Historia

Soñar con amar: el drama invisible de los refugiados LGTBI

Hoy, Día Mundial para la Cero Discriminación, la trágica situación de los refugiados LGTBI que se ven obligados a huir para dejar atrás la violencia continúa latente en muchos países.viernes, 1 de marzo de 2019

Por Cristina Crespo Garay - National Geographic
Soñar con amar: el drama invisible de los refugiados LGTBI

Un total de 72 países en el mundo aún penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo. En ocho de ellos, ser LGTBI se traduce en pena de muerte: Irán, Arabia Saudí, Yemen, Sudán, algunas provincias de Somalia y Nigeria, e Irak y Siria en las zonas controladas por el Dáesh. Según datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), siete de cada diez personas LGTBI aún se ven obligadas a ocultar su orientación sexual.

Entre 2008 y 2016,fueron registrados 2.600 asesinatos a personas transexuales, el 78% en Latinoamérica. A día de hoy, aún son 173 países los que prohíben casarse con alguien del mismo sexo, y 22 estados aún cuentan con ‘leyes morales’ contra homosexuales.

En España, Najuzaith Zahell fue apuñalado 40 veces en su propio apartamento de Madrid, después de concertar una cita con Grindr. La policía estudia si fue a causa de la homofobia. El pasado septiembre, La Ely, un hombre gay muy conocido, fue atacado de forma brutal por un menor en Valladolid. Murió en el hospital unos días después. En diciembre, la policía arrestó a un hombre que colgaba contenido homofóbico, racista y xenófobo en su web.

La octava edición de la Revisión anual de ILGA-Europa 2019  (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales) denuncia estos sucesos en un recorrido en profundidad sobre la evolución de los derechos humanos en diferentes países europeos y, por primera vez, también asiáticos.

A pesar de que, de los 59 países europeos, España se encuentra en noveno lugar con un 67% de los objetivos que plantea el informe conseguidos, aún queda mucho camino por recorrer. Por ello, la Comisión Europea contra el racismo y la intolerancia (ECRI, por sus siglas en inglés) instó al gobierno español a registrar e investigar losdelitos de odio contra las personas LGTBI.

“La realidad vivida de las personas LGTBI en Europa y Asia Central es compleja, diversa y multifacética”, afirma la ILGA, que documentar el desarrollo político, legal y social, tanto positivo como negativo, que afectan la vida de las personas LGBTI se vuelve esencial.

“En los últimos años, el activismo trans e intersexual ha proporcionado mucho optimismo”, afirma la directora Evelyne Paradis. “Gracias al incansable trabajo de los defensores de los derechos humanos de las personas trans e intersexuales, el número de gobiernos que adoptan leyes legales de reconocimiento de género que avanzan hacia el respeto del principio de autodeterminación aumenta más y más”.

Un 2018 que ha sido clave para que algunos gobiernos europeos comiencen a debatir sobre prohibir las cirugías a las personas intersexuales, así como para el progreso  a nivel general del reconocimiento de las parejas homosexuales. Aún así, el impacto de los llamados grupos “anti-género” es evidente. Asimismo, el pasado año la Organización Mundial de la Salud daba un paso clave para la normalización de la transexualidad, al excluirla como enfermedad mental de la Clasificación Internacional de Enfermedades.

‘Huir por ser’

Así lo afirma CEAR, ya que la situación de los refugiados LGTBI es no solo muy delicada, sino que está profundamente invisibilizada. “A menudo lo que se encuentran en los países de destino es mucho peor que lo que habían vivido en los países de origen”, afirmaba Juan Carlos Arnaiz, oficial de protección adjunto de Acnur, durante la presentación del documental The Migrant Mixtape. En él, Eli Jean Tahchi narra las historias de personas que graban sus testimonios de violencia homófoba en cintas de audio para tratar de encontrar asilo.

La homofobia y la transfobia traspasan fronteras. Aunque una persona logre el título de refugiado, a veces tras años de lucha, no siempre encuentra la libertad en su lugar de destino. Cuando esto ocurre, y el refugiado vuelve a verse perseguido, tan solo queda la opción de reasentamiento.

“Si bien el número de personas LGBTI que tienen que huir de sus países, dentro y fuera de Europa, no está disminuyendo, todavía hay muy pocos países europeos que estén tomando las medidas necesarias para garantizar que los refugiados y solicitantes de asilo LGBTI sean tratados con la dignidad, el cuidado y la seguridad que merecen”, afirma Paradis.

CEAR hace especial hincapié en pedir al Gobierno que no cierre los ojos ante la problemática de las maras, en países como Honduras, El Salvador y Guatemala. “En el continente americano se producen de media nueve asesinatos personas LGTB cada semana”, recuerdan, y afirman que, desde 2014 hasta 2018, “de las más de 3.400 peticiones de asilo de personas procedentes de estos tres países, solo 25 se han resuelto favorablemente”.

A menudo, el procedimiento legislativo también les invisibiliza, ya que al venir de países en conflicto, no se analizan otras causas de solicitud de asilo. España, a pesar de ser considerado un país amigo para el colectivo, aún tiene deberes que hacer. Amnistía Internacional denuncia que, a menudo, las solicitudes de asilo son discriminadas según la nacionalidad del solicitante, y asegura que existen varias velocidades en base a la opinión pública.

A esto se suma otra complejidad, que se acentúa en el caso de nuestra frontera, a la que acuden muchos refugiados de países centroamericanos y africanos. En los 11 kilómetros cuadrados de Melilla, estas personas piden asilo alojados en centros de estancia temporal masificados, a menudo a escasos metros de los países que les persiguen y las familias que les amenazan.

 “Es preocupante ver que algunas tendencias presentan un papel tan destacado año tras año: el discurso de odio generalizado entre algunas figuras públicas y líderes religiosos, y las agresiones contra defensores de derechos humanos, queda, aun demasiado a menudo, impune”, concluye Paradis.

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