Tesoros perdidos en el Mediterráneo, la cuna de la arqueología subacuática

El mar Mediterráneo esconde bajo sus aguas siglos de historia de conquistas y rutas comerciales entre los imperios que dominaban sus costas.

Publicado 16 ago 2021 14:18 CEST
Pecio de la Edad de Bronce

Los buceadores de las expediciones arqueológicas submarinas mapean los pecios, que deben ser meticulosamente fotografiados antes de mover ningún objeto, como en esta imagen del yacimiento en Ulu Burun, Turquía.

Fotografía de BILL CURTSINGER

Los restos de un buque de guerra de más de 2200 años y las ruinas de un área funeraria de principios del siglo IV a.C. fueron descubiertos en la ciudad hundida de Heraklion, cerca de Alejandría, Egipto, el pasado mes. Como parte de un proyecto arqueológico del Instituto Europeo de Arqueología Subacuática (IEASM), este gran descubrimiento es el último de tantos  hallazgos que aguardan, como detenidos en el tiempo, bajo la superficie del mar Mediterráneo.

El fondo del mar encierra numerosos secretos sobre la historia de la humanidad. Desvelar los misterios de este museo oculto bajo el agua puede ayudarnos a reconstruir y entender el pasado de las civilizaciones antiguas. La arqueología subacuática nos muestra su origen a través de los vestigios que se encuentran en el océano, convirtiendo estos valiosos pecios en verdaderas cápsulas del tiempo.

El mar Mediterráneo, cuna de la arqueología subacuática, esconde bajo sus aguas siglos de historia de conquistas y rutas comerciales entre los imperios que dominaban sus costas. Su conexión con el Atlántico lleva milenios siendo un lugar de paso de embarcaciones que han surcado nuestras costas desde la Antigüedad. El descubrimiento de América hizo de las aguas que bordean Cádiz un paso obligado hacia el Nuevo Mundo.

España, pionera en arqueología subacuática

Contemplando el mar vemos cómo el hombre ha conquistado la tierra. El Estrecho ha tenido un valor estratégico clave en la historia como enlace entre continentes, convirtiendo el Mediterráneo en el escenario de numerosas batallas navales que dejaron un gran rastro en su fondo marino: barcos hundidos que atesoran miles de historias sobre las culturas de quienes los utilizaron.

A lo largo de los siglos, especialmente desde el año 1492, el imperio español surcó los océanos del mundo explorando y descubriendo nuevas tierras, escribiendo nuestra historia de forma estrechamente ligada a la exploración marítima. Los historiadores afirman que el tráfico marítimo era cuatro veces más importante para las civilizaciones de aquel momento que en la actualidad.

El valor histórico de los restos hallados en el fondo de los océanos no tiene precio: tras 2000 años bajo el mar, una sola pieza de madera puede confirmar o echar por tierra muchos supuestos históricos. Pese a este incalculable valor como Patrimonio Mundial, la arqueología subacuática genera grandes conflictos internacionales por las exorbitantes cantidades de dinero que mueve; como ciencia, esta actividad cuesta millones, pero como negocio a menudo los genera. En esta encrucijada, cazatesoros, arqueólogos y gobiernos se disputan continuamente la propiedad de los tesoros encontrados en el mar.

El expolio histórico submarino

Este fue el motivo de que, en el año 2007, España sufriera uno de los mayores expolios que se conocen, valorado en más de 300 millones de euros. Utilizando tecnologías de la NASA, la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration descubrió cerca de Andalucía el llamado Cisne Negro, un yacimiento del tamaño de 6 campos de fútbol cubierto de monedas que mantienen haber encontrado en aguas internacionales y sin restos de barcos alrededor.

Las denuncias de Pipe Sarmiento, escritor y abogado marítimo, sacaron a la luz lo que hoy se conoce como el caso Odysey.  “Empezamos a ver estos barcos extraños que utilizan los piratas y al descubrirlos despertaron mi interés”, afirmó Sarmiento en declaraciones a RTVE.

Tras una gran investigación, el gobierno español logró probar que se trataba del botín que transportaba el buque Nuestra Señora de las Mercedes, destruido por la armada británica en 1804 cerca de las costas de Cádiz. Su hundimiento fue clave para el inicio de la batalla  Trafalgar que arruinaría el imperio español. Las monedas fueron transportadas al Museo ARQVA de Cartagena, que tardará en restaurar cada una de ellas entre 20 y 25 años.

“La recuperación de los materiales procedentes de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes expoliados constituye el primer caso en el que un tribunal falla a favor de un Estado que reclama la protección de su patrimonio cultural subacuático contra una empresa cazatesoros”, afirmó el gobierno en un comunicado

Tras la polémica despertada por este caso, el gobierno aprobó el Plan Nacional de Patrimonio Subacuático, invirtió en nuevos proyectos para la arqueología submarina y reforzó la ley del patrimonio cultural español, creando entre otras cosas el Libro verde del Plan Nacional de Protección del Patrimonio Cultural Subacuático Español.

Además del emblemático yacimiento de Nuestra Señora de las Mercedes, estudiado internacionalmente y donde se realiza un trabajo a más de 1000 metros de profundidad, España y el mar Mediterráneo cuentan con lugares únicos para el estudio de la historia bajo el mar.

