Hace 400 años, los visitantes de esta cueva pintada consumieron alucinógenos

Las personas que visitaron la cueva Pinwheel de California dejaron evidencias de su estado mental alterado en las paredes. Se trata de la primera prueba física de consumo de alucinógenos en un sitio arqueológico de arte rupestre.

Publicado 24 nov 2020 12:43 CET
Fotografía de Jon Picciuolo

El miembro del equipo de investigación Jon Picciuolo documenta los montones de materia vegetal masticada que fueron introducidos hace siglos en las grietas de las paredes de la cueva Pinwheel, en el sur de California. El nombre de la cueva se debe al molinete («pinwheel» en inglés) pintado en el techo.

Fotografía de Devlin Gandy

Los investigadores han debatido durante décadas la relación entre los alucinógenos y el arte rupestre. Culturas antiguas de todo el mundo han dejado un legado intrigante de imágenes abstractas e incluso de aspecto psicodélico en las paredes de barrancos y cuevas, pero los investigadores modernos debaten cuál era la motivación para crear estas obras de arte.

Hasta ahora no se habían hallado evidencias físicas del uso de alucinógenos en lugares con arte rupestre. Pero un descubrimiento sorprendente en el sur de California aporta pruebas de que, hace siglos, algunas personas estuvieron en esta cueva en un estado alterado de conciencia.

En un estudio publicado ayer en Proceedings of the National Academy of Sciences, un equipo de investigación internacional informa del descubrimiento de montones masticados de 400 años de antigüedad de Datura wrightii, una planta con potentes propiedades psicoactivas, introducidos en las grietas del techo de una cueva sagrada. La caverna, ubicada cerca del límite del territorio tradicional del pueblo chumash, se denomina cueva Pinwheel por el hallazgo de un molinete («pinwheel» en inglés) pintado en rojo en su techo curvado. Los investigadores creen que esta obra de arte podría representar una flor de datura, que se abre en forma de molinete al atardecer, y que el lugar podría haber sido el emplazamiento de ceremonias grupales donde se consumía datura.

El arte característica de la cueva Pinwheel, que algunos creen que representa una flor de datura, se creó con pigmento ocre que se ha descolorido con el tiempo.

Fotografía de Devlin Gandy

El diseño se ha realzado mediante una herramienta conocida como DStretch.

Fotografía de Devlin Gandy

«Estas son las primeras evidencias del consumo de un alucinógeno en un sitio arqueológico de arte rupestre; las evidencias están literalmente en la pared», afirma Carolyn Boyd, arqueóloga de la Universidad del Estado de Texas que no participó en la nueva investigación, pero que se especializa en arte rupestre nativa americana.

Sagrada y peligrosa

La cueva Pinwheel es uno de los varios sitios arqueológicos de arte rupestre de la Reserva Wind Wolves, que se extiende a lo largo de 37 600 hectáreas al sur de Bakersfield y es propiedad de The Wildlands Conservancy, una organización sin ánimo de lucro fundada en 1995. Dentro de la cueva hay varias manchas rojas abstractas; la pintura del molinete, documentada por arqueólogos en 2002, es la obra más distintiva. La imagen se encuentra en una sección curvada del techo bajo, a un metro del suelo. Durante el solsticio de verano, la atraviesa un rayo de luz.

El arqueólogo David Robinson, líder de nuevo estudio, llevaba dos décadas investigado y documentado el arte rupestre de California; sus colegas y él empezaron a trabajar en la cueva Pinwheel en 2007. Dos pequeñas excavaciones y la datación por radiocarbono revelaron que el lugar había estado ocupado desde el 1530 hasta el 1890 d.C. Los arqueólogos descubrieron que más de 50 pequeñas grietas en el techo contenían montoncitos de fibras vegetales masticadas. Es habitual encontrar estos montones, que se mastican para extraer los nutrientes —normalmente de plantas como la yuca y el agave— en yacimientos arqueológicos en el sudoeste de Estados Unidos.

En un principio, los investigadores tomaron una muestra de estos montones esperando hallar restos de antiguo ADN humano. Aunque estos análisis no presentaron evidencias genéticas útiles, las pruebas posteriores de 15 montones masticados demostraron que contenían escopolamina y atropina, alcaloides alucinógenos presentes en la datura. Las imágenes microscópicas tomadas con un microscopio electrónico de barrido confirmaron que la mayoría de los montones contenían materia vegetal de la especie Datura wrightii. Los análisis en 3D desvelaron que estas fibras se habían roto en patrones que coinciden con la masticación.

La datura, que es mortal en dosis altas y cuya intensidad es difícil de predecir, es muy peligrosa. Pero la planta también puede clasificarse como enteógeno, una sustancia psicoactiva utilizada con fines espirituales, en la misma categoría que la ayahuasca y el peyote. En la cosmología del pueblo chumash, que históricamente consumía la planta durante las ceremonias de iniciación y las búsquedas de visión chamánica, la datura figuraba en una categoría especial de plantas consideradas parientes; se personificaba como una mujer mayor llamada Momoy, cuenta Robinson.

