Historia

La teoría de la infidelidad de Albert Einstein

Para el físico, la monogamia era una «fruta amarga».

Por Patrick J. Kiger

Durante los años, Einstein detalló en sus cartas la complicada opinión que había desarrollado sobre las relaciones entre hombres y mujeres.

En una carta de junio de 1953, Albert Einstein trató de consolar a una amiga que había descubierto que su marido la engañaba aconsejándoleque evitase tomárselo como algo personal. El engaño, como explicaba, era la norma entre los humanos.

«Estoy seguro de que sabes que la mayoría de los hombres (y un gran número de mujeres) no están dotados para la monogamia por naturaleza», escribió, según una traducción de la carta original alemana publicada décadas más tarde. «La naturaleza supera siempre a la convención, y las circunstancias colocan obstáculos en el camino del individuo».

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Este era un tema del que el propio físico sabía algo gracias a su experiencia personal. El propio Einstein había sido infiel a su primera mujer, Mileva Maric, y finalmente la dejó para casarse con su amante, Elsa Einstein, quien también era su prima. Tras divorciarse de Mileva y casarse con Elsa, pronto empezó a tener deslices con otras tantas mujeres.

«Hay que tener en cuenta que en la Europa del momento, tratándose de un hombre aplicado y carismático, ese comportamiento no era tan inusual», explicó el físico de Harvard e historiador de ciencia Gerald Holton a la revista Discover en 2006.

Aunque lo que sí era extraordinario erala franqueza de Einstein acerca de su «atención dispersa», así como su hábil construcción de un código moral con matizaciones en el que la infidelidad podía encajar cómodamente. Como detalló en sus cartas, Einstein había desarrollado con los años una opinión complicada acerca de las relaciones entre hombres y mujeres.

Para empezar, a Einstein no le gustaba mucho la idea del matrimonio. Él y su primera mujer, Mileva, habían vivido juntos y concebido un hijo antes de casarse. Como señala el biógrafo de Einstein, Walter Isaacson, tras la separación de la pareja, Einstein tampoco tuvo ninguna prisa por poner fin a su enlace legalmente para casarse con Elsa, su amante. Como escribió en una carta de 1951: «Los intentos de forzarme a casarme vienen de los padres de mi prima y se atribuyen principalmente a la vanidad, aunque el prejuicio moral, que está todavía muy vivo en la generación anterior, también juega un papel».

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Finalmente, Einstein cedió y consiguió divorciarse de Mileva para poder recitar los votos junto con su prima. Según Isaacson, Einstein le dijo a la que pronto sería su exmujer que estaba preocupado por la reputación de las dos hijas mayores de Elsa se viera dañada por los rumores acerca de la relación de su madre con Einstein.

En su lugar, Einstein parecía preferir lo que hoy llamaríamos amor libre.

Tras casarse con Elsa, comenzó una apasionada aventura con su secretaria, Betty Neumann, y en algunas cartas incluso fantaseaba con que viviera con él y con Elsa en una gran casa. Cuando su amante descartó la idea, el físico admitió que ella sabía más acerca de «las dificultades de la geometría del triángulo que yo».

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En una carta que Einstein escribió a Elsa (quien había descubierto que tenía una aventura con una de sus amigas, Ethel Michanowski, miembro de la alta sociedad de Berlín), Einstein le explicaba  que «uno debe hacer aquello con lo que disfruta y no hacer daño a nadie más».

Einstein simplemente veía sus deslices como aventuras informales que no interferían con lo que sentía por su esposa. «De todas las mujeres, el hecho es que solo siento apego por la señorita L., quien es absolutamente inofensiva y decente, y ni siquiera esto supone un peligro para el orden mundial divino», escribió en una carta en la década de 1930 a la hija de Elsa, Margot, en quien confiaba para hacer que Elsa no se enfadara por este asunto. Según su biógrafo Isaacson, «la señorita L.» era una mujer austriaca, Margarete Lebach, con quien Einstein tenía una aventura extramatrimonial.

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Asimismo, Einstein le dijo a su amiga (aquella cuyo marido era infiel) que la gente tenía un deseo natural por tener amoríos y no era nada bueno resistirse al impulso de hacerlo. Cuando un hombre se fuerza a seguir siendo monógamo, «es como una fruta amarga para todos los implicados», pensaba.

Pero esta fuerte tendencia humana traía una carga, según escribió Einstein. Normalmente resultaba en un hombre atrapado entre dos mujeres que eran hostiles entre ellas por su culpa. «Para una persona de bien, no existe ninguna solución satisfactoria a este problema»¸ escribió.

No queda claro si esa «persona de bien» de Einstein se refería al marido infiel o a la mujer afectada. Pero para ambos, según la visión de Einstein, no era la propia infidelidad la que suponía una prueba para el carácter, sino cómo cada uno de ellos se comportaba con el otro como resultado. Si un marido trataba a su esposa de manera decente de otra forma, ella debería tolerar su adulterio. «Deberías poder responder a sus pecados con una sonrisa y no convertirlo en un motivo de guerra», escribió.

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En opinión de Einstein, la decencia incluía la discreción sobre las aventuras, aunque el propio Einstein no era particularmente discreto sobre sus romances. En su carta a Elsa acerca de su aventura con Ethel Michanowski, elogiaba a la «señorita M.» porque ella no había hecho daño a Elsa confesándole su relación. «No te dijo ni una palabra», escribió el físico, «¿Acaso no es eso irreprochable?».

Einstein claramente disfrutaba de la compañía de las mujeres, pero su actitud casual sobre las relaciones podría tener algo que ver con su propia incomodidad con los sentimientos más profundos. «Al confrontar las necesidades emocionales de los demás», escribió Isaacson en su biografía, «Einstein tendía a retirarse a la objetividad de su ciencia».

Al mismo tiempo, la aversión de este gran científico por la monogamia podría haber entrañado un coste. Cuando su mejor amigo de la universidad, Michele Besso, murió, Einstein le dijo al hijo de Besso: «Lo que admiro en tu padre es que, durante toda su vida, se quedó siempre con una mujer. Ese es un proyecto en el que he fracasado estrepitosamente, dos veces».

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