Historia

¿Se parecían los tiranosaurios reales a los de Parque Jurásico?

El verdadero Tiranosaurio Rex podría llegar a ser más temible que los de las películas.

Por Brian Switek, para National Geographic News

No hay dinosaurio más querido -y temido- que el Tyrannosaurus rex. El rey cretáceo de los dinosaurios personifica el tamaño, la ferocidad, y una extraña naturaleza que nos sigue encantando. Estamos tan prendados del T. rex que lo resucitamos cada vez que podemos gracias al arte y al cine.

Tal vez ninguna restauración del gran carnívoro haya sido tan influyente como el tirano producto de la ingeniería genética que siembra el terror en Parque Jurásico, que ha sido relanzada en 3D. Devuelto a la vida a través de efectos especiales por ordenador y marionetas, el T. rex de la película es un depredador ágil y musculado, mucho más imponente que los tambaleantes ejemplares que arrastraban su cola en representaciones cinematográficas anteriores.

"Es difícil elegir un solo descubrimiento sobre el Tyrannosaurus rex entre los más conocidos en los últimos 20 años", dice el experto en tiranosaurios, Thomas R. Holtz Jr., de la Universidad de Maryland. Los paleontólogos han empezado a entender lo mucho que ha cambiado el T. rex a medida que crecía y se volvía adulto. Asimismo, han conseguido desentrañar la "CPU neuronal y los sensores de esta máquina de matar" que convertía al T. rex en un animal tan temido, explica Holtz.

¡Cuidado con las fauces!

De todos los rasgos del dinosaurio, son las fauces del T. rex las que probablemente hayan inspirado la mayoría de las pesadillas y gran parte de la ciencia de vanguardia. El profundo cráneo reforzado del depredador se estableció con una serie de gruesos dientes de sierra, que se desarrollaron para perforar y cortar simultáneamente.

El T. rex de Parque Jurásico nos muestra esa impresionante gama de cuchillas dentales cuando se encuentra con el desafortunado abogado Donald Gennaro y a un Gallimimus que huye, así como a un par de raptores en el momento de clímax de la película, pero el depredador tenía una mordedura aún más formidable de lo que la película ha retratado. El año pasado, los investigadores Karl Bates y Peter Falkingham anunciaron que un T. rex adulto tenía una fuerza de mordida de casi 5.800 libras, una mordedura más poderosa que la de cualquier depredador terrestre.

Sin embargo, el poder destructivo del T. rex no sólo residía en sus mandíbulas. Los músculos del cuello del dinosaurio jugaron un papel importante en la capacidad del carnívoro para zarandear, lanzar, matar y consumir presas.

Mordedura mortal

El T. rex no usaba sus dientes y mandíbulas sólo para perforar la carne y triturar los huesos de sus presas. Los tiranosaurios también se mordían entre sí. Las heridas cicatrizadas en los cráneos de tiranosaurios, tales como el del T. rex adolescente apodado Jane, aseguran que sería un espectáculo ver a estos terópodos forcejear por morderse uno al otro en la cara. La lucha con los brazos no era una alternativa, al parecer, aunque a pesar de ser pequeños eran muy musculosos y fuertes para su tamaño.

Este comportamiento prehistórico podría explicar por qué algunos de los carnívoros más grandes de todos los tiempos fueron finalmente asesinados por organismos mucho más pequeños. Las mandíbulas inferiores de muchos T. rex están marcadas por agujeros . Algunos investigadores pensaron que se trataba de heridas por mordedura de ataques fatales de sus rivales, pero en 2009, Ewan Wolff y sus colegas propusieron que estas lesiones fueron creadas por diminutos microorganismos que causaban el mismo tipo de daños en las aves de presa. Los protozoos infestan el tracto digestivo superior de los pájaros, creando úlceras y lesiones antes de llegar al hueso. Estos plumosos raptores recibían sin saberlo a los diminutos polizontes mediante el consumo de las aves afectadas.

Gracias a los huesos de los dientes dañados, los investigadores también saben que los tiranosaurios practicaron el canibalismo entre sí, y podrían haberse contagiado parásitos de esa manera. Independientemente de la vía, parecería que la mordedura de un tiranosaurio no era mortal sólo para sus presas, sino también para los otros tiranosaurios.

Temible, pero no rápido

Incluso cuando los paleontólogos reducen las capacidades del T. rex, el dinosaurio todavía parece aterrador. Una de las escenas más famosas de Parque Jurásico es la persecución del jeep, con un T. rex que casi se está haciendo un bocadillo con el teórico del caos Ian Malcolm. ¿Podría el T. rex correr lo suficientemente rápido como para seguir el ritmo de un coche en marcha? El trabajo del investigador John Hutchinson y sus colegas sugiere que no.

Por un lado, el T. rex de la película no se está moviendo realmente muy rápido. El jeep que se escapa parece moverse a 60 kilómetros por hora o más, como Hutchinson explica en la página web de su laboratorio, pero el movimiento de los dinosaurios sugiere que siempre han de tener un pie en el suelo, con lo que el T. rex se estaría moviendo a sólo unos 15 o 20 kilómetros por hora. Esto se ajusta a lo que el esqueleto del dinosaurio sugiere acerca de su velocidad. Según los cálculos de Hutchinson, el T. rex caminaría a cerca de 9 kilómetros por hora y correría a entre 30 y 40 kilómetros por hora. Una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora puede parecer escasa, pero los únicos seres humanos capaces de superarla son los atletas olímpicos altamente capacitados. Si tuviéramos la mala suerte de ser sorprendidos por un T. rex a la intemperie, no tendríamos ninguna oportunidad de aventajar al gran carnívoro.

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