Identifican una aguja para tatuajes de 2.000 años de antigüedad

Esta herramienta es mil años más antigua que las evidencias anteriores de la práctica del tatuaje en el sudoeste de los Estados Unidos.

Publicado 1 mar. 2019 14:52 CET, Actualizado 5 nov. 2020 7:02 CET

La herramienta se fabricó con un manojo de espinas de nopal, cuyas puntas se mojaban con pigmentos oscuros, se insertaban en un mango tallado a partir de la planta de bayas de limonada y se ataban con fibra de yuca.

Hace unos 2.000 años, un tatuador en el actual sudoeste de Utah utilizó esta herramienta para dibujar a mano un diseño en la piel de una persona. Cuando se rompió la punta de una de las espinas de cactus, es probable que tirasen la herramienta en un montón de desperdicios. Permaneció allí durante siglos, en una pila de huesos, mazorcas de maíz y otros objetos descartados.

Ahora, en un nuevo estudio del Journal of Archaeological Science: Reports, un equipo de arqueólogos ha concluido que esta herramienta de espinas de cactus es la prueba más antigua de tatuaje en la región sudoeste del país.

La herramienta de tatuaje ha vivido un viaje interesante desde que se deshicieron de ella hace dos milenios. En 1972, un equipo de arqueólogos excavó el montón de basura del yacimiento de Turkey Pen, en la zona de Greater Cedar Mesa. Sin pensar demasiado en el «pequeño artefacto de aspecto antiguo», como lo describiría más adelante un arqueólogo, el equipo recogió cientos de objetos y los introdujo en cajas que almacenó en la Universidad del Estado de Washington.

En 2017, cuando Andrew Gillreath-Brown hizo inventario de la colección, se topó con la herramienta hecha de espinas de cactus. Este candidato a doctor había trabajado como voluntario en la División de Arqueología de Tennessee y conocía a un arqueólogo experto en la prehistoria llamado Aaron Deter-Wolf, pionero de la investigación de la arqueología del tatuaje. Gillreath-Brown escribió a su colega: «He visto esto y creo que podría ser una herramienta de tatuaje».

Deter-Wolf se quedó asombrado. Si el manojo de espinas de cactus había sido empleado para tatuar, sería mil años anterior a las evidencias arqueológicas de esta práctica en el oeste de los Estados Unidos, remontándolas hasta el 79-130 d.C. (Deter-Wolf también ha identificado un conjunto de herramientas para tatuar del este de los Estados Unidos, pero todavía no se ha publicado la investigación.)

También ayudaría a los investigadores a crear una panorámica emergente de cuándo —y por qué— las culturas del mundo adoptaron el arte del tatuaje, practicado ampliamente y que casi se perdió ante el colonialismo europeo.

De esta forma, Deter-Wolf, Gillreath-Brown y otros investigadores se embarcaron en trabajos plurianuales para confirmar el propósito de la herramienta. Además de los análisis por rayos X y microscopio, Gillreath-Brown reconstruyó réplicas exactas de la herramienta y las usó para tatuar piel de cerdo. Cuando comparó los patrones de desgaste de las espinas de cactus de las réplicas con los originales mediante un microscopio electrónico de barrido, eran increíblemente similares.

El arte de esta época en la región sudoeste, conocida como periodo Basketmaker II, representa a personas con decoraciones en el cuerpo, pero hasta ahora no estaba claro si estas marcas representaban pintura corporal, sacrificios o tatuajes.

«Es un hallazgo interesante que es importante y significativo gracias al análisis sistemático, que demuestra de forma convincente que se usó para tatuar hace casi dos milenios», afirma Michelle Hegmon, arqueóloga de la Universidad del Estado de Arizona que no participó en el estudio. «A su vez, dicho conocimiento es importante para comprender nuestra identidad social» en el pueblo anasazi, cuyos descendientes aún viven hoy entre las tribus nativas-americanas del sudoeste.

Aquí y en otras partes del mundo, parece haberse adoptado la práctica del tatuaje en torno a la misma época que adoptaron estilos de vidas basados en la agricultura. En el sudoeste, los anasazi pasaron de patrones nómadas de caza y recolección a establecerse en aldeas permanentes y cultivar maíz. El clima se calentaba y las poblaciones humanas se expandían. Deter-Wolf tiene la teoría de que los tatuajes podrían haber ayudado a infundir la sensación de identidad ante la conmoción.

«Cuando vives codo con codo con gente nueva con la que no estás emparentado, tienes que idear cosas que unan al grupo», afirma. Por otra parte, los tatuajes podrían haberse empleado para reafirmar la identidad individual, marcando el linaje ancestral o un logro específico. «Es como si conservaras tu historia personal al mismo tiempo que creas una cohesión general en el grupo», explica Deter-Wolf.

Cuando los colonialistas y misioneros europeos invadieron las tierras indígenas de Norteamérica y más allá, normalmente prohibieron la práctica del tatuaje a los pueblos nativos. En muchos lugares del mundo, el tatuaje tradicional no se extinguió. Incluso los arqueólogos occidentales del siglo XX ignoraban las pruebas de la práctica en gran medida, quizá por las ideas erróneas de que el tatuaje era algo «salvaje» o que solo practicaban subculturas marginales.

Las únicas evidencias de tatuajes tradicionales que parecen haber sobrevivido entre los indígenas pueblo modernos, descendientes de los anasazi, procede de estudios antropológicos llevados a cabo a mediados del siglo XX. En una larga lista de consultas, los investigadores preguntaron a los ancianos de la tribu si sus ancestros habían practicado el arte del tatuaje. Muchos, entre ellos los pueblos zuñi, acoma y laguna, dijeron que sí.

Dan Simplicio Jr., miembro del pueblo zuni y especialista cultural del Centro Arqueológico del cañón Crow, en Colorado, sostiene que la idea de que sus ancestros practicaran el arte del tatuaje le resulta sorprendente. Hay una palabra en el idioma zuñi —dopdo’gna— que se traduce por «pinchar con una aguja», y la palabra que significa aguja también puede referirse a espinas de cactus o yuca.

Simplicio advierte de que una sola herramienta no es prueba suficiente para confirmar cómo usaban los anasazi el tatuaje o qué diseños habrían dibujado. Con todo, existen suficientes puntos en común entre otras culturas indígenas del continente como para hacer suposiciones. Muchas tribus nativas americanas incorporaron tatuajes en las ceremonias de mayoría de edad o para canalizar el poder espiritual, sobre todo entre las mujeres. Los tatuajes chin, líneas que irradian del labio inferior de una mujer, eran habituales en las Américas, y Deter-Wolf cree que es bastante posible que las mujeres anasazi también los hubieran llevado.

Como los arqueólogos están prestando cada vez más atención al arte del tatuaje, Deter-Wolf cree que aparecerán más herramientas y se podrá elaborar una perspectiva más amplia de la inclinación humana de llenar nuestros cuerpos de tinta. «Mi opinión personal es que los tatuajes son casi tan antiguos como la humanidad», afirma. «Es probable que, si tuviéramos la capacidad de estudiarlo, acabaría siendo algo parecido al lenguaje hablado o saber encender un fuego, algo muy arraigado en nuestra existencia simbólica como humanos».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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