetarios como el viento solar.

Hoy en día, desde el espacio exterior, estas dos sondas siguen enviando datos. Los científicos esperan que ambas Voyager sigan en funcionamiento hasta algún momento cerca del año 2020, un logro increíble para una misión que fue diseñada originalmente para durar tan sólo cuatro años.

Otra sonda espacial con una larga historia es el Pioneer 10, que se lanzó en marzo de 1972 y que, algo más tarde ese mismo año, se convirtió en la primera en atravesar el cinturón de asteroides, una franja de escombros rocosos que se encuentra entre Marte y Júpiter. La Pioneer 10 llegó a Júpiter en 1973 y obtuvo primeros planos del planeta, así como datos valiosos sobre su radiación y sus campos magnéticos.

En el momento de su última transmisión, el 22 de enero de 2003, la Pioneer 10 se encontraba a una distancia 82 veces mayor del Sol que la Tierra, tan lejos que incluso una señal enviada a la velocidad de la luz tardaba más de 11 horas en llegar a la Tierra.

Cassini-Huygens

La misión Cassini-Huygens consiste en un proyecto internacional, actualmente en proceso, para explorar Saturno y su luna más grande, Titán. Esta misión aúna recursos de la NASA, la Agencia Espacial Europea, la Agencia Espacial Italiana y otros expertos internacionales.

Los científicos tienen la esperanza de que Titán, del mismo modo que sucede con Saturno y sus anillos, les ayude a entender más acerca del nacimiento y la evolución de todo nuestro sistema solar.

Titán es uno de los destinos más enigmáticos del sistema solar. Este satélite tiene una atmósfera similar a la terrestre, rica en materia orgánica y, tal y como revela Cassini, es posible que tenga océanos o lagos de etano o metano líquidos.

Esta misión, lanzada en 1997, entró en la órbita de Júpiter y utilizó la altísima gravedad del planeta para darse impulso en su camino hacia Saturno.  La nave llegó a Saturno en 2004 y comenzó a orbitar este gigantesco planeta. Huygens, la sonda separable, aterrizó en la superficie de Titán a principios de 2005 y registró datos sobre las nubes y la atmósfera del satélite antes de aterrizar y comenzar a estudiar la superficie.

Estudio de cometas

Durante los últimos años, las misiones interplanetarias han tenido como objetivo también el estudio de los cometas. Muchos científicos creen que el material que conforma los cometas se encuentra en condiciones relativamente idénticas a las que tenía cuando se formaron, hace miles de millones de años, cuando nuestro sistema solar era aún joven. Debido a su naturaleza antigua, los cometas podrían proporcionar pistas valiosas sobre el origen de los planetas.

La misión Stardust de la NASA fue la primera que visitó un cometa y volvió a la Tierra con muestras. En 2004, este artefacto voló junto al cometa Wild 2 a una distancia de tan sólo unos 240 kilómetros, recogiendo partículas diminutas del cometa, así como polvo interestelar. A pesar de que los restos recuperados son pequeños, podrían ser de una importancia enorme para las teorías sobre la creación del sistema solar.

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