Historia

¿Quiénes fueron las momias de los pantanos? Nuevos descubrimientos sorprendentes

Las investigaciones en marcha sugieren que al menos dos cuerpos de 2000 años de antigüedad habían sido viajeros antes de sus muertes.

Por Christine Dell'Amore, National Geographic

Arrojados a humedales del norte de Europa, los cuerpos de la ciénaga han sido durante mucho tiempo tan opacos para los arqueólogos como las aguas oscuras de sus tumbas. Pero han aparecido nuevos indicios acerca del misterio centenario de sus orígenes.

Tan solo en Dinamarca han aparecido más de 500 cuerpos de la edad de hierro en las ciénagas, datados entre el 800 a.C. y el 200 d.C., encontrándose más en Alemania, Holanda, Reino Unido e Irlanda.

Gran parte de la piel, el pelo, la ropa y el contenido del estómago de los cuerpos se ha conservado asombrosamente bien gracias a las condiciones ácidas y pobres en oxígeno de la turba en las ciénagas, que se han formado por acumulación de capas de musgo muerto.

El Hombre de Tollud, sin ir más lejos, encontrado en 1950 en la península de Jutlandia en Dinamarca, y posiblemente la momia de pantano más conocida del mundo, todavía conserva “la barba de tres días". "Tienes la sensación de que abrirá los ojos y te hablará. Es algo que ni tan siquiera Tutankamón puede hacerte sentir”, dijo Karin Margarita Frei, investigadora que estudia los cuerpos de la ciénaga en el Museo Nacional de Dinamarca.

En Dinamarca, unos 30 de estos cuerpos momificados de forma natural se conservan en museos, donde los científicos llevan décadas trabajando para descubrir quiénes eran esas personas y cuáles fueron las causas de su muerte.

Como algunos muestran heridas terribles, tales como gargantas cortadas, y fueron enterrados en lugar de cremados, como la mayoría de individuos de sus comunidades, los científicos han sugerido que los cuerpos habían sido sacrificados por ser criminales, esclavos, o simples plebeyos. El historiador romano Tácito fue el primero en extender esa idea en el siglo I d.C. al sugerir que eran desertores y criminales.

Pero las investigaciones en curso están mostrando una dimensión totalmente nueva: en vida, esas personas de la ciénaga podrían haber sido, por el contrario, miembros especiales de sus comunidades, las cuales en la Edad de Hierro estaban ampliamente diseminadas por toda Dinamarca.

Nuevos análisis químicos aplicados en dos de los cuerpos de la ciénaga daneses, la Mujer de Huldremose y la Mujer de Haraldskaer, muestran que habían viajado largas distancias antes de sus muertes. Es más, algunas de sus ropas habían sido confeccionadas en tierras extranjeras y son mucho más elaboradas de lo que antes se pensaba.

“Sacrificas algo que es significativo y que tiene mucho valor. Así que puede que la gente que viajaba fuese de gran valor,” le contó Frei a National Geographic en el Euroscience Open Forum de Copenhague.

¿Una puerta a lo sobrenatural?

Si nos remontamos hasta el periodo neolítico hace 6.000 años, para los europeos las ciénagas eran tanto fuentes de recursos como posiblemente unas ominosas puertas hacia lo sobrenatural, de acuerdo con Ulla Mannering, experta en textiles antiguos del Museo Nacional de Dinamarca.

La turba de la ciénaga, que podía quemarse para calentar las casas, era valiosa en Dinamarca, donde los árboles eran escasos, y un mineral llamado "hierro de la ciénaga" se utilizaba para fabricar armas y herramientas.

Para la gente de la prehistoria, “cuando tomas algo, también tienes que ofrecer algo”, dice Mannering.

Este puede ser el motivo por el cual los pobladores daneses depositarían “regalos” consistentes en ropa, zapatos viejos, sacrificios de animales, armas usadas en batallas y, a lo largo de un periodo de 500 años, personas, en el oscuro abismo de las ciénagas.

Las culturas danesas de la edad de hierro no dejaron testimonios escritos, así que sus creencias religiosas son desconocidas, destaca Mannering.