 Mallorca: la cueva de ses Aiguades, única en el mundo

En la bahía mallorquina de la Alcudia se encuentra la cueva de ses Aiguades, que tiene un valor arqueológico incalculable. Sin embargo, aún esconde un misterio al que los investigadores no han podido dar respuesta con certeza, a raíz de que, hace casi 20 años, se encontraran 189 ánforas en el fondo de esta cueva que datan desde la época romana hasta el siglo XIX.

Se sabe que, durante siglos, esta cueva ha tenido una importancia clave en las rutas comerciales que iban desde la península ibérica hasta la península itálica, ya que todos los barcos que seguían esta ruta pasaban por el estrecho de Bonifacio para llegar, entre Córcega y Cerdeña.

“Muchos barcos iban allí a por agua, pero es un misterio por qué hay tantas ánforas allí, se piensa que podrían tener otro tipo de fin, quizá como agua de santuario”, explica Iván Negueruela Martínez, director de ARQVA, en RTVE.

Sin embargo, este hallazgo no solo es importante por el gran número de piezas halladas, sino por la cantidad de interrogantes que plantea. Manel Fumàs, codirector del proyecto de Investigación Arqueológica Subacuática en las Cuevas de Mallorca, explica que se desconoce si accedían  "a través de un pozo vertical, metían las ánforas dentro y las subían con un sistema de poleas, porque estamos hablando de un peso de más de 100 kilos", explica en el Diario de Mallorca. "Si se hiciera otra excavación intentando retirar todas las rocas, seguramente encontraríamos mucho más material, mucho más antiguo y conoceríamos quiénes eran los habitantes más antiguos que utilizaban esta cueva".

Alicante: La mayor concentración de anclas del Mediterráneo

El pasado mes de diciembre, la bahía del Portitxol de Xàbia y l’Illa, uno de los pocos tramos que quedan vírgenes en el litoral valenciano, se convirtió en el punto de mayor concentración de anclas del Mediterráneo tras el hallazgo de más de cien anclas y tres posibles barcos romanos bajo su superficie. A raíz del descubrimiento de esta zona, declarada Bien de Interés Cultural en 2018, se ha arrancado una investigación aún mayor y se ha propuesto crear un museo submarino.

Estos restos constatan que esta zona fue un fondeadero natural desde, al menos, la época fenicia. Los fenicios, pioneros en el comercio entre los pueblos costeros, sentaron las bases de la civilización mediterránea. Tras el estudio de los tres pecios hallados, las investigaciones se centrarán en trata de encontrar algún tipo de santuario fenicio.

Según relata Rafael Azuar Ruiz en la Guía del Patrimonio Arqueológico Subacuático de Alicante, Mallorca y la costa de Levante también se enfrentan a un alto nivel de expolio, sobre todo desde los años 70. Debido a la mejora de las tecnologías, los barcos cazatesoros son capaces de llegar a pecios que no han sido aún descubiertos y los expolian con facilidad.

En algunos países, como la República Dominicana, los cazatesoros llegan a acuerdos con las autoridades defendiendo que, si no encuentran ellos los restos arqueológicos, el gobierno no lo hará por falta de financiación. Sin embargo, el Instituto Europeo de Arqueología Subacuática defiende que la riqueza de un yacimiento arqueológico nunca estará en su carga económica, sino en su valor como patrimonio histórico.

Costa Brava: La bahía de Aiguablava

Entre el golfo de León y la costa española, los vientos soplan con fuerza y las corrientes son contrapuestas, lo que ha creado a lo largo de los siglos un cementerio marítimo bajo sus aguas. Para protegerse de las tormentas, a menudo los marineros entraban a las bahías, pero si las tormentas no amainaban, las tripulaciones lanzaban las mercancías como medida extrema para poder seguir navegando. Por ello, el fondo de algunas bahías está lleno de vajillas y herramientas.

Entre ellas, una de las más célebres es la bahía de Aiguablava, en la Costa Brava. Según investigaciones del Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC), en esta zona se han encontrado los restos de tres pecios de la época romana, datados entre el siglo II y finales del siglo I a.C. Los arqueólogos han podido rescatar ánforas procedentes de Italia y otras de vino de la costa catalana, ánforas de la Bética para conservar aceite y salazones, clavos de hierro y un cesto en muy buen estado.

Más allá de nuestras fronteras, adentrándonos en aguas del Mediterráneo, la riqueza arquitectónica también bulle en cada rincón. El pasado mes de junio, el arqueólogo Mate Parica, de la Universidad de Zadar, encontró un asentamiento isleño de 6000 años de antigüedad frente a la costa croata. Otro ejemplo más de la abundante riqueza arqueológica que se esconde bajo el Mediterráneo.

Hacia el futuro de la arqueología subacuática

España, junto a Europa, se encuentran a la vanguardia de la arqueología de profundidad con las tecnologías más pioneras de recuperación de patrimonio. El Instituto Español de Oceanografía, la Unidad de Tecnología Marítima del CSIC y el Museo Nacional unieron sus tecnologías para lograr ser pioneros en la ciencia arqueológica con un gran reconocimiento internacional.

Todo vestigio recuperado del fondo del mar tiene para los arqueólogos el mismo valor: el de conocimiento histórico. La vigilancia de los estados, la firma mundial de la Convención Mundial sobre protección de Patrimonio Subacuático es la única protección que puede salvaguardar estos tesoros históricos de incalculable valor.  Mientras no lo firmen todos los países, no habrá leyes a nivel internacional que puedan prohibir la comercialización del patrimonio mundial y serán los intereses económicos los que pongan la balanza a favor del expolio o la investigación de la arqueología subacuática.

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