La flor de Datura wrightii se abre por la noche formando un patrón en espiral. Muchos investigadores sospechan que el molinete pintado en la cueva Pinwheel representa una flor de datura.

Fotografía de Elliot Schultz, Alamy Stock Photo

«La datura es mucho más que un alucinógeno», añade Devlin Gandy, coautor del estudio que recibió una beca de National Geographic para jóvenes exploradores en 2014 para estudiar el arte rupestre chumash. «Es un ser sagrado que forma parte de las oraciones, se utiliza para la limpieza y para la sanación».

Las ceremonias con datura, como muchas tradiciones religiosas nativas americanas, fueron reprimidas por décadas de políticas estadounidenses de asimilación forzosa y desplazamiento de sus tierras ancestrales. Muchas prácticas rituales indígenas se prohibieron explícitamente hasta el siglo XX.

«Históricamente, hemos perdido mucho», afirma Sandra Hernandez, portavoz de la tribu tejon, que tiene vínculos con el pueblo chumash y a quien consultaron durante la investigación en la cueva. La tribu no recuperó el reconocimiento federal hasta 2012 y, aunque la datura aún se considera una planta culturalmente importante, los miembros vivos de la tribu no han continuado con su uso ritual.

Hernandez señala que los archivos de la tribu contienen registros que describen una ceremonia en la que la datura se consumía tres veces en el transcurso de unos pocos días. Dice que cuando piensa en ese caso, le impresiona el conocimiento y la pericia que debieron haber hecho falta para ingerir esa cantidad de la planta de forma segura en un periodo breve.

«A veces no tengo palabras para definir la sensación de lo maravilloso que es saber lo inteligentes que eran nuestros ancestros», afirma Hernandez. «Sabíamos cosas porque comulgábamos con los creadores y comulgábamos con la naturaleza».

Dos arcoíris aparecen durante una tormenta a finales de primavera en la sierra de San Emigdio, California, una región de ecología y geología diversas donde se encuentra la cueva Pinwheel.

Fotografía de Devlin Gandy

¿Qué significan las obras de arte?

Podría ser posible saber por qué y en qué condiciones se creó la pintura del molinete. Pero los autores del nuevo estudio creen que las evidencias arqueológicas dentro de la cueva podrían ofrecer pistas sobre el contexto en el que se experimentaba el arte.

«Hay una teoría que sostiene que el arte rupestre de California era obra de chamanes durante retiros privados», afirma Robinson. Por consiguiente, las pinturas representaban las visiones psicodélicas que recibían estos chamanes, que normalmente eran hombres, durante su trance alucinógeno. De este modo, estos sitios de arte rupestre se convertían en lugares de gran poder sobrenatural que el resto de la tribu debía evitar.

A menudo, esta teoría se debe al hecho de que el arte «tiene un aspecto tan surrealista que debió de crearla alguien que estaba colocado», afirma Gandy. «Como persona nativa y arqueólogo, creo que es posible que parte del arte rupestre proceda de los alucinógenos, pero creo que la idea es demasiado exagerada».

Los investigadores no creen que las pruebas de este sitio sugieran que se consumía datura para crear las pinturas. Más bien, han interpretado la pintura del molinete de la cueva como una representación de la flor de datura, una señal de que «este era el lugar donde consumir datura». Los investigadores han interpretado una figura cercana como un insecto —posiblemente un esfíngido, una especie de polilla que se embriaga con el néctar de la datura extraído con su larga probóscide— que quizá fuera un sustituto simbólico del consumidor de datura.

Robinson cree que la densidad de los montones masticados de datura y la cantidad de herramientas y artefactos hallados en el suelo de la cueva directamente bajo la pintura sugieren que este lugar era utilizado por la comunidad, no por un solo chamán. Las fuentes etnográficas indican que los grupos indígenas de la región consumían un té elaborado con raíz de datura machacada llamado toloache durante los rituales de iniciación adolescentes, así que los montones de datura podrían representar una forma no documentada de consumir la sustancia durante una iniciación o en una ceremonia de grupo, como preparación para una actividad, como una expedición de caza.

Boyd, la investigadora de arte rupestre que no participó en el estudio, está de acuerdo en que la imagen del molinete es la de una flor de datura real. «Dicho esto, sospecho que la imagen se corresponde simultáneamente con los fenómenos visuales vividos con un estado mental alterado, que reforzaban la importancia del diseño para quienes visitaban el lugar e ingerían esta planta potente», añade.

Para Hernandez, visitar la cueva y observar las pinturas es «una experiencia completamente individual». Dice que ve la flor de datura cuando observa la imagen del molinete, pero señala que los miembros de su familia no siempre están de acuerdo. Se muestra abierta a varias interpretaciones del sitio como un lugar para una persona que busca orientación espiritual a nivel individual o grupos que participaban en una ceremonia comunal. Sea como fuere, la cueva es un canal para que su tribu descubra su pasado.

«Hay indígenas californianos por todo el estado que tienen estos lugares con mucho que ofrecer en términos de conocimiento ecológico», afirma Hernandez. «Aún nos rodean, esperándonos como pueblo tribal para que aprendamos estas cosas de nuestros ancestros».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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