Historia

Una perspectiva diferente de la vida de las jóvenes en la franja de Gaza

La fotógrafa Monique Jaques aporta una mirada íntima de cómo las mujeres jóvenes viven en uno de los lugares más confinados del planeta. Jueves, 9 Noviembre

Por Alexa Keefe
Fotografías de Monique Jaques

La vida en la franja de Gaza es difícil. Conflicto, pobreza y el combustible suficiente como para tener electricidad durante unas pocas horas al día.  Dos millones de personas viven en este territorio controlado por los palestinos de apenas 41 kilómetros de longitud, lo que lo convierte en uno de los lugares con mayor densidad de población del mundo. Los pasos fronterizos con sus vecinos Egipto e Israel están cerrados y para salir o entrar hay que pasar por estrictos controles. La vida aquí se ha descrito como algo similar a estar en una cárcel al aire libre, o incluso peor.

Monique Jaques, como muchos otros fotoperiodistas, viajó a Gaza por primera vez en 2004 para cubrir la guerra con Israel. Sin embargo, tras quedarse con una familia y hacerse amiga de una de las hijas, solo unos años más joven que ella, emergió una historia inesperada. Jaques empezó a entender que en un lugar donde la vida diaria es problemática, crecer como mujer es incluso más difícil. Las hijas son el reflejo de sus familias, según afirma Jaques, y hay mucha presión sobre ellas para que se comporten de forma que atraigan al mejor pretendiente y alivien así la carga que suponen para la familia. Esto empeora por el hecho de que los parientes suelen vivir en comunidad y hay pocas oportunidades de escaparse de los ojos vigilantes. Incluso reunirte con un chico para tomar un café sin que lo sepan tus padres es motivo de cotilleos, según Jaques.

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Para obtener acceso, Jaques empezó conociendo a tantas chicas como pudo, y partiendo de la tradición palestina de narración oral, les pidió que compartiesen sus historias. Una cosa llevó a la otra y Jaques hizo cada vez más contactos. Aunque la mayoría de la gente a la que fotografió vivía en la ciudad de Gaza, más liberal, fue todo un desafío convencer a las adolescentes y a las jóvenes adultas de que dejasen de lado su preocupación por las convenciones sociales y que le dejasen fotografiarlas. «Cuando eres joven, puedes hacer todo lo que quieras», afirma Jaques. «Cuando llegas a la pubertad, todo cambia. [Las familias] incitaban a sus hijas pequeñas a que apareciesen en las fotografías, pero se mostraban más reticentes con [las mayores]».

La mayoría de las niñas que fotografió no había salido nunca de Gaza, según ella, pero anhelaban con salir, aunque solo fuera por poco tiempo. «Ojalá pudiera salir solo un día para ir a un lugar donde nadie me conociera», le dijo una de las chicas a Jaques.

Pese a las dificultades, Jaques decidió que se centraría en los momentos de alegría, esperanza y fuerza que se pueden encontrar en un entorno donde, como ella misma dice, la vida es limitada pero también es agitada y destruida una y otra vez. Ha documentado a las mujeres jóvenes en momentos privados, pero también como miembros de la sociedad: trabajando como policías y médicos, yendo al colegio, socializando en una cafetería.

Algunos la han criticado por no centrarse en el sufrimiento de los gazatíes (un reciente artículo de la ONU predice que Gaza se convertirá en un lugar inhabitable antes de su estimación original, el año 2020, de mantenerse las condiciones de vida actuales). Sin embargo, Jaques prosigue sacando fotografías y acumulando historias.

«Hay mucho más que imágenes de guerra», dice ella. «Estas niñas tienen vidas increíblemente ricas. Trabajan, van al colegio, tienen sueños y esperanzas».

Monique Jaques está recaudando fondos para publicar su proyecto en forma de libro. Para saber más, visita su página en Kickstarter.  

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