Fotografía

La vida de las niñas novias georgianas

Georgia, donde las niñas se casan a partir de los 12 años, tiene uno de los porcentajes más altos de matrimonios infantiles de Europa.

Por Melody Rowell

2 de diciembre de 2016

Nadie sabe a ciencia cierta cuántas niñas menores de edad se casan en Georgia.

Según los informes del Fondo de Población de las Naciones Unidas, al menos el 17 por ciento de las niñas georgianas ya están casadas antes de alcanzar los 18 años, la edad legal de matrimonio en el país. Pero lo que hace que este sea un dato difícil de monitorizar es que las familias en ocasiones se saltan la ley, esperando varios años hasta registrar el matrimonio. Celebran bodas en mezquitas o iglesias rurales y consideran a la pareja casada en los ámbitos cultural y religioso.

La fotoperiodista Daro Sulakauri creció en Georgia y conserva el recuerdo de una de sus compañeras de clase que se casó cuando ambas tenían 12 años. “Tenía una sensación perturbadora en cierto modo”, recuerda. “Me sentía como si algo no estuviera del todo bien. Pero no entendía qué era”.

Sulakauri volvió a experimentar esas sensaciones cuando comenzó a investigar asuntos relativos a las mujeres en Georgia, tras recibir una subvención de Human Rights House Network. Cuando recordó a su compañera, comenzó a investigar sobre los matrimonios jóvenes. Poco después, recibió una invitación a una boda en un pueblo pequeño y, al final de la celebración, la joven novia comenzó a sollozar.

“Era muy complicado saber cómo se sentía”, afirma Sulakauri. “¿Estaba triste? ¿Estaba contenta? Yo creo que estaba muy confusa. Por eso me di cuenta de que quería escribir una historia sobre ello”.

UNICEF reconoce el matrimonio infantil como “una violación de los derechos humanos”, y Georgia tiene una de las tasas de matrimonio infantil más altas de Europa. Es una tradición que se remonta a siglos atrás y no se limita a una sola región o religión. Además, aunque las razones del matrimonio difieren de ciudad a ciudad y de grupo a grupo, existe una serie de similitudes.

Los novios son casi siempre mayores que las novias, han finalizado el colegio y son mayores de edad. Normalmente es la madre del novio quien comienza el proceso de emparejamiento, pero Sulakauri se ha encontrado con parejas que se han conocido a través de amigos, en el colegio o por Internet. Y, aunque no se fuerza necesariamente a las niñas a casarse, la presión cultural es muy fuerte.

 

“Simplemente siguen la corriente”, afirma Sulakauri. “Porque su tatarabuela hizo lo mismo, y su abuela y su madre también, todas se casaron cuando eran muy jóvenes. Por eso piensan que es una forma de vida, que así es como tiene que ser”.

Las personas que aparecen en las fotos de Sulakauri son azeríes georgianos, miembros de una minoría étnica y religiosa. Una de las niñas novias que conoció, Layla, tenía 12 años cuando se casó y estaba viviendo con la familia de su marido. Sulakauri siguió su historia en particular y recuerda que, en las primeras conversaciones, Layla era muy abierta. “Tenía un montón de sueños para el futuro, sobre qué quería ser: una estilista”, explica. “Quería continuar su educación y tenía en mente todo tipo de cosas que todavía quería hacer”.

 

Un año después, Sulakauri contactó de nuevo con Layla y todo era diferente. “Se había convertido en un ama de casa a la edad de 13 años”, afirma. “No va a ir al colegio, eso seguro. En cierto sentido, simplemente se ha acabado todo para ella”.

Pero no es solo el dejar la escuela lo que va a marcar a estas niñas de por vida. La educación sexual es prácticamente inexistente en Georgia, y Sulakauri explica que algunas niñas no entienden lo que implica el matrimonio hasta después del día de la boda. Una encuesta sobre salud reproductiva realizada en 2010 reveló que “el 76,6 por ciento de las mujeres casadas de entre 15 y 19 años no utilizaban ningún método de anticoncepción moderno”. Previsiblemente, muchas de las jóvenes novias se quedaban embarazadas poco después de la boda, lo que puede provocar todo tipo de complicaciones de salud para sus cuerpos, todavía en proceso de desarrollo.

 

Cuando Sulakauri conoció a estas niñas, no pudo evitar pensar acerca de su propia infancia. “Era muy diferente”, afirma. “Yo fui niña tanto tiempo como pude serlo, ¿sabe?”. Si su trabajo no puede garantizar esa misma infancia para las novias que fotografía, ella tiene la esperanza de que al menos cambie el futuro de las demás.

“Quería mostrar a la gente de mi país que esto estaba ocurriendo. Puede provocar un cambio. Quizá cuando empiecen a hablar de ello digan ‘puede que esto no debiera pasar, puede que sean demasiado jóvenes’”.

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