“Una dama muy elegante”

Cundo los recolectores de turba empezaron a desenterrar accidentalmente cuerpos de la ciénaga entre mediados y finales del siglo XIX, muchos aparecieron sin ropa, reforzando la opinión de que se trataba de gente de poca importancia, dijo Freid.

El Hombre de Tollud, sin ir más lejos, fue encontrado con un cinturón pero sin ropa. “No tiene sentido estar desnudo y llevar un cinturón,” puntualizó Frei.

Frei se preguntó entonces si era posible que algunas de las ropas de los cuerpos de la ciénaga se hubiesen disuelto con el paso de los siglos. Así que decidió examinar a la Mujer de Huldremose, una momia descubierta en 1897 que vestía una falda de cuadros y una bufanda, ambas confeccionadas con lana de oveja, y dos capas de cuero.

Utilizando microscopios, descubrió que unas minúsculas fibras vegetales estaban incrustadas en la piel de la mujer de 2.300 años: residuos de la antigua ropa interior, cuyos análisis posteriores revelaron que estaba hecha de lino.

A continuación, Frei llevó a cabo un análisis pionero en su campo del isótopo de estroncio presente en las fibras de lino y lana de la falda y la bufanda.

Los investigadores analizaron los isótopos, o diferentes variaciones de átomos del estroncio presente en las fibras de lino y lana. Esos átomos aportan luz sobre la geología de la zona donde vivieron las plantas y las ovejas.

Los resultados muestran que las fibras vegetales procedentes de los hilos de la ropa interior proceden de tierras geológicamente más antiguas que las de Dinamarca, tales como las tierras del norte de Escandinavia, como por ejemplo Noruega o Suecia. Esto sugirie que la Mujer de Huldremose podría haber llegado de alguna otra parte, de acuerdo con la investigación publicada en el 2009 en el Journal of Archaeological Science.

Frei también analizó los isótopos de estroncio en la piel de la Mujer de Huldremose. Los humanos absorben estroncio a través de la comida y el agua, y está presente especialmente en nuestros dientes y en nuestros huesos, aunque muchos de los cuerpos de la ciénaga han sido encontrados sin dientes y sin huesos debido a las condiciones de acidez.

El estudio reveló que el cuerpo de la Mujer de Huldremose contenía átomos de estroncio procedentes de lugares fuera de Dinamarca, dando a entender que había viajado por el extranjero antes de terminar en la ciénaga.

Otro estudio publicado por Mannering en 2009 mostraba que las ropas de lana de la Mujer de Huldremose –coloreadas de marrón por la ciénaga– en origen eran azules y rojas: la ropa teñida es un signo de  riqueza, explica. Mannering y sus colegas también encontraron una rugosidad en un dedo de la Mujer de Huldremose que podría indicar que llegó a portar un anillo de oro antes de que este se hubiese desintegrado en la ciénaga.

“Primero pensamos que se debía de tratar de una bruja; ahora creemos que se trata de una mujer de estatus muy elevado con joyas lujosas y caros vestidos y ropa interior”, dijo Frei.

“Se había pasado por alto la riqueza de recursos presente en esos textiles y en la piel”, añadió Mannering.

Aún hay más: el estudio muestra que las culturas de comienzos de la Edad de Hierro en los siglos tanto anteriores como posteriores a Cristo, estaban más interconectadas de lo que creíamos, según Frei.

Por ejemplo, se podía comerciar con la lana y las fibras vegetales o comprarlas como materiales en bruto para los textiles de forma más habitual y a lo largo de mayores distancias de lo que se asumía con anterioridad, de acuerdo con las investigaciones de Frei.

“Se veía este periodo como uno en el que la sociedad era muy cerrada, con poco comercio con el mundo exterior”, comenta ella. “De repente lo pudimos ver. Sí, ahí estaba”.

Lotte Hedeager, experta en arqueología de la edad de hierro de la Universidad de Oslo en Noruega, se mostró de acuerdo, destacando que “estos resultados requieren que volvamos a pensar” sobre las comunicaciones y el comercio entra las culturas del norte de Europa a comienzos de la Edad de Hierro.

El pelo es la clave

Partiendo de los descubrimientos realizados sobre la Mujer de Huldremose, Frei y sus colegas quieren ver si otros cuerpos también pertenecen a extranjeros.

