Historia

El desembarco del Ejército Fantasma en Normandía

Carros de combate hinchables, sonidos enlatados o transmisiones de radio falsas, fueron las tácticas empleadas por el Ejército Fantasma, una unidad militar ficticia que consiguió engañar a los alemanes en las horas previas al desembarco de Normandía. Miércoles, 6 Junio

Por Manuel Moncada Lorén - National Geographic

Antes de que los primeros paracaidistas tocaran tierra entre los arbustos del bocage normando y de que las lanchas de desembarco empezaran a acumularse en las playas tal día como hoy hace 74 años, la inteligencia aliada había trazado un plan destinado a confundir al enemigo que esperaba en la costa francesa con los ojos fijos en la línea que separa el cielo del mar.

50 kilómetros era la distancia que separaba los blancos acantilados de Dover en el sur de Inglaterra del puerto francés de Calais, y era precisamente en este punto donde Hitler esperaba el ataque principal.

Sin embargo, el éxito de la operación Overlord, como se conoce al conjunto de maniobras militares que llevaron a los norteamericanos, británicos y canadienses a las playas normandas bautizadas con los nombres en clave de Juno, Sword, Gold, Utah y Omaha, obedece a un minucioso ejercicio de inteligencia y espionaje.

Con la intención de fijar la mirada del führer en el paso de Calais, los servicios de inteligencia aliados se pusieron a trabajar en uno de los señuelos más exitosos de la historia, un gran cebo que Hitler y sus oficiales no supieron identificar: el Ejército Fantasma.

El Ejército Fantasma

El Ejército Fantasma fue una unidad del Ejército de los EEUU oficialmente conocida como 23rd Headquarters Special Troops. Esta unidad contaba con 1.100 hombres a los que se les dio una orden muy peculiar: hacerse pasar por otras unidades del Ejército de los EEUU para engañar al enemigo durante las semanas previas al inicio de la invasión aliada de la Francia ocupada.

Desde el principio se alentó a los “soldados fantasma” a que usaran su ingenio y talento para engañar, desorientar y confundir al ejército alemán. Muchos de estos hombres no eran soldados, ya que fueron reclutados de las escuelas de arte, agencias de publicidad y otros lugares que fomentaban el pensamiento creativo. En la vida civil, los soldados fantasma habían sido artistas, arquitectos, actores, escenógrafos o ingenieros.

En el Ejército Fantasma había tres especialidades, los maestros del engaño visual, los expertos de los señuelos acústicos y los técnicos de radio que simulaban un movimiento de tropas imaginario que mantenía en vilo a los radiotelegrafistas alemanes al otro lado del canal de la Mancha.

Engaño visual

El brazo del engaño visual del Ejército Fantasma fueron los ingenieros de camuflaje de la 603ª compañía. Estaban equipados con carros de combate, cañones, jeeps, camiones y aviones, pero con la peculiar característica de que eran todos hinchables.

A continuación, aplicaban un imperfecto camuflaje para que el reconocimiento aéreo enemigo pudiera verlos e identificarlos erróneamente. Los aviones de reconocimiento alemanes volvían a sus bases asegurando que un ejército de blindados a las órdenes de Patton estaba a punto de embarcar.

Para darle algo de vida a este ejército de goma, la unidad empleaba efectos teatrales para complementar los otros engaños. Se incorporaron sonidos de “ambiente" para aportar algo de dramatismo al estático panorama que los aviadores alemanes contemplaban desde el aire.

Junto a los carros Sherman hinchables se desplegaron unidades reales. Estos tanques y camiones, operados por una tripulación mínima que en muchos casos consistía únicamente en el piloto, se dedicaban a conducir en círculos en torno a sus camaradas de plástico para que desde la distancia parecieran más realistas.

Engaño acústico

El engaño sónico fue llevado a cabo por la 3132 Signal Service Company, fundamentalmente integrada por ingenieros de los Laboratorios Bell en EEUU. Estos hombres grabaron sonidos de aviones y de unidades blindadas en una serie de registros sonoros que llevaron a Europa desde los EEUU. Para cada señuelo, los sonidos podían ser mezclados para que coincidieran con el escenario que los "fantasmas" querían proyectar en la mente del enemigo: sonidos de las cadenasde los carros, aviones despegando e incluso fuego de artillería.

Estos sonidos se registraron con grabadores de alambre, precursores del magnetófono, para ser reproducidas con potentes amplificadores y altavoces montados en semiorugas que apuntaban justo al otro lado del canal de la Mancha.

Estos sonidos podían oírse a 24 kilómetros de distancia, más que suficiente para que los alemanes se percataran del movimiento de buques, blindados y aviones; falsos, naturalmente.

La "parodia radiofónica" 

Para la “parodia radiofónica” como la llamaban en la Compañía de Señales, los operadores de radio crearon redes de tráfico falsas, haciéndose pasar por radiotelegrafistas de las unidades reales. Fueron entrenados para imitar el método de un operador real enviando código Morse para que el enemigo nunca pudiera detectar que la unidad real y su operador de radio no eran auténticos.

Todos estos engaños lograron su objetivo sobre el ejército alemán, que concentró el grueso de sus tropas en torno a Calais esperando el inevitable desembarco. Sin embargo, en la madrugada del 5 al 6 de junio, los paracaidistas aliados (esta vez los de verdad) empezaron a caer del cielo entre los arbustos. El día más largo, como fue llamado el Día D, había comenzado.

Distracciones durante la invasión

Incluso durante el desembarco de Normandía y en las semanas que siguieron a la creación de la cabeza de playa, los Aliados adoptaron toda una serie de medidas en apoyo directo o indirecto del Ejército Fantsma. Entre ellas destaca una declaración falsa hecha por Winston Churchill ante la Cámara de los Comunes: «Es el primero de una serie de desembarcos».

De forma paralela al lanzamiento de las fuerzas aerotransportadas en las primeras horas del 6 de junio, la Royal Air Force (RAF) puso en marcha la Operación Titanic, en la que  cuarenta aviones dejaron caer tiras de aluminio para saturar los radares germanos, además lanzar unos trescientos paracaidistas falsos, maniquíes explosivos que los alemanes llamaron «explosivpuppen».

 

Además de la sangre derramada en las playas, el éxito del desembarco aliado también fue el resultado de una exhaustiva preparación de los servicios de inteligencia.

A pesar de que los aliados ya tenían un pie en en la "Fortaleza Europa", aún les quedaba un largo y sangriento camino hasta Berlín que tardarían un año en recorrer.

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