Espacio

Según un nuevo estudio, los meteoritos trajeron el oro a la Tierra

Por Redacción National Geographic

18 de octubre de 2011

No es oro todo lo que brilla. Sin embargo, según un nuevo estudio, la Tierra brillaría mucho menos si no fuera por una lluvia de meteoritos que tuvo lugar hace unos 3,9 mil millones de años.

Basándose en los análisis de algunas de las rocas más antiguas de nuestro planeta, los científicos han descubierto la primera prueba directa de que una lluvia de meteoritos cambió la composición química de la Tierra.

Este hallazgo prueba la teoría de que los meteoritos trajeron a la Tierra, cuando ésta contaba con pocos años, oro y otros metales preciosos.

El oro se hundió en una bola de magma

La presencia de metales preciosos en el manto y corteza terrestres plantea un nuevo problema, puesto que estos elementos se sienten atraídos por el hierro.

Cuando se formó la Tierra, hace unos 4,5 mil millones de años, era básicamente una bola de magma. A medida que se fue enfriando, los materiales densos se hundieron hacia el centro, formando un núcleo compuesto en su mayor parte por hierro.

Esto significaría que todo elemento que siente atracción por el hierro y que estuviera presente en el magma debería haberse dirigido hacia el núcleo.

De hecho, en base a la composición de los meteoritos, que se cree que es parecida a la de la Tierra primitiva, nuestro planeta debería tener en la actualidad oro suficiente en su núcleo como para cubrir el globo con una capa de 4 metros de espesor.

«Todo desapareció en el núcleo, pero todavía podemos encontrar algo de oro en la superficie», comentó el autor del estudio Matthias Willbold, de la Universidad de Bristol.

Una posible respuesta a la pregunta de cómo llegaron estos metales preciosos  podría ser la macro tormenta de meteoritos que formaron una capa en la superficie de la Tierra hace unos 650 millones de años tras la formación del planeta.

Las rocas antiguas dan pistas químicas

Para probar está teoría, Willbold y sus colegas analizaron muestras de rocas del Cinturón Supracortical de Isua, en Groenlandia.

«A pesar de que estas rocas tienen unos 3,8 mil millones de años, fecha cercana a la macro tormenta, el manto del que provienen es de hace 4,5 mil millones de años», afirmó Willbold.

Esto significa que las rocas deben conservar una firma química anterior a la lluvia de meteoritos.

Al comparar estas antiguas rocas con otras modernas, los científicos descubrieron que ambas muestras contenían diferentes cantidades de isótopos de tungsteno.

El tungsteno -182 se produjo solamente en los primeros 50 millones de años del Sistema Solar. Sin embargo, las rocas de Groenlandia tienen más tungsteno -182 que tungsteno -184, la versión más común del elemento, que se encuentra en las rocas modernas.

«Las rocas que encontramos en Groenlandia son las únicas que muestran esta anomalía», afirmó Willbold, prueba de que el impacto de los meteoritos cambió la composición de la superficie de la Tierra.

De acuerdo con Willbold, en base a la fuerza de los impactos de los meteoritos durante la gran tormenta, éstos, al chocar con la Tierra, podrían haber añadido 0,5 por ciento del material que se encuentra hoy en día en el manto terrestre.

«Podría no parecer mucho, pero supone unos 20 trillones de toneladas», añadió.

Los detalles de esta investigación aparecen en el número de esta semana de la revista Nature.

 

 

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