Así que han puesto su atención en la Mujer de Haraldskaer, un cuerpo de ciénaga conservado en el museo Vejle en Dinamarca, encontrado en 1835 y que en un principio se creía que pertenecía a la reina noruega Gunhild.

Nuevos avances en la tecnología de detección de los isótopos de estroncio hacen posible detectar el estroncio en el pelo humano, lo que puede mostrar dónde ha vivido una persona en los últimos años de su vida. Ya que el pelo crece lentamente, analizar los átomos de estroncio en la raíz y compararlo con el final del pelo de una persona puede revelar movimientos geográficos.

Cuanto más largo sea el pelo, mayor es el registro de sus movimientos, lo que hace de la Mujer de Haraldskaer, con su pelo de 50 centímetros de longitud, el sujeto perfecto.

Los emocionantes resultados preliminares del análisis, todavía sin publicar, van en la línea de lo descubierto en la Mujer de Huldremose. La Mujer de Haraldskaer había vivido lejos antes de su muerte. Los científicos también están examinando sus ropas, las cuales proceden de otro lugar.

“El ADN no te puede contar esas cosas – puede decirte el acervo genético, pero (no) donde has nacido, donde ha transcurrido tu infancia, donde has pasado los últimos días de tu vida”, dice Frei.

Frei y sus colegas ahora están llevando a cabo análisis de isótopos de estroncio en la piel del Hombre de Tollund para ver donde había estado antes de su muerte.

Extranjeros geográficos

Otros expertos coinciden en que el estudio indica que los cuerpos de la ciénaga pertenecen a gente considerada especial en sus aldeas.

Para Heather Gill-Frerking, una estudiosa de las momias de la empresa American Exhibitions que organiza exposiciones en museos, los nuevos descubrimientos son “pruebas realmente buenas” para su teoría de que los cuerpos de la ciénaga son lo que ella llama “extranjeros geográficos”, gente que puede haberse casado en la comunidad danesa, o que ha estado realizando trabajos de aprendizaje en el extranjero.

Gill-Frerking lleva años sugiriendo que los cuerpos de la ciénaga no eran resultado de algún ritual religioso, sino que se trataba de extranjeros arrojados en la ciénaga.

Estas personas puede que no hayan sido incineradas como el resto porque todavía no habían sido asimiladas por sus comunidades, o puede que las comunidades no estuviesen al tanto de las costumbres de enterramiento de las personas fallecidas. Dijo que los cuerpos de la ciénaga probablemente fueron enterrados tras fallecer por causas naturales.

“Creo firmemente que puede haber múltiples interpretaciones para los cuerpos de la ciénaga, no solo (de que se trate de) rituales”, comentó.

Si Frei continúa encontrando pruebas de que aquellos enterrados en ciénagas habían viajado antes de su muerte, “tendremos que revisar al detalle la teoría del ritual y comenzar a mirar a los cuerpos de forma individual”.

El secreto de las ciénagas

Niels Lynnerup, antropólogo forense de la Universidad de Copenhague ha estudiado los cuerpos y cree que fueron sacrificados, pero el enigma, ha dicho, es el por qué.

El nuevo descubrimiento de que al menos uno de los cuerpos pertenece a un extranjero, dice, “desde luego se suma al debate sobre quiénes fueron esas personas sacrificadas”.

De hecho, Lynnerup ha sugerido que quizás tuviesen un estatus especial por haber venido de fuera o por tratarse de rehenes de incursiones y saqueos en otros lugares.

También es posible que, como ha sido el caso de algunos sacrificios incas, la persona considerase un honor ser elegida y fuese a la ciénaga voluntariamente.

“La nueva información disponible de que al menos uno de ellos no era un local es muy importante, y será muy interesante ver si ese patrón se repite”.

En general, los arqueólogos se han dado cuenta de que siempre habrá más preguntas que respuestas en lo que concierne a los cuerpos de la ciénaga.

Hedeager, de la Universidad de Oslo añadió: “nunca seremos capaces de saber cuál era la percepción de la vida y la muerte de esos individuos de hace 2.000 años”.

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