Imágenes de la comunidad que lucha contra la expansión de un aeropuerto londinense

Estos manifestantes han construido una comunidad con conciencia medioambiental en el lugar donde se planea construir la tercera pista de aterrizaje de Heathrow.jueves, 20 de septiembre de 2018

Por Alexandra Genova - National Geographic
Fotografías de Jonathan Goldberg

Entre las estruendosas autopistas M4 y M25 de Londres se encuentra una utopía ecológica, nacida de una lucha política contra el caos climático. Sus casas de madera, turbinas caseras y huertos de verduras se elevan desafiantes ante los daños medioambientales.

 

Grow Heathrow comenzó como lugar de protesta. Los manifestantes crearon este espacio para apoyar la lucha de la comunidad local contra una tercera pista de aterrizaje propuesta para el aeropuerto londinense de Heathrow. En 2010, los activistas reclamaron las tierras abandonadas cercanas y, aunque el suelo estaba lleno de toxinas vertidas, poco a poco le devolvieron la salud. Ahora, los matorrales en desuso se han transformado en un poblado ecológico con 25 residentes muy arraigados en la comunidad local.

El fotógrafo Jonathan Goldberg visitó Grow Heathrow por primera vez un año después de su creación y ha vuelto varias veces durante siete años. «La observé crecer desde sus primeros días, desde una pequeña comunidad a un lugar permanente», cuenta Goldberg. También presenció un cambio de personalidad: a medida que los personajes iban y venían, el espíritu y el propósito del lugar también cambiaban y avanzaban. «Puede haber gente muy inspiradora que esté allí con el objetivo de cambiar el mundo, y también otras personas que solo intentan vivir de forma pacífica», explica.

Para muchos, Goldberg incluido, Grow Heathrow es una especie de utopía improvisada. Se priorizan la comunidad y la unión. No hay jerarquía y se progresa mediante decisiones tomadas por consenso. No se desperdician los alimentos; en lugar de eso, la comunidad depende del cultivo propio de verduras, la recolección, la búsqueda de comida descartada y las donaciones de los almacenes y mercados de comida locales. Existe completamente fuera del sistema: su energía procede de turbinas eólicas y paneles solares y sus estructuras se construyen con métodos sostenibles.

El lugar suele atraer a gente entre la veintena y la treintena. Goldberg cuenta que algunos son estudiantes, mientras que otros tienen trabajos normales como profesores. El lugar también ha sido el hogar de niños pequeños que han vivido allí durante el verano. «Atrae a un tipo determinado de persona, a los interesados en el activismo sobre el calentamiento global y la vivienda, y también a quienes tienen el movimiento okupa como forma de vida», explica.

Grow Heathrow es una comunidad transitoria y la mayoría de sus residentes no viven allí durante más de tres años. Las casas suelen transmitirse de una familia a otra, como ha hecho esta. Antes la ocupaba una pareja embarazada y ahora alberga a los cuatro miembros de una familia húngara. Cuando se mudaron, los dos hijos, que estudiaban en casa, se convirtieron en los primeros niños en residir en la comunidad.
Fotografía de Jonathan Goldberg, INSTITUTE

Eddy Arthur, que vivió en Grow Heathrow durante cuatro años desde 2013, cuenta que al principio le atrajo la comunidad porque «no es solo hablar, sino actuar. Es una forma de política que te lo exige todo». Para él, el lugar combinaba su interés por la vida alternativa con su compromiso para dirigir acciones contra el «caos climático».

«No conocía la existencia de un lugar así», cuenta Arthur. «Sales tras 15 años de educación y trabajo en empleos pagados y la jerarquía está arraigada en nuestra cultura y nuestra economía. Aquí había un grupo de personas autoorganizadas, que gestionaban sus propias vidas e intentaban añadir valor a la comunidad local y a la política, la economía y la ecología. Fue una experiencia increíblemente empoderadora y liberadora».

A Goldberg le cautivó esta mezcla embriagadora de autodeterminación y compasión y, aunque su propósito era documentarla, se quedaba atrapado con frecuencia en la experiencia pura y se olvidaba de coger la cámara. Una vez, cuando el grupo se reunió durante una ceremonia espiritual alrededor de un árbol viejo, se sintió tan conectado a la experiencia que decidió no documentarla. «Pensé que era un momento tan especial que no podía salir a por mi cámara, pero al mismo tiempo me arrepentí de no hacerlo», afirma.

Aunque algunas comunidades okupas pueden aislarse, Grow Heathrow se ha esforzado mucho para abrir sus puertas a aldeanos locales, políticos y estudiantes, y a cualquiera interesado en conocer una forma de vida alternativa. Sin embargo, como ocurre con la mayor parte de la tierra ocupada, la amenaza del desahucio está siempre a la vuelta de la esquina. Arthur fue uno de los principales defensores de la resistencia de Grow Heathrow ante dos intentos de desahucio, el mayor de los cuales tuvo lugar en 2015. «NO queremos que la tierra nos pertenezca», explica Arthur. «Estábamos en contra de la propiedad, pero es una relación antagonista con el estado».

El Parlamento aprobó los planes para expandir la tercera pista de aterrizaje en junio de 2018 y, si siguen adelante, el lugar y cientos de casas circundantes de la zona deberán ser demolidos. A pesar de todo, Arthur y Grow Heathrow siguen adelante con las protestas. «Los ayuntamientos locales tomarán acciones legales para luchar contra la decisión, y si fracasan, creo que veremos a la madre de todas las campañas de acción directa, con gente de toda Europa que vendrá para ocupar y resistir», afirma Arthur. «Es el deber de nuestra generación, que vive en esta Tierra ahora mismo